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Reconocido el poder implacable del bicampeón, es sabido que la mínima licencia puede significar la debacle propia. Si se pretende quedar a salvo, es prohibitivo ofrecerle a Hindú oportunidades, espacios o cederle la posesión. Bueno, todos esos pecados los cometió CUBA durante el primer tiempo, entonces, el castigo recibido fue inoslayable: un aluvión de tries para quedarse sin invicto y distanciarse un poco de la cima del grupo, donde el vencedor luce erguido.
Los primeros minutos de los universitarios contagiaron el mismo entusiasmo que el arranque de campeonato, con los triunfos ante el SIC y Newman. El magnífico drop de Benjamín Urdapilleta, desde casi media cancha, hizo creer que el envión ganador se podía extender. Pero no duró demasiado esa sensación auspiciosa, porque en la primera combinación de los torcuatenses, con Manasa Fernández Miranda proyectando a los filosos backs, terminó con el picante Belisario Agulla en vuelo hacia la bandera derecha.
Los dueños de casa tuvieron aciertos, como la acción en la que con un doble tackle letal, De Pablos y Acuña frenaron en su propio campo a Senillosa, y tras recuperar la pelota, el Nº 7 llegó al in-goal. Hasta ese momento, tan sólo once minutos, hubo paridad en el juego y en los números (8-7 en favor de los locales), pero cuando promediaba la primera etapa, Senillosa -gran sombrerito de Juan Fernández Miranda sobre los marcadores- empezó a sacarle rédito a las ventajas con las que se encontraron los ganadores. La inconsistencia en el tackle se volvió determinante en varios casos, aunque también la poca resistencia para conservar el balón en su poder, también representó una debilidad marcada en CUBA. Tal es así que, a partir de un line perdido llegó la segunda conquista de Agulla, y de un scrum que le robaron, la de Díaz Bonilla. En medio de esas dos equivocaciones, Solano también apareció con su potencia para abrir la herida.
La producción de los defensores del título alcanzó un alto nivel de eficiencia; el conjunto de Don Torcuato rindió en las formaciones fijas, y con los forwards pisando fuerte, los tres cuartos dispusieron de las condiciones ideales para expresar su calidad. En todas sus aproximaciones marcó, y en poco más de media hora, obtuvo cinco tries para un parcial incuestionable: 31-14.
Sorprendentemente, la pureza del capítulo inicial se extravió. Con menos posesión, Hindú se apagó por completo, mientras que el esfuerzo de CUBA, sin la claridad como acompañamiento, alcanzó nada más que para combatir por ganar terreno. La única situación de peligro fue una escapada de Dorado. Ninguno de los dos equipos generó algo interesante, excepto en los últimos diez minutos, cuando el fervor de los anfitriones agitó la mediocridad.
Sin embargo, lo que podía presumirse como una reacción efectiva, se pareció a un intento desesperado por cambiar el curso de una sentencia irrevocable. Algunos roces hicieron que la temperatura se elevara, aparecieron las tarjetas amarillas (para Belisario Agulla, Martín Urdapilleta y Liberato), pero no quedaba margen para superar la categórica expresión de practicidad con la que los torcuatenses siguen sin ceder terreno y propagan su cadena de victorias, con una docena de éxitos encadenados (el último traspié lo sufrió ante La Plata, por 28-20, el 1º de septiembre de 2007).
13 años hace que CUBA no vence a Hindú; el último éxito de los universitario fue en 1995, cuando en Don Torcuato definieron el partido sobre la hora (28-24).



