Jaguares, el equipo que conmovió a los argentinos en apenas cuatro años

Moroni fue quien más cerca estuvo de anotar un try en la gran final ante Crusaders
Moroni fue quien más cerca estuvo de anotar un try en la gran final ante Crusaders Fuente: AP
Juan Manuel Trenado
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6 de julio de 2019  • 23:59

CHRISTCHURCH, Nueva Zelanda.- Ni siquiera hubo euforia en Crusaders. Porque en realidad esto es lo que ellos están acostumbrados a hacer. No hubo demasiada pasión entre los jugadores tras consagrarse campeones ni en los hinchas, que sólo cantaron "¡Three-peat, three-peat!", en un juego de palabras entre tres y repetir, por el tricampeonato que acaban de alcanzar en el Super Rugby, mientras de fondo sonaba música de Queen. Sí se soltaron un poco más en la zona de vestuarios, cuando la cerveza empezó a hacer su trabajo.

Más allá de las diferentes culturas e idiosincrasias, en eso también habrá cosas que tomar. El trabajo del cuerpo técnico de Gonzalo Quesada y los jugadores durante esta temporada fue notable. Probablemente inmejorable en términos de entrega, dedicación, voluntad. Pero aun no es suficiente para ser campeón. Se podría haber dado, seguro. Esto es un deporte. Pero el resultado 19-3, el primer partido de Jaguares sin tries en su favor en más de un año, es una conclusión a la que se accede transitando un camino natural. Y un triunfo de los argentinos hubiera sido un evento aislado y más difícil de explicar.

La forma en la que los neozelandeses tuvieron pequeñas ventajas en momentos determinantes es algo que no se puede ver y describir con facilidad. Luchas en el piso, las posiciones fijas, la presión sobre el juego con el pie de su adversario. Esos valores agregados nutren a un equipo durante años y rescatan centímetros en segundos clave de un partido decisivo. Crusaders lo hace desde 1996, con jugadores que transmiten esos conocimientos de generación en generación. El equipo que en estas últimas semanas conmovió a los argentinos lo hizo en apenas cuatro años. Y Matera lo describió así: "En cuatro años formamos de manera forzada una cultura". De algo que no existía se pasó a esto. Y no es poco. Todo tiene más lógica visto desde esa óptica.

Crusaders metió presión desde antes del kick-off, con su despliegue de fuego, luces y la mística de los caballos. El entrenador Scott Robertson entró con arengas a la gente y el rugido de las 18.000 personas en el Oragnetheory Stadium se hizo sentir. No fueron demasiado intensos ni agresivos después con los elementos externos. Sólo un condicionante previo.

Jaguares estuvo a la altura del partido. Porque ninguno de los dos controló el juego. Es más, se hizo tedioso por el puntilloso protagonismo de Jaco Peyper en el scrum. Prolongó cada disputa de esa formación por un tiempo inexplicablemente largo. Incluso cuando no hubo más que un par de reseteos, cada scrum se llevaba varios minutos y el tiempo de juego se redujo notablemente. Dos defensas intensas, con presiones al límite, impidieron a los dos tener inercia.

La pelota perdida en una jugada aislada a los 26 minutos, que culminó con el try de Codie Taylor (único del partido), más un penal con un efecto anímico importante de Richie Mo'unga a los 42 del primer tiempo empezaron a inclinar el duelo. Algo que Crusaders terminó de reforzar con sus envíos a los palos en la segunda mitad.

Jaguares no fue muy inferior ante el mejor del mundo (aunque en algunos pasajes de debe haber sentido así). Se lo vio cómodo en el scrum, la formación en la que más cuesta encontrar buenos resultados -tal vez por la obligada juventud de su primera línea- y también estuvo igualado en el line.

Los pequeños instantes de ilusión para Jaguares fueron dos ocasiones en las que estuvo a tiro de try pero en las que sus jugadores perdieron la pelota a pasos del ingoal (una vez Moroni y otra Orlando).

Matera fue reconocido por su actuación en la final
Matera fue reconocido por su actuación en la final Fuente: AFP

¿Y ahora qué? Esa parece ser la gran pregunta. Pues ahora el grueso de este equipo se concentrará en el Rugby Championship y el Mundial. Mientras tanto, Quesada deberá empezar a encontrar la manera de reemplazar a jugadores como Lavanini, Matera, García Botta, Landajo. Del mismo modo que hace un tiempo los entrenadores anteriores tuvieron que buscar opciones tras las salidas de Facundo Isa o Nicolás Sánchez, por ejemplo.

Porque no hay que olvidarse que en la temporada pasada, cuando Ledesma todavía era el entrenador, Emiliano Boffelli, el fullback del equipo, hizo trabajos de adaptación a la posición de apertura. En ese momento se creía que nadie iba a poder suplir a Nico Sánchez. Si eso pasaba, Moyano iba a ser fullback. Como se verá, una historia muy distinta a lo que ocurrió. Porque Joaquín Díaz Bonilla lo hizo de manera fantástica (aunque es cierto que no tuvo una buena final).

En definitiva, el proceso en el que se encuentra Jaguares deberá resolver las alternativas que se presentan. Con el condicional de que recordarlo luego, si los resultados no aparecen será visto como una excusa. Nunca es fácil.

Y no es un detalle menor que este crecimiento tenga que sostenerse dentro de un nuevo período de ebullición en la política interna en el rugby nacional. Las dos vertientes de este deporte se sienten orgullosas. La amateur por la formación de talentos y personas; la profesional, por prolongar esos valores y por la continuidad de un proyecto sólido y, ahora, exitoso en lo deportivo. Pero todavía no han logrado convivir en armonía.

Una frase de Quesada tras el partido fue utilizada para recordar que el conflicto sigue ahí. "Este grupo de jugadores viene desde sus clubes con una manera muy sentimental de vivir el rugby", dijo el entrenador argentino tras el partido. Unas horas después se viralizó entre la gente del rugby una carta abierta que escribió Fernando Ibarrrola, del club Regatas Bella Vista. "[.] Este es nuestro secreto, esta es la característica que nos hace únicos [.] Solo pido que nos dejen seguir haciendo ese trabajo silencioso por el que no pedimos nada a cambio, sino que no se entremezcle lo profesional, hasta que (los jugadores) estén formados".

En ese contexto habrá que seguir construyendo, de los dos lados. El resultado final con mayor exposición será siempre el profesionalismo porque es la expresión más jerarquizada y es lógico que así sea. Los Jaguares esperaban escribir una historia de fantasía, una hazaña que le diera otro giro al destino de nuestro rugby. Fue un año maravilloso, es cierto, pero no es el tiempo todavía.

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