El legado de ese 7 bravo

Jorge Búsico
Jorge Búsico PARA LA NACION
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2 de diciembre de 2015  • 21:43

Para entender lo que significa el respeto a una leyenda y cómo se mide el verdadero sentido de identidad por una camiseta, la mejor respuesta se la puede encontrar ingresando en YouTube y escribiendo en el buscador: "Jonah Lomu’s former teammates and fans perform an emocional final haka". Son 8m35s conmovedores. En el Eden Park de Auckland, el templo rugbístico de Nueva Zelanda, unos 40 ex compañeros de los All Blacks, todos ellos glorias, más hinchas y empleados, inmortalizan el haka para despedir a Jonah Lomu, cuyo féretro es llevado como si fuese un maul o un scrum por actuales All Blacks. Es la síntesis perfecta de porqué Nueva Zelanda es lo que es en el rugby. Es algo que nace mucho antes de pasarse bien la pelota, porque pasarse bien la pelota no es lo más importante en la esencia del rugby.

Richie McCaw fue uno de los tantos herederos y luego hacedores de esa cultura All Black, que desde hace una década domina el rugby de alto nivel a su antojo. El día de su debut en el seleccionado mayor de Nueva Zelanda, el 18 de noviembre de 2001, tuvo a su lado a Lomu. Esa tarde en Dublin, en el viejo Landsdown Road de madera, los All Blacks vencieron a Irlanda por 40-29. McCaw tenía sólo 20 años y 17 partidos en la liga neozelandesa y fue designado The Man of the Match. Lomu hizo un try. El diario británico The Guardian tituló que Lomu y sus chicos habían pasado por arriba a los irlandeses.

Dos semanas después, Lomu y sus chicos, entre ellos McCaw, llegaron a una Argentina en llamas en tiempos de "Corralito". Los All Blacks fueron sometidos por los Pumas en un estadio de River colmado como nunca en la historia del rugby argentino. Pero los de Negro ganaron con un try en la última pelota. Ese test del 1º de diciembre de 2001 fue uno de los últimos de Lomu y, con los primeros pasos de McCaw, los All Blacks comenzaron a profundizar una crisis de identidad y de juego que había arrancado con la clamorosa eliminación a manos de Francia en las semifinales del Mundial 1999 (el impacto fue tal que hasta tembló el primer ministro del país), siguió con un pálido paso por Australia 2003 y se transformó en pesadilla cuando otra vez Francia, pero en los cuartos de final, los dejó afuera en 2007.

McCaw fue el capitán de aquel equipo dirigido por Graham Henry. Los dirigentes del rugby neozelandés optaron en ese entonces por un camino diferente al que acaban de tomar los ingleses. Mantuvieron las cabezas del grupo, pero iniciaron una reconstrucción volviendo a las bases. McCaw fue uno de los ingenieros. Lo que siguió es sabido: dos títulos mundiales consecutivos.

Sus números son como los de Messi o Federer: asombrosos. Es el único en haber levantado dos copas del mundo, 7 Tri Nations

Rugby Championship y 10 Bledisloe Cup. Su récord es del 89% de tests ganados. En Nueva Zelanda perdió sólo 2 de 61. Y disputó 148 tests (97 éxitos), siendo capitán en 110. ¿Ha sido favorecido por los árbitros? Sí. ¿Entraba por los costados en los rucks? Es verdad. Pero eso no opaca su leyenda. Es el más grande de los últimos tiempos y quizá de la historia. Se lo extrañará a ese 7 bravo que dejó bien alto el respeto y el legado de la identidad de los All Blacks.

jt

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