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Nadie se puede sorprender de los actores de la definición. Se repite el enfrentamiento de 2006, entre los dos seleccionados provinciales más poderosos del país, y la incógnita por develar es la misma: ¿prevalecerá el poder de Buenos Aires? o ¿alcanzará el fervor de Tucumán para doblegar a un rival superior? Sea cual fuere el resultado, la realidad es evidente: el combinado bonaerense, por historia, atributos, posibilidades, etc., tiene condiciones que nadie más posee. Y La Naranja , pese al profundo recambio de hombres, es el único equipo que logró preservar su solvencia. Por eso, hoy, desde las 21.10, La Caldera del Parque 9 de Julio , tal como se conoce a la cancha de Tucumán Lawn Tennis Club, será un hervidero con este choque de potencias, en la final del 63° Campeonato Argentino.
Bonaerenses, los defensores de la corona, y tucumanos disputaron una decena de finales, y la estadística es ampliamente favorable a los últimos campeones: ocho victorias. Pero lo curioso es que las únicas dos veces que se realizó el cotejo decisivo en el Jardín de la República, ganaron los anfitriones: en 1985, por 13-9 y en 1988, por 25-10. Ambos llegan invictos, y el año último, en Hindú, las Aguilas recuperaron el título al triunfar por 34-10.
Buenos Aires es el conjunto más goleador (198 puntos), el máximo anotador de tries (28) y el que menos recibió (3). Eso marca un signo de su potencial, pero también es notable la diferencia estructural, pues la mayoría de los titulares forman parte del plan de preparación física del seleccionado nacional, y eso se nota dentro de la cancha. Excepto en el debut ante Rosario, éxito por 26-6, en los segundos tiempos siempre apabulló a sus adversarios: San Juan (49-7), Córdoba (60-15) y Santa Fe (63-12).
También es cierto que los tucumanos históricamente han sido un duro escollo, y es el adversario más complicado con el que se pueden encontrar, mucho más porque como dueños de casa se hacen más fuertes aún. El camino de La Naranja , en cambio, fue más costoso, sólo tuvo tranquilidad en la victoria ante Cuyo (34-0); los demás desafíos los pasó con bastante esfuerzo: Salta (18-13), Santa Fe (23-18) y Córdoba (20-9).
"Es una final muy dura. Sabemos que nos enfrentamos ante un gran equipo, que viene ganando por goleada, pero creemos en el juego y en lo que puede dar Tucumán", expresó Ricardo Le Fort, técnico de la selección norteña. Los dos se respetan; porque se conocen bien, y porque para ninguno será una prueba accesible. Lo saben. "Es la final soñada. Dudo mucho de que se dé un resultado holgado, más jugando allá. Creo que van a cerrar el juego, y el que logre ganar la primera pulseada del pack, tiene buenas posibilidades de ganar", indicó Pablo Gambarini, hooker de las Aguilas , pero oriundo de Tucumán (se inició en Universitario y de chico pasó al CASI). En definitiva, Tucumán-Buenos Aires, la mejor propuesta que puede ofrecer el rugby nacional.

