Jaguares. Vélez se estremeció con una noche que quedará en los libros

Jerónimo De la Fuente, el capitán, y varios compañeros en la suerte de vuelta olímpica con que saludaron al público luego del 39-7 a Brumbies.
Jerónimo De la Fuente, el capitán, y varios compañeros en la suerte de vuelta olímpica con que saludaron al público luego del 39-7 a Brumbies. Crédito: Rodrigo Néspolo
Agustín Monguillot
(0)
29 de junio de 2019  • 00:33

Todos con los brazos en alto. Los fuegos artificiales suenan de fondo y decoran la postal. Explota de gente. Muchos vendrán siempre, otros cada tanto y hasta están quienes se subieron el tren hace poquito. Es lo de menos. Jaguares les acaba de ofrendar una clase magistral de lo que hermoso que puede ser este deporte cuando se juega con talento, lucidez y convicción. El 39-7 es histórico porque mete por primera vez a los argentinos en la final del Súper Rugby, pero también lo es desde la asistencia récord de la gente.

"Entradas agotadas", se anunciaba en las redes sociales un rato antes del kick off. Por segundo partido consecutivo, vino el doble de gente que el partido anterior. Son 31.000 personas que llenan el José Amalfitani como pocas veces se vio en un partido de rugby. Quizás sólo cuando vienen los All Blacks se ve un marco así. Hay tanta gente que la organización decidió habilitar uno de los codos para porque se estaban apretujando en una de las populares. Podrán ser más, pero el clima no es tan ruidoso como pasó una semana atrás con Chiefs. Tendrá que ver que el partido ante los neozelandeses tuvo un final dramático

"Vos, escuchame que estás en la tribuna, hay una parte tuya que entra a la cancha. Dale te necesitamos. Esta es la unión de todos". La arenga de Agustín Creevy sonó por los parlantes y baja un aplauso general de las tribunas. Los conductores Alejandro Lacroix y Cecilia Bonelli tratan de encender al público. No les prestan mucha atención.

La recepción a Brumbies y a Jaguares en un estadio de Vélez poblado por 31.000 espectadores.
La recepción a Brumbies y a Jaguares en un estadio de Vélez poblado por 31.000 espectadores. Crédito: Rodrigo Néspolo

El momento más desopilante de la previa pasa inadvertido por la mayoría. Los jugadores de Brumbies salen a la cancha acompañados por Brumbie Jack. Nunca una mascota rival había visitado el José Amalfitani. El potro está alentando a sus jugadores cuando alguien de la organización lo agarra del brazo y lo saca de la cancha como la enfermera a Maradona en el Mundial de 1994. No habrá duelo mascotero. Jaguardo es la única estrella.

Todo sale perfecto. El equipo maneja el partido a su antojo y lo plasma en el resultado. Tomás Cubelli hace valer la tan famosa ley del ex (el medio scrum estuvo dos temporadas en Brumbies) y apoya el primer try del partido. Joaquín Díaz Bonilla mete entre los palos todo lo que toca con el pie, al contrario del duelo contra Chiefs. Tomás Lavanini entra colgado de tres australianos y el público festeja de pie. "Soy Jaguares, es un sentimiento no puedo parar", cantan todos, a esa altura empalagados de rugby.

Las vocalizaciones tan únicas de Freddie Mercury suenan a todo volumen cada tanto que se para el juego. El partido da para que unos cuantos se animen a probar sus agudos. De más está decir que no están ni cerca de la leyenda. Los minutos se consumen y el partido entra en la monotonía. Los argentinos presionan con una patada al fondo y Matías Moroni tacklea con la cabeza a un australiano. La tribuna se lo reconoce con una ovación.

La platea Sur del José Amalfitani, completa.
La platea Sur del José Amalfitani, completa. Crédito: Rodrigo Néspolo

De repente, hay partido. Brumbies llega al try en su primera llegada de peligro al ingoal argentino. Segundos después de que el pick and go entrara en el ingoal, sonó la bocina que anuncia el final de los primeros 40 minutos. Los lamentos se escuchan en los cuatro costados. Lo que se encaminaba a ser un trámite se convierte en un parcial 20-7 con final en suspenso.

El try del final es el tema de charla en las tribunas. De fondo, Jaguardo baila con notable destreza un reggaeton con las porristas. No parecen prestarle mucha atención. Por un momento, se pierden con un video de Juan Martín Hernández. Todavía no terminó cuando empiezan a aplaudir a los jugadores que ya están de vuelta.

Los decibeles parecen bajar, como si ese try de Fainga'a hubiera anestesiado el ambiente de jolgorio. Brumbies empieza a hacer su negocio. Cada penal que provoca con el scrum es festejado como si fuera una victoria. El equipo se está quedando y la gente lo nota. No llama la atención que grite cuando hay una pelota recuperada. "Para ser campeón, hoy hay que ganar", los arenga.

La incertidumbre dura poco. Pablo Matera revienta con un tackle "asesino" a un rival y le hace volar la pelota; Moroni ve el regalo, se escapa y se la pasa a Matías Orlando para desencadenar el estruendo más fuerte de toda la noche. "Morooooni", lo vitorea el público. Todo volvió a la normalidad.

Ya se parece a un recital a esa altura. Un ida y vuelta entre la banda y su gente. "Jaguares mi buen amigo", se escucha y revolean los abrigos como si estuvieran en un casamiento y sonara "Por el tren del cielo" de Soledad Pastorutti. El equipo agredece con otro try. Orlando apoya otra vez y tiene todas las fichas para que lo elijan Man of the Match.

Falta poquito para el final. A esta altura, es imposible que se escape. Jaguares está consumando lo que hasta los más optimistas creían imposible. Las pantallas de los celulares se iluminan en todo el estadio. No es un recital de Luis Miguel.

Liniers vivió una noche de fiesta con el partido en el que Jaguares goleó a Brumbies para pasar a la final del Súper Rugby.
Liniers vivió una noche de fiesta con el partido en el que Jaguares goleó a Brumbies para pasar a la final del Súper Rugby. Crédito: Rodrigo Néspolo

Llega el final. En unas horas se sabrá si Vélez será el escenario de la final. Todo dependerá de si Hurricanes da la sorpresa ante Crusaders, el bicampeón invencible del torneo. Ya habrá tiempo para ver eso. La comunión es total. "Jaguares mi buen amigo", cantan la gente y los jugadores, abrazados. Jaguares está en la final del Súper Rugby. Increíble, pero real.

La salida de Jaguares del vestuario

Esta vez, la televisión mostró el paso del equipo desde el vestuario hacia la cancha, con una particularidad: los jugadores del plantel que no estaban siquiera entre los suplentes hicieron un pasillo a los otros cantando, saltando y alentándolos. Entre ellos estaban Juan Manuel Leguizamón, Joaquín Tuculet y Matías Alemanno.

MÁS LEÍDAS DE Deportes

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.