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La última jugada resume un poco el partido. Con la victoria asegurada, los Pumas tenían un penal a cinco yardas del in-goal ajeno e intentaban despedirse con un resultado más estridente. Ignacio Ruiz fue directo al choque y perdió la pelota. Gales casi marcó de contragolpe. La Argentina fue un cúmulo de buenas intenciones no siempre bien resueltas. El éxito por 35-21 resulta un paso al frente respecto al encuentro del fin de semana anterior con Escocia, cuando se inauguró el Nations Championship, pero deja al desnudo que el equipo todavía está por debajo de la forma alcanzada en 2025.
El triunfo en el Estadio San Juan del Bicentenario, por la segunda fecha, deja señales positivas después de la dura derrota del sábado anterior en Córdoba (47-38), pero no termina de saldar la deuda rugbística. El equipo dirigido por Felipe Contepomi cumplió al imponer su supremacía física sobre un rival que está en franca reconstrucción, y tuvo chispazos de lucidez que generaron expectativa y justificaron la victoria. Al mismo tiempo, incurrió en imprecisiones y apresuramientos que hicieron que los 16.384 espectadores, una de las concurrencias más bajas de los últimos tiempos, se volvieran con un sabor agridulce.
Hay un dato que debe encender la alarma en el búnker celeste y blanco y que es un correlato de lo ocurrido siete días antes: Gales penetró tres veces las 25 yardas y en todas volvió con tries. Todos, marcados de forma sencilla, sin mayor esfuerzo y sin necesidad de jugadas estridentes.
En cambio, los Pumas, que dictaron el ritmo del partido merced al poderío de sus forwards, desperdiciaron ocho aproximaciones a la última línea del rival. La escasez de efectividad es una de las falencias que arrastra este ciclo. Contepomi forjó un equipo que tiene gran capacidad de desequilibrio y que, sin embargo, carece de contundencia para traducir esa virtud, la parte más difícil de este juego, en puntos.
Sin esquivar estas carencias, conviene rescatar las cosas que los Pumas hicieron bien, que fueron varias. Lo realizaron al principio de cada tiempo y al final del primero. Forwards ganando el contacto, con un Joaquín Oviedo imponente; rucks rápidos; buen ritmo a partir del vértigo que impuso Gonzalo García, y backs escurridizos. Así llegaron cinco tries de buena factura que levantaron al público. Destellos de un conjunto que todavía intenta reencontrarse.

El regreso de Justo Piccardo fue importante, porque también se impuso en el uno contra uno, y Santiago Carreras recuperó esa agresividad desde el fondo que se extrañó en Córdoba, siempre con Tomás Albornoz como piedra fundamental del ataque.
Hubo dos tries muy vistosos. Uno nació de una pelota que puso a cargar Mateo Carreras y recuperó en las alturas Bautista Delguy; hubo un off-load para el tucumano y una conquista de Piccardo a pura potencia en la punta opuesta. El juego aéreo, tan importante en el rugby vernáculo, había sido una de las principales falencias argentinas frente a Escocia; aunque hubo una mejoría, Gales fue superior en ese aspecto.
El otro try comenzó con un line-out en la mitad de la cancha. Luego de un par de fases veloces, la pelota fue a una punta y allí desbordó Santiago Carreras, que se combinó con Piccardo, y este le cedió el try a Oviedo, el segundo para la figura de la tarde. Ocurrió a los siete minutos del segundo período y los Pumas se adelantaban a 35-14. Parecía que habían encontrado su forma y se encaminarían a una actuación similar a la de noviembre (52-28 en Cardiff). Sin embargo, y pese a que los cambios prometían una renovación de energía, el equipo local se quedó y no volvió a marcar. En parte por ese apresuramiento que lo aqueja en los últimos metros, en parte por cierta pérdida de intensidad.
La defensa albiceleste fue mucho más ordenada y sincrónica que ante Escocia. Así y todo, a la selección le costó generar situaciones de ataque a partir de pelotas recuperadas. Recién en los últimos minutos, cuando Gales tuvo el dominio, logró un par de pescas. El progreso en el orden táctico redundó en una menor agresividad. Y eso que esta vez estuvo Marcos Kremer en la tercera línea.
Gales llegó al in-goal en su primera ofensiva, pero la superioridad entre un equipo y el otro no tardó en ponerse en evidencia. Los Pumas contestaron con dos tries consecutivos. El visitante igualó tras un penal a cinco metros del in-goal que le demandó apenas dos fases de ataque. Luego, entre los 20 minutos de la primera mitad y los 20 de la segunda, sobrevino lo mejor de los Pumas.
El próximo sábado, la Argentina jugará el último de la serie de tres partidos en casa válidos por el nuevo Nations Championship. El rival será Inglaterra, en Santiago del Estero. Un desafío que exigirá un nivel de precisión y atención mucho mayor que el que opuso Gales. Los ingleses cayeron frente a Sudáfrica en el debut, pero vienen de vapulear a Fiji por 73-8 en Liverpool. Llegan revitalizados, aunque discutidos, por lo que saldrán a hacer su juego efectista que tanto incomoda a los Pumas. Lo evidencian los números: 14 victorias en los últimos 15 enfrentamientos, sin triunfos albicelestes en suelo argentino desde 2009.
La temporada 2026, a un año del Mundial, debía consolidar lo construido en el inicio del ciclo de Contepomi y propiciar seguir creciendo. Por ahora, no alcanzó el estándar que los propios jugadores establecieron. Solo mostró chispazos que mantienen viva la expectativa de que eso ocurra pronto.



