Los Puccio: un antes y un después para el CASI

Jorge Búsico
Jorge Búsico PARA LA NACION
Alejandro Maguila Puccio, en su época de rugbier
Alejandro Maguila Puccio, en su época de rugbier
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27 de agosto de 2020  • 01:00

Treinta y cinco años atrás, el ambiente del rugby recibió un cachetazo inesperado con la detención del llamado "Clan Puccio", del que formaba parte Alejandro, por entonces tryman y figura del Club Atlético de San Isidro, campeón en ese 1985, e integrante del equipo que con 15 argentinos y bajo la denominación de Sudamérica XV había vencido como visitante en 1982 a los Springboks. Fue un golpe al corazón y a la imagen, con el rugby por primera vez en las tapas de los diarios y en los noticieros de la televisión por un hecho no sólo ajeno a lo deportivo, sino vinculado con un grupo mafioso que se dedicaba a secuestrar y matar personas.

El Clan Puccio, cuyo líder era Arquímedes, el padre de Alejandro, y cuya guarida estaba ubicada a sólo dos cuadras del CASI, en pleno centro de San Isidro, fue detenido en la noche del viernes 23 de agosto de 1985. Era un momento delicado aquél en la Argentina. La democracia, recuperada hacía apenas menos de dos años luego de la larga y siniestra dictadura, era víctima de grupos paramilitares y de la llamada "mano de obra desocupada de la represión". Unos días antes, el 29 de julio, había sido secuestrado el empresario Osvaldo Sivak, que luego fue asesinado. El rugby, en tanto, estaba en poder de San Isidro, ya que entre el SIC y el CASI venían repartiéndose los títulos desde 1970. Recién en 1986 salió campeón Banco Nación, pero compartido con el SIC, hasta que Banco y Alumni quebraron esa hegemonía en 1989. El CASI es esos tiempos tenía varios Pumas (Travaglini, Allen, Branca, Morel, Courreges, Devoto, Sanés, Varone, Fijalkaukas) y un juego arrollador. Por eso, la detención de Alejandro Puccio fue tan impactante para la sociedad del rugby.

Durante un largo tiempo, sus amigos y compañeros lo creyeron inocente. El primer testimonio de Alejandro, que fue detenido en la casa de su novia, convenció hasta a los dos prestigiosos abogados penalistas que lo defendieron al comienzo, Esteban Vergara y Florencio Varela, ambos también del CASI. Esa primera semana, incluso, se reunió al plantel superior y hasta se imaginó que el wing iba a volver a ser titular en la fecha siguiente. Eso nunca sucedió. El CASI salió campeón en su cancha y no dio la vuelta olímpica porque faltaba un compañero. Varios de los jugadores lloraron en el vestuario, y todos juraban que Alejandro no tenía nada que ver. "No es que defendíamos al amigo, porque uno no puede defender a un secuestrador; lo que pasó es que estábamos convencidos de que no podía ser cierto", comentó años después uno de los que siguieron yendo a verlo a las cárceles de Devoto y Caseros.

Una imagen de la familia Puccio, antes de ser conocidos como "el clan"
Una imagen de la familia Puccio, antes de ser conocidos como "el clan"

En el CASI sostienen que hicieron un duelo largo y profundo después de darse cuenta de que Alejandro Puccio (murió en 2008) era culpable. Uno de los que fueron muy amigos graficó: "En el CASI fue socio Thomsen [Federico, uno de los implicados en el asesinato de Villa Gesell de este año] y hasta una vez vino a jugar Dani «La Muerte» [custodio farandulesco], pero no formaban parte de la vida del club. Alejandro nació acá. Empezó a jugar a los 7 años, lo queríamos todos. Por eso lo que nos pasó fue un gran dolor". A la tristeza y la decepción, otros agregan "la vergüenza". Parte de la incredulidad de aquel momento fue relatada por otro hombre del Atlético, que vivía a dos cuadras de la casa del horror: "Cuando vimos los patrulleros, mi madre dijo «les robaron a los Puccio»". La gran mayoría de sus compañeros no leyó los libros que salieron sobre el Clan, como tampoco miró la serie de televisión ni la película. El CASI no permitió que se filmara ninguna de ellas en la sede del club.

Si bien el CASI tardó 10 años en conseguir otro título (Nacional de Clubes 1995) y 20 en ganar el de la URBA (2005), los que conocen hasta las canillas del club sostienen que la demora no tuvo que ver con el episodio. Lo que nadie niega es que 35 años atrás hubo un hecho que estableció un antes y un después.

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