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Fue un buen triunfo en una tarde de sensaciones distintas. Quizá pueda apelarse al viejo calificativo de histórico, que acompaña naturalmente a las victorias de los Pumas, a esas imágenes de jugadores aguerridos abrazándose frente a potencias de rodillas. Pero no es eso lo que contagia el 28 a 27 ante Francia. Habrá que buscarle una nueva vuelta a esta historia de los Pumas, meterse en el microclima que rodea a un test, reencontrarse con las mismas caras de siempre que atraen recuerdos, pensar qué se decía antes y qué se escucha ahora. A lo mejor, quedarse con una pregunta lanzada por un dirigente y analizar el significado de la frase: "¿Será un buen partido?".
El cronista ve pasar a Tito Fernández y Pipo Méndez; ahí nomás están Alejandro Petra y Ricardo Paganini. Todos ex entrenadores de este equipo. No fue hace mucho cuando el comentario previo apuntaba a dos opciones: batacazo a puro coraje o cachetazo impiadoso. El punto de equilibrio para ese extremismo emocional que antecedía al kick-off llega con esa simple pregunta sobre cómo será el match. El cambio se sustenta en la confianza en que los Pumas juegan ahora cada test, en que no se trata de una prueba de supervivencia, sino de un equipo que impone respeto. Y que también gana.
Es la generación de oro de los Pumas. Que se perdone aquí el calificativo al que otros pumas crean tener derecho. Pero es así nomás, se siente en las tribunas y en los palcos. Ya no hay miedo a un papelón ni tampoco la electricidad de la hazaña recorriendo la piel. El sueño de competir de igual a igual es una realidad. Ese es el enorme triunfo de estos jugadores.
Se los vio en otros momentos, con la derrota como irremediable compañía. El pensamiento se dispara hacia los Pirineos franceses, hacia Tarbes en la caída frente a los locales en 1997. En la mente de quien siguió bastante a los Pumas durante la última década quedó ese día grabada una anécdota, la que tuvo como protagonista a uno de los más corajudos integrantes del plantel que, demolido, gritaba su adiós. "No lo soporto más, nos rompemos el c... en los entrenamientos y al final siempre perdemos. Me voy, no juego más...". Ayer se lo volvió a ver, sin ganas de sacarse la camiseta celeste y blanca, con el puño en alto y la mirada desafiante, con un mensaje que desde una cabina podía leerse como un "ganamos de nuevo...".
Tampoco es un dato menor que pasaron cinco años entre esas dos sensaciones vividas por el jugador, similares a las que se sienten en los corrillos del rugby. Eso marca que el equipo está en la curva más alta de su juego, con un promedio de edad de 28 años. El Mundial de Australia 2003 los recibirá con el empuje final de su mejor momento. Se reitera que es la generación de oro. Se pregunta: ¿y después?
Porque este gran grupo que supo emocionar por igual en las derrotas y en los triunfos tiene una vida limitada. Todavía les queda cuerda para ganar o perder, pero mirando de frente al rival más encumbrado. Ya llegará el momento de contestar ese interrogante que aporta el tiempo. Es ésta su hora, se la ganaron, sí señores que se la ganaron...
El matutino deportivo francés L’Equipe recordó las rápidas eliminaciones en el Mundial de Corea-Japón. A modo de presentación del test de ayer, tituló en la portada “Al fin Francia-Argentina”. El partido que muchos esperaban como final futbolística quedó trunco, pero de alguna manera había que revivirlo. El resultado del match quizá no les permita otro título con gracia.


