El renacer de Arbizu

El ex capitán de la selección confesó que, a los 32 años, la adversidad provocó el alumbramiento de un hombre nuevo; volverá a jugar mañana, en un amistoso de su flamante club francés, Aviron Bayonnais, a casi once meses de la grave lesión en la rodilla derecha, que le impidió ir al Mundial de Australia
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30 de julio de 2004  

Hubo tanto sufrimiento que sintió la necesidad de expresarlo, como recurso para descomprimir la angustia. En la búsqueda del desahogo coincidió con el talento de su amigo Bony Bullrich, un artista plástico. Este supo interpretar esa revolución interior y, tomando como referencia una obra de Salvador Dalí –“Niño geopolítico mirando el nacimiento del hombre nuevo”, realizado entre 1940 y 1948–, mudó al arte las conmovedoras vivencias de Lisandro Arbizu, el centro de los Pumas.

El surrealismo del genio catalán sirvió de inspiración y así el muro principal del departamento que el ex capitán del seleccionado posee en la calle Dorrego, construido dentro de un viejo silo y revestido todo con chapa, fue utilizado como vidriera de la transformación. “Esta pintura resume lo que me pasó. Muestra el nacimiento de un hombre nuevo; al romperse el cascarón cae una gran gota de sangre, que es el símbolo de todo lo que sufrí”, narra Arbizu al explicar las diferencias con la creación de Dalí. Los toques personales más dominantes son el sol de fuego –semejante al tatuaje en su nuca– que contornea el huevo, los ojos –de testigos sorprendidos– en las rocas desperdigadas y el camino que se va haciendo la sangre por la pared.

La vida transcurría con normalidad, pero de repente el encadenamiento de golpes empujaron a Arbizu hacia la incertidumbre, pero su fortaleza lo mantuvo en pie. “Se dio algo rarísimo. Lo que me pasó forma parte de mí historia... iba todo bien, pero aparecieron las malas y el destino quedó suspendido en el aire. Venía inmerso en una vorágine abrumadora de partidos, obligaciones y en un instante me quedé sin nada. Mi vida entró como en otra dimensión.

“Primero me quedé sin club –agrega– porque quebró económicamente Bordeaux; no sabía qué iba hacer de mi futuro, entonces me aferré a los Pumas y me dije: «que sea lo que Dios quiera». Y a casi 20 días de ir al Mundial me rompí la rodilla... ¡ya no me podía pasar nada más!”, rememora su calvario el ex rugbier de Belgrano Athletic, que por estas horas está haciendo la pretemporada con Aviron Bayonnais –su nuevo club– y si bien está listo para jugar otra vez, lleva casi once meses fuera de una cancha, pues cuando terminó el largo proceso de rehabilitación había caído el telón del campeonato de Francia. Pero la larga espera finalizará mañana: reaparecerá en un campo de juego en el amistoso frente a Tyrosse, con la camiseta N° 10.

La noche del 12 de septiembre de 2003, en Tucumán, quedó como icono de un antes y un después. Al filo del cumpleaños número 32, en el amistoso pre mundialista ante La Naranja, Arbizu sufrió la rotura de los ligamentos cruzados anteriores de la rodilla derecha; similar lesión a la padecida a principios de 1994 en la rodilla izquierda. El infortunio, sumado a otras adversidades en lo personal, lo ubicó ante una encrucijada: acomodar las piezas para direccionar el futuro rumbo.

“Las transiciones son durísimas ¿Qué me salvó? La filosofía de cómo encaré todo. No me dejé vencer, me di cuenta de que algo estaba pasando. El click motivó un conversión en el plano humano; ha nacido un hombre nuevo, y en esto está separado el deportista.

“También me ayudó –completa– que la operación de la rodilla salió bien y que enseguida empecé con la rehabilitación en Buenos Aires; después, la disposición de Pau –club con el que tenía acordado unirse tras el Mundial– para recibirme y apoyarme en la recuperación cerró el circuito perfecto. Entonces, como en todo momento estuve insertado en el sistema profesional, nunca pensé en retirarme; por el contrario, di cada paso en función de volver a jugar lo más rápido posible. Desafortunadamente no se dieron los tiempos, pero ya estoy bien”, cuenta Liso ante la atenta mirada de Valerie, su novia francesa –es oriunda de Bordeaux y la conoció en el momento de las pesadillas– que, desde su dulce sencillez también contribuyó para que él emergiera.

A medida que la rodilla se fortalecía el horizonte empezó a aclararse. Otro síntoma positivo llegó al firmar el contrato con Aviron Bayonnais (o Bayonne, por la ciudad a la que pertenece), recientemente ascendido a la máxima categoría. “Nunca llegué a ponerme la camiseta de Pau porque la actitud del presidente fue maquiavélica. Me decía que me quería en el club, pero nunca me acercaba el contrato. Y como cada vez estaba más cerca la fecha del cierre de los pases, me planté, no esperé. Supongo que pretendía que se vencieran los plazos para que no me quedaran chances de negociar. Por eso, cuando recibí la oferta de Bayonne, no dudé. Este proyecto nuevo es atractivo en todo sentido, desde lo económico y porque no hay mejor lugar para vivir en Francia que la Costa Vasca.

“Además, el desafío del equipo –extiende el relato– coincide en cierta forma con el personal. Vamos a tener que superarnos, buscar en cada partido ser un mejor equipo. El deseo es quedarse en primera, entonces, habrá presión todos los días, no nos podremos relajar. Si hubiera aceptado ir a un club más armado, tal vez la tranquilidad, la quietud, me podría hacer entrar en un estado de aburguesamiento que no me agrada, no es mi estilo. La adrenalina de rendir siempre al máximo me recarga de energía, es lo que me motiva para seguir.”

Así como abrió su intimidad para compartir el impactante mural de sus experiencias, Arbizu detalló más del aprendizaje por el cual atravesó. “Nunca programé mi vida, pero creo que si hubiera ido a Australia y jugado el cuarto Mundial, ahora estaría hablando del final de un ciclo. Eso no quiere decir que podría haber dejado de jugar al rugby, pero sí que mentalmente en ese momento estaba como empezando a bajar los brazos. Pero como todo se dio al revés, he renovado el entusiasmo. Cuando tomás distancia, ves las cosas de manera diferente; ves cosas que antes pasaban inadvertidas o no tenías tan en cuenta. No hablo, ni estoy preparando cómo terminar mi carrera; simplemente digo que estoy para continuar. No sé cómo será el desenlace de mi historia deportiva, eso se va ir dando solo. La única certeza que tengo es que me encuentro en perfectas condiciones y con muchas ganas de ver hasta dónde puedo llegar.”

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