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El 22 de junio de 1985, los Pumas se anotan una de las victorias más significativas de su historia; después de más de tres décadas de enfrentamientos con el seleccionado francés, al fin consiguen doblegarlos en el primer test match jugado en la cancha de Ferro Carril Oeste; una multitud disfrutó de aquel 24 a 16 que fue el principio de una etapa con más paridad entre ambos equipos.
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Los Pumas volvían a jugar ante su público después de dos años en aquel invierno de 1985. Tras la gran victoria como visitantes frente a Australia, en el 83, la actividad del seleccionado se había reducido a dos partidos en Sudáfrica, con el nombre de Hispanoamérica XV (otra vez esquivando el bloqueo contra el apartheid). La conducción, con el alejamiento de Michingo O’Reilly, estaba ahora en manos de un ex jugador símbolo de los Pumas: Héctor "Pochola" Silva.
Más allá de algunas modificaciones entre los forwards, el seleccionado mostraba la aparición de una pareja de centros tan joven como talentosa: Fabián Turnes, de Banco Nación, y Diego Cuesta Silva, que surgió en La Salle y luego pasaría al SIC. Ambos tenían la responsabilidad de reemplazar al tándem que formaban Loffreda-Madero, un verdadero cerrojo en el centro de la cancha, y lograron con creces el desafío.
"Si bien había jugado ante Sudáfrica, en 1984, como Hispanoamérica XV, mi debut en el seleccionado se produjo el día de la primera victoria ante Francia. Fue mi primer test con el Puma en el pecho. Ese día viví cosas increíbles: además de anotar un try, tuve la gran alegría de jugar en mi país con la camiseta argentina", describe Turnes, un tres cuartos con gran destreza individual, que también se lucía por su solidez en el tackle.
"En el 84 había llegado un cambio generacional, una camada nueva que integrábamos, entre otros, Diego Cash, Cuesta Silva y los mellizos Lanza. Fuimos siete u ocho jugadores que surgimos de las preselecciones y de aquellos partidos que se denominaban Posibles contra Probables. Pasamos esos exámenes y en el 85 se unieron hombres como Chirola Scolni y Ricardo Annichini", rememora Turnes.
La Argentina y Francia se habían enfrentado por primera vez en 1949, y desde aquel momento las diferencias entre ambos equipos se fueron acortando, aunque el resultado siempre favoreció a los europeos. Lo mejor de los Pumas hasta ese momento había sido un empate en 18 puntos, en 1977.
"Mi debut fue como un sueño. Me pasaron mil cosas por la cabeza: los amigos, mi club, mi familia… Cuando te dan la camiseta en el vestuario sentís cosas que son muy difíciles de explicar. Es distinto a cualquier cosa. Después llega la charla previa, la salida a la cancha, el himno, es todo adrenalina. Todo se potencia al límite", dice el Chino, que actualmente conduce el seleccionado de Buenos Aires junto con Fernando Morel, que esa tarde integró la primera línea argentina ante Francia.
El equipo francés combinaba la magia y el talento de Serge Blanco y de Philippe Sella, con la dureza de unos forwards muy dinámicos. Todos conducidos por la precisión de Pierre Berbizier dentro de la cancha y por un viejo conocido de los argentinos como entrenador: Jacques Fouroux. Habían dado espectáculo en todos encuentros previos al test, desplegando una capacidad ofensiva y un manejo de la pelota que asombraban a los argentinos. Pero con los Pumas sería diferente.
"Francia era un equipazo que había dominado el Cinco Naciones en los años 80. Su estilo de juego era conocido, pero eso no nos daba ventajas; era un partido muy difícil. Creo que un factor importante para esa victoria fue la dosis de inconsciencia nuestra. Muchos teníamos alrededor de 20 años, éramos nuevos y ninguno midió, en su real dimensión, lo que era Francia. Con un equipo en formación, tuvimos un juego vistoso y completo."
Pocos se olvidan de Ernesto Ure a la hora de considerar a los mejores Pumas de la historia. El ex octavo de CUBA, que apareció en el plano internacional en la gira por Nueva Zelanda de 1979, era uno de los estandartes de los dirigidos por Silva y Guastella. Su calidad y su fortaleza anímica eran un gran sostén para sus compañeros: "El equipo de los 80 tenía todo: actitud, buena preparación física, altura, garra y juego. Yo considero que el rugby argentino tiene tres etapas, los Pumas del 65, los del 80 y los actuales. Entre los tres equipos, creo que el nuestro era el más fuerte. Por supuesto que si le preguntan al resto, cada uno dirá que el mejor fue el suyo. Pero yo estoy convencido del poder que teníamos. De hecho fuimos rompiendo muchas barreras: como Sudamerica XV derrotamos a los Springboks, después, le ganamos por primera vez a Australia como visitantes, vencimos a Francia y, por último, empatamos con los All Blacks.
"El partido con Francia fue muy especial. Ese día cumplí 25 años y pude celebrarlo con un try. Para mí fue como vivir la culminación de una etapa que empezó a gestarse en 1979, cuando fuimos a Nueva Zelanda. En ese grupo había grandes amigos como el Rafa Madero o Tommy Petersen. Y a los 24 o 25 años ya teníamos una madurez que nos permitía conseguir resultados importantes. No había secretos. Simplemente, se cumplió con la progresión positiva de un equipo", cuenta el Flaco Ure, actualmente radicado en los Estados Unidos.
El try de Ure en el primer tiempo, después de levantarse del scrum y apoyar con dos franceses a cuestas, marcó el camino a la victoria aquella tarde. Pero para llegar a ese momento de gloria hubo una historia: "El mío fue como el cuento de Cenicienta. Porque de la cuarta de CUBA pasé a jugar a la primera sin escalas. En 1978 jugué medio partido en la reserva. Me echaron y tuve una suspensión de un año. Pizarro y Mastai, los entrenadores de la primera, me convocaron para el plantel superior en 1979 y debuté ante Liceo Naval. Siempre iba a ver a los Pumas a la popular de Ferro, pero nunca me imaginé que todo podía llegar tan rápido. Unas fechas más tarde, Otaño, Gradin y García Yáñez me fueron a ver contra Banco Nación. Ese día le abrí la ceja a un pilar. Después me contaron que apenas vieron eso, dijeron: "A este pibe hay que llevarlo a Nueva Zelanda". Diría que mi llegada a los Pumas fue de repente: tanto que mi primer clásico con el CASI lo jugué el 15 de junio de 1979, ya formando parte del seleccionado."
Para muchos, aquel del 85 fue el mejor seleccionado francés que llegó a nuestro país. Sin embargo, su poderío quedó maniatado por una generación brillante del rugby argentino, que se encargó de terminar con un estigma que creció durante 36 años. La primera victoria sobre Francia al fin se concretó ante 30.000 testigos en el césped de Ferro Carril Oeste.


