

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.

CÓRDOBA.– Tuvieron que pasar 78 minutos de juego para que el aliento cayera desde las tribunas. “¡Vamos, Pumas, vamos!“, se oyó por primera vez. Sólo el fervor de los Pumas albergaba la capacidad de calentar la helada tarde cordobesa. Después de ocho meses sin jugar, costó sacarse el óxido. Sólo chispazos encendieron al público. Dos tries sobre el final no alcanzaron a poner suspenso en el marcador ya que la diferencia era enorme, pero al menos premiaron la reacción del equipo y levantaron la gente. Pese a la derrota, los jugadores se fueron aplaudidos. La selección argentina de rugby comenzó la temporada con muchísimo por corregir y algunos baches inexcusables en este nivel, ni siquiera por la larga inactividad.
La caída por 47-38 ante Escocia en el inicio del Nations Championship sirve para poner la vara a la altura de donde los Pumas comienzan un 2026 atípico. El análisis no debe omitir que desde noviembre la selección no jugaba un partido, mientras que el rival tuvo el Seis Naciones íntegro y, como si fuera poco, una concentración previa en Madrid. Ciertas desconexiones, sobre todo en defensa, pueden ser adjudicadas a ese factor. Pero los 47 puntos, producto de siete tries concedidos, exceden esta cuestión. Hubo momentos de desconcentración grave que costaron el partido.
En una época en que el reglamento favorece el juego de ataque y se dan partidos de muchos puntos, especialmente a partir del driving maul, evitar las infracciones es prioridad. Los Pumas cumplieron con esa premisa, pero no tuvieron la solidez necesaria para sostenerse a lo largo del encuentro frente a un rival que cocinó el triunfo a base de un juego consistente, sin errores, arriesgando a veces pero no innecesariamente, y que fue firme en las formaciones fijas y eficaz en ataque. Escocia lo liquidó capitalizando el desconcierto en que entraron los argentinos en el segundo tiempo.
Una de las facetas en las que más diferencia marcaron los europeos fue el juego aéreo. Sería exagerado afirmar que en él estuvo la clave del éxito, pero la superioridad que mostró el visitante fue abrumadora. Tanto la precisión en la patada arriba de Ben White como el timing de los wings para rescatar la pelota en aire le dieron al Cardo no solamente ventaja territorial, sino sobre todo el desorden que produce este tipo de acciones que quedan libradas al azar. Los birtánicos supieron capitalizarlas. En contraste, especialistas como Santiago Carreras y Rodrigo Isgró aparecieron desconectados.

El partido comenzó con una acción de 24 fases que duró unos tres minutos en que los Pumas avanzaron con precisión y paciencia. Después de un par de infracciones del adversario, la acción terminó en try de Joaquín Oviedo. Como para dejar de lado el argumento de la larga inactividad. No obstante, eso fue un espejismo, que duró demasiado poco. En 15 minutos, Escocia dio vuelta el resultado con dos tires, el segundo, gestado por un quiebre del centro Rory Hutchinson por el medio en una mala gestión defensiva. Un knock-on de Pedro Delgado en una salida le dio al visitante otra conquista casi sin oposición.
En el inicio del segundo tiempo el ímpetu pareció revertirse. Los Pumas salieron con más enjundia y una dosis de creatividad de Santiago Carreras, que quebró el cerrojo defensivo con un kick al fondo, capitalizado por Isgró. El público se animó un poco. Hubo 34.560 espectadores en el Mario Kempes, lejos de los 57.500 del año pasado frente a All Blacks. El atractivo del rival y el frío conspiraron contra la posibilidad de una concurrencia mayor.
El calor, por cierto, nunca llegó desde las tribunas. Después de esa acción se vio lo peor del equipo local, que no logró imponerse físicamente y apareció desordenado en defensa. Cada ataque escocés terminó, indefectiblemente, entre los palos. Hubo un try que fue consecuencia de una pelota recuperada en el aire y otro, enseguida, luego de recuperar una pelota suelta, que encontró a los argentinos mirándose las caras. En las formaciones fijas, sin que existiera una superioridad abrumadora, también sacó ventajas el conjunto isleño.
La ilusión que despertó el descuento de Tomás Rapetti fue inmediatamente neutralizada por una mala salida del propio campo que terminó, otra vez, en el in-goal. Hubo falencias defensivas graves por el lado de los backs, tanto por el centro de la cancha como en las puntas, tanto por desorganización como por mala gestión en los tackles.
No son como para menospreciar, de todos modos, los dos tries conseguidos en los últimos cuatro minutos. Connotan que el equipo argentino no baja los brazos en la adversidad. Pero eso no alcanza para matizar lo pálido de esta actuación.

Sirvieron, también, para conseguir un punto de bonus. En esta nueva realidad, en la que los compromisos de la ventana de julio están encuadrados en el Nations Championship, sumar en la derrota es un aliciente. Como para destacar, también, la actuación de Tomás Albornoz, que en un contexto negativo fue el argentino más destacado, a la altura del nivel que mostró en los últimos dos años.
Ganar el primer partido de la temporada se transformó en una excepción en los últimos años. Recientemente hubo derrotas, por ejemplo, a manos del conjunto B de Francia (2024) y una goleada en contra ante All Blacks (2023). Esta vez no fue el caso. Escocia jugó a la altura de sus pergaminos recientes (viene de vencer a Francia e Inglaterra en el Seis Naciones) y con esa consistencia hizo pagar a una formación de los Pumas que se mostró desconectada.
Con más rodaje y más entrenamientos, cabe esperar una mejoría. El próximo sábado, en San Juan, Gales ofrecerá otro tipo de oposición. La vara está baja; las expectativas siguen siendo altas.


