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CORDOBA (De un enviado especial).- Desde la mañana la ciudad de vistió de fiesta. Dominaban las vestimentas celestes y blancas porque por las calles del centro muchos llevaban orgullosos la camiseta de los Pumas (en todos sus modelos). Si hasta un vendedor de un local de ropa deportiva del shopping Patio Olmos, desprevenido y para aprovechar la tupida concurrencia, tuvo que apurarse a rearmar la vidriera con los artículos del seleccionado nacional.
Córdoba ignoró el feriado y se movilizó por el rugby, por los Pumas. Familiares de los jugadores -los Contepomi y los Quesada son seguidores incondicionales- y fanáticos de las provincias más cercanas se hicieron una escapada para disfrutar con el deporte que más les gusta. Faltaban más de cinco horas para el kick-off y ya se podía comprobar que estuvo acertada la idea de dejar Buenos Aires, de federalizar un poco más el calendario internacional.
Las impecables instalaciones del Chateau (jamás dejarán de llamarlo así, pese a que oficialmente es el Estadio Olímpico) estuvieron a la altura de las circunstancias. De a poco, las escenografía fue mutando. Estaba asumido que los 46.000 lugares sobraban, pero se cumplieron ampliamente las expectativas con los 25.000 asistentes.
Sin embargo, faltó algo. Comparando lo que sucede en Buenos Aires -en Vélez, en Ferro o en River-, la gente acompañó al equipo de Loffreda y Baetti con su presencia, pero siguió el encuentro demasiado en silencio. No se escucharon cánticos; solamente cuando salieron los protagonistas al campo de juego, desde la platea descubierta partió un tibio aliento. Después, nada. Aplausos tras el Haka fijiano, después de algunas acciones vistosas, pero poco... muy poco.
El show previo estuvo bien dispuesto con una multitudinaria coreografía de bailarinas, el minirrecital del grupo cuartetero La Barra -uno de los que más suena aquí- y la música expulsada por inmensas columnas de sonido.
El entretiempo también ofreció lo suyo: un toque de emoción. El reconocimiento a Diego Domínguez y Alejandro Allub -fue el más ovacionado-, dos de los mejores rugbiers que dio esta provincia, pareció muy justo. El otro acto oportuno del director de deportes de Córdoba, Horacio Manzur, involucró a los deportistas locales que participaron en los recientes Juegos Panamericos. Las distinciones les correspondieron a los que ya están de regreso en casa, como Ezequiel Lázaro (fútbol), Daniel Felicia (tiro), Jorge Lencina y Andrés Loforte (judo), Javier Nicosia (paleta), Anahí Sosa y Antonela Yacobelli (gimnasia) y Jorgelina Cravero (tenis).
En la despedida el clima subió unos grados con el agradecimiento de los Pumas hacia el público, con una especie de vuelta olímpica y algunos souvenirs arrojados desde el campo. El locutor y animador agregó un blooper para la risa de todos, al confundir a Mauricio Reggiardo con Martín Scelzo. Y cuando se recuperó de la carcajada, el ex pilar de Hindú tomó el micrófono para decir una frase sencilla, pero sentida: ¡Gracias Córdoba!
CORDOBA (De un enviado especial).- Tras el triunfo frente a los fijianos, los Pumas no tendrán descanso. Su preparación para el Mundial continuará ahora con el torneo Panamericano, que se disputará en nuestro país. Para ello, el seleccionado nacional quedará concentrado pasado mañana por la noche en el Hotel Sheraton Pilar. El primer partido será el sábado, en Buenos Aires Cricket & Rugby Club, donde se medirá con los Estados Unidos desde las 15, y a continuación chocarán Canadá y Uruguay. Marcelo Loffreda y Daniel Baetti designaron un plantel de 25 jugadores para el primer compromiso.

