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Acaba de terminar el partido y lo primero que se me viene a la cabeza es bronca. Bronca porque se estuvo muy cerca, porque se podía ganar, porque se le jugó en todo momento de igual a igual a Inglaterra y porque faltó muy poco para lograr algo que hasta minutos antes del encuentro parecía imposible.
Sin embargo, hay muchas cosas para destacar, como por ejemplo el arranque impecable que tuvieron, con mucha concentración, determinación y en donde nunca le cedieron opciones de juego ni espacios a su rival.
La defensa que presentaron los Pumas casi no tuvo errores. Uno de los pocos momentos de desconcentración que tuvo el equipo terminó con el try de Youngs. Me gustó mucho cómo defendieron a lo ancho de la cancha, siempre empujándolos hacia las líneas del touch, muy bien organizados y sabiendo en todo momento cómo lo tenían que hacer.
Demostraron que hay un equipo sólido, que quiere ir para adelante, que si se lo propone puede lograr cosas grandes. Pero creo que es ahí donde en algún momento faltó esa confianza de llevarse el partido por delante. Esa convicción de que realmente se podía ganar. Creo que en esto particularmente no ayudó la lesión de Felipe, que es el arma de ataque, de visión y de confianza del equipo.
Un buen debut de los Pumas fue el que vi anoche, pero esto es un Mundial y no hay revanchas. El equipo debe estar orgulloso y con la cabeza bien alta, pero rápidamente tiene que pensar en lo que viene, Rumania, que demostró que es un digno y fuerte rival.
La Argentina no tiene más margen de error. A partir de ahora sólo sirven los triunfos. Únicamente de esa manera se podrá llegar a los objetivos que se propusieron. Ayer quedó demostrado que tienen individualidades y el juego colectivo necesario para alcanzarlos.


