

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.


BURTON-UPON-TRENT, Gran Bretaña.– Tercera línea reconvertido en hooker, platense, pincharrata, de aspecto maorí y apellido de origen irlandés, Agustín Creevy es un muy buen capitán para esta nueva era que han emprendido los Pumas. El partido de cuartos de final, el que ya está en el horizonte y el que él mismo considera "el partido", marcará si lo traslada a la historia grande del seleccionado argentino. Pero pase lo que pase el 18 de octubre en el Millennium de Cardiff, con Irlanda o con Francia, el hombre designado por Daniel Hourcade quebró con ciertas leyes no escritas.
Creevy no es aquel capitán del estilo de Agustín Pichot, que controlaba todo, ni de los que vinieron después, que prefirieron el "todo puertas para adentro". No hay misterios en quien también liderará la franquicia del Súper Rugby. El clima en estos dos últimos años en el seleccionado es evidentemente más relajado, y mucho tiene que ver él y, también, Hourcade. La imagen de ayer en el hotel del St.George’s Park lo demostró: ambos mantuvieron una larga y amena charla con los periodistas argentinos, sin eludir ningún tema.
Esa distensión bien entendida se traslada al grupo. Si bien se mantienen algunos "códigos" de otras épocas no tan lejanas, este plantel se muestra alegre y respetuoso sin tapujo alguno. A veces hasta parece en exceso y ahí es donde más deberá trabajar el capitán en esta etapa decisiva que incluye el test del domingo con Namibia. Ayer Hourcade reconoció que no se siente tranquilo con lo que ha dado el equipo hasta ahora, y que no tiene dudas de que el problema es mental. Y como cree que no es necesaria una ayuda de un especialista en el tema, entrenador y capitán tendrán que extremar la concentración para lo que viene.
Creevy tiene una gran virtud: la autocrítica. En noviembre, después de haber jugado sin estar al 100 por ciento físicamente con Escocia, reconoció que nunca más volvería a hacerlo. Sin doble discurso ni ver segundas intenciones cuando se le preguntó si no se había equivocado. También ahora. No está del todo conforme con lo que ha jugado el equipo. Y lo dice. También archivó el "vamos partido a partido" para afirmar, sin vueltas, que sueña con ser campeón del mundo y que "este equipo no tiene techo".
Se ríe cuando habla de las cábalas que vienen de su sangre de Estudiantes de La Plata y se pone serio cuando dice que a la hora de entrenar "no se jode". También rompió con una tradición iniciada en 1965, cuando en Sudáfrica se instauró que el capitán duerme solo en las giras. "Yo no me siento bien solo, así que comparto la habitación". Y no pasa nada.
Viene a donde están los periodistas, no elige con quién dialogar, saluda a todos uno por uno, habla de redes sociales como del juego; de las costumbres de los más chicos como de su decisión de no intervenir en la conformación del equipo; de que le salió un herpes por los nervios antes del partido con Georgia como de los problemas en el scrum. No hay misterios. Es un buen mensaje el que da Creevy.
Después, claro, está lo que pasa en la cancha. Ahí adentro tuvo notables progresos. Algunos se animan a considerarlo entre los mejores hookers del mundo. Superó el lanzamiento en el line y sigue siendo un formidable pescador, indispensable en ese rubro para cualquier equipo. Hizo un master de liderazgo en la gira de noviembre y, especialmente, en la victoria ante Francia, en París.
Ahora le queda por delante la prueba más crucial. Manejar las ansiedades y el control que el equipo debe tener hasta el domingo 18. Creevy ya impuso un nuevo estilo de capitán. Bienvenido. Pero la historia grande le terminará de abrir o cerrar la puerta en los 80 minutos en el Millennium.



