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Estar en un Mundial es lo máximo a lo que un jugador puede apuntar y lograr. Es el resultado de tantos años de preparación, de años de lucha, lesiones, malos y buenos partidos, malas y buenas experiencias vividas, tanto en el rugby como en la vida.
Tuve la suerte de poder estar en tres. En el primero, en 1999, era muy chico y no esperaba ir. Debo reconocer que fui un tanto inconsciente respecto de lo que significaba jugar un Mundial y representar a la Argentina.
De esa experiencia no puedo evitar referirme a los problemas que tuvimos: la polémica lista en Escocia, la pelea de los entrenadores, los entrenamientos previos a viajar sin entrenador y, sobre todo, olvidándonos por momentos de lo más importante, el juego. Gracias al grupo y a los líderes pudimos rápidamente dejar atrás todo eso. Pese a la derrota contra Gales, pudimos ganarle a Samoa y, a partir de ahí, el equipo empezó a tomar confianza. Inolvidable fue el partido contra Irlanda. ¡Cómo olvidar el try de Diego Albanese! Y ni que hablar de la defensa que mostramos en los últimos 9 interminables minutos del partido. En vez de la línea del in-goal había un muro...
Por primera vez, los Pumas pasaban a una segunda rueda en un Mundial. Unos días después, Francia nos dejaba afuera, pero nadie nos podría quitar lo que alcanzamos en la noche de Lens. Ese día sentí que una nueva etapa comenzaba para los Pumas.
En 2003 todo fue diferente. Pese a tener un gran equipo, quedamos afuera en el último partido frente a Irlanda por sólo un punto. Ellos se vengaron de lo que había pasado en el 99. Pocas cosas me quedaron de Australia. Buenos recuerdos siempre hay, pero lo que quedó claro es que en lo deportivo fue un fracaso. Cometimos muchos errores; por ejemplo, con la preparación previa al Mundial.
Eso se cambió para Francia 2007. Pensacola fue el lugar donde nos preparamos física y psicológicamente. Fue el punto de partida de un Mundial casi perfecto. Les ganamos a los franceses en el partido inaugural… El equipo dejó todo y tackleó hasta sacarse los hombros. Sabíamos muy bien que ése podía ser el camino para cambiar la historia.
Ni que hablar del inolvidable try que me tocó hacer. Inolvidable también, los tackles de Felipe [Contepomi] y Rorro [Roncero] a [Sébastien] Chabal. Teníamos unos forwards imparables y un solo equipo; no hablo de los 15 que entrábamos en la cancha, sino de los 30, más los entrenadores y el resto del staff.
Vino Georgia, luego Namibia y más tarde Irlanda, en aquel mágico día en el Parc de Princes. ¡Qué tarde la de Juani [Hernández]! Por segunda vez dejábamos afuera a los irlandeses… Siguió Escocia; fue un partido duro, pero por suerte el equipo estuvo presente y Chalo Longo aportó su try para pasar por primera vez en la historia a una semifinal. Ahí nos tocó Sudáfrica y los tries de Habana. Más allá de los errores que cometimos, lo más importante es que el equipo dejó todo y trató de lograr lo inalcanzable.
Si hay algo que no puedo y no podré olvidarme nunca, es de la gente, amigos, familia, conocidos, hinchas y de todos los que estuvieron presentes con nosotros en Francia. Creo que gracias a ellos también fue un Mundial único. Como si fuera poco, jugamos de nuevo contra Francia. Otro día mágico en el Parc de Princes.
Sólo nos queda soñar con que todo esto, o más, se repita.
¡Vamos, Pumas! ¡Vamos, Argentina!


