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Hindú llegaba tocado al duelo con Alumni. Tocado en su amor propio, en su orgullo. El penal convertido por Gonzalo Gutiérrez Taboada en la última acción del tiempo adicional en la semana anterior le quitó la sonrisa en su casa. Una sonrisa amplia, con la cual se había acostumbrado a dejar las canchas cada sábado de esta temporada. Y ese día también perdió el invicto que supo construir, por medio de aquel derechazo del genial apertura bordó.
Por eso el plantel dirigido por Santiago Fernández llegó molesto, con el ceño fruncido, al duelo de este sábado con Alumni en Manuel Alberti. Fiel a la consigna, expresada a cada rato, de “laburar y laburar”, en la fría y nublada tarde Hindú volvió al triunfo y recuperó aquella sonrisa. Ganó un partido deslucido, muy cortado, por 23-17 sin mayores sobresaltos, y se mantiene en los puestos de vanguardia del Top 14 de la URBA.

El local, envalentonado por el inusual 76-7 del sábado anterior frente a Champagnat, propuso un desarrollo de fuerte contacto. A cara de perro. Y le costó. El adversario se adaptó sin mayores inconvenientes y se produjo una contienda áspera, dura, de palo por palo, con infracciones como para todos los gustos. “No todos los partidos se dan como uno espera”, comentó Lautaro Bávaro para LA NACION apenas concluyó el encuentro. Y amplió: “Y si eso pasa, hay que jugar de otra forma. Tuvimos oportunidades en ataque y supimos aprovecharlas. Pero hubo lanzamientos que no salieron... Hay mucho por mejorar”, analizó el tercera línea del ganador, uno de los hombres más destacados del laborioso pack de camiseta amarilla y celeste. Y la verdad es que Hindú no jugó lindo.
El partido fue feo. Pero el Elefante supo actuar de acuerdo con las necesidades. Más allá de algunos errores en cuanto al manejo y de las deficiencias apuntadas por Bávaro, Hindú fue más práctico y eficiente que su rival. Cuando le tocó aguantar la embestida de Santiago Neyra, Manuel Mora, los Bottoni, Tomás Bivort, Juan Patricio Anderson, Santiago Alduncín y los Cubilla, lo hizo prolijamente, en un clima tenso y al límite de la línea del off-side, como ocurre con todos los equipos. Es decir, defendió bien ante el fervor poco ordenado del anfitrión. Y cuando dispuso de pelotas claras, atacó con igual pericia. Un try de Sebastián Cancelliere poco antes del descanso (Ignacio Cubilla fue amonestado en la acción previa), el de Franco Diviesti apenas iniciarse el segundo tiempo, y el que determinó la victoria, de Lisandro Rodríguez a la media hora, llegaron como consecuencia de muy bien hilvanadas maniobras colectivas, circulación de pelota de costado a costado y desequilibrio con amagues y por destreza.

Cancelliere reconoció que costó superar a Alumni. “Logramos un triunfo trabajado. Ellos nos plantearon un partido difícil y lo sacamos adelante”. Y admitió que el equipo no se desempeñó como le habría gustado hacerlo: “A veces se gana jugando lindo, y en ocasiones, jugando feo. Pero hay que saber ganar cuando las cosas no salen del todo bien”, completó el veloz tres cuartos, fullback en esta ocasión.
Alumni se plantó a combatir. Por momentos lo hizo muy bien. Se sobrepuso a un 0-6 producto de dos penales ejecutados por Fermín Ormaechea, gracias a un arrollador maul que terminó en el in-goal del Elefante y con su hooker y capitán Bivort apoyando la pelota. Pero las reiteradas infracciones, merecedoras de tarjetas amarillas según el criterio del referí Nehuén Jauri Rivero, afectaron su rendimiento. Como consecuencia, debió afrontar diez minutos importantes, alrededor de los veinte de la segunda etapa, con la baja temporal de Bivort. Y darle a Hindú esa ventaja es demasiado.
Alumni lo pagó caro, con la derrota. Bivort volvió al campo para el tramo final, pero el Elefante se afirmó y terminó jugando en el terreno del local, con más probabilidades de estirar la ventaja que de verla amenazada. Ya no se siente tocado Hindú; volvió a la senda del triunfo. En cambio, Alumni sigue atrapado por un efecto extraño vaivén: gana y pierde, gana y pierde. No logra estabilizarse. Necesita hacerlo. Ganando, por supuesto.

