Super Rugby AU: arrancó la versión australiana con cambios reglamentarios

Fuente: AFP
Alejo Miranda
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3 de julio de 2020  • 12:32

Durante 100 años, el rugby menospreció y hasta discriminó al rugby league. Esta suerte de guerra clasista comenzó a disiparse en 1995 cuando se pasó al mismo bando, el del profesionalismo. En un intento desesperado por paliar la profunda crisis que atraviesa, hoy el rugby union hasta busca incorporar algunos códigos del rugby de 13.

Un primer esbozo de esta transformación, que de profundizarse amenaza con alterar el espíritu mismo del deporte se vivió el viernes, cuando Reds y Waratahs (32-26) dieron comienzo al Super Rugby AU, la versión australiana del certamen hemisférico del cual la franquicia argentina de Jaguares fue parte entre 2016 y marzo de este año y ahora busca un nuevo destino ante el realineamiento que provocó la pandemia.

Allí se pusieron en práctica una serie de modificaciones reglamentarias, dos de las cuales están directamente inspiradas en el rugby league, tendientes a dinamizar el juego. Si bien World Rugby impulsó estos cambios a modo de prueba en varias competencias con el objetivo explícito de cuidar la salud de los jugadores, el fin que persigue la unión australiana (Australia Rugby - AR) es otro: devolverle el atractivo a un deporte que en los últimos años vio cómo el público le daba la espalda y se volcaba hacia otros espectáculos, principalmente a la National Rugby League y en menor medida al Aussie Rules (fútbol australiano).

El Suncorp Stadium de Brisbane, con asientos para 52.500 espectadores, lució enorme para los 5590 fanáticos que volvieron a ver un partido de rugby después de casi cuatro meses de abstinencia. Esta vez, el vacío estuvo justificado por el distanciamiento social que impone la pandemia en Australia, y sólo se permitió la concurrencia de un 10% de la capacidad del estadio. Lo mismo ocurrirá cuando en la mañana del sábado Brumbies y Rebels completen la primera fecha en el Gio Stadium de Canberra. Pero el panorama que devolvió la televisión era similar al que se vive todos los fines de semana en Australia, aun sin coronavirus.

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Todavía en plena negociación con la televisión por el contrato por los próximos años, AR está desesperada por ofrecer un buen espectáculo que mantenga vigente el rugby profesional en ese país. Los 18 millones de dólares que ofrece la cadena Fox parecen insuficientes para sostener tamaña estructura profesional, según reveló The Guardian.

Los equipos australianos son, excepto Sunwolves de Tokio, los peores de los otros cuatro países participantes del Super Rugby y sus jugadores se van cada vez más jóvenes en procura de mejores contratos a Europa o Japón. Haber salido de la órbita de Sanzaar por la parálisis mundial le permite evitar viajes (y derrotas) a Sudáfrica y la Argentina y potenciar los derbies locales. Su máxima aspiración para 2021 es conformar una competencia con los vecinos de Nueva Zelanda, que este fin de semana jugarán la cuarta fecha de su propio Super Rugby (denominado Super Rugby Aotearoa). No le resultará sencillo: en ocho partidos la versión neocelandesa ya demostró tener potencial para sostenerse por sí solo, tanto por la respuesta del público como en el espectáculo desplegado por los cinco equipos.

La mira en la fecha inaugural del Super Rugby AU, entonces, estaba puesta por un lado en los rankings televisivos y por otro en la capacidad de los actores de brindar un buen espectáculo

Un clásico con 140 años de historia como el de Queensland y New South Wales parecía una forma inmejorable de dar el puntapié inicial. Considerando el óxido que todavía arrastran los jugadores luego del parate obligado, que se sumó a una huelga de jugadores reticentes a ver cercenados sus salarios, fue auspicioso en ese sentido. Reds y Waratahs jugaron un partido entretenido que, contra los pronósticos que daban como amplio favorito al local, sólo se resolvió en los últimos cinco minutos gracias a dos penales de James O'Connor. Así, Reds cortó una racha de 11 partidos y siete años sin vencer a Waratahs.

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El juego fue todavía más dinámico a lo que se acostumbra en el Super Rugby, pero antes que por las nuevas reglas esto puede adjudicarse a la mayor agudeza con que los árbitros están pitando el breakdown. Algo que ya se observó en el Super Rugby Aotearoa, que comenzó con muchos penales por partido en esa situación de juego hasta que los equipos se fueron adaptando. Básicamente, el ruck se resuelve en un par segundos, ya sea a favor del equipo que ataca o del que defiende.

Los cambios reglamentarios

Pero también hubo oportunidad de saborear dos de los siete cambios reglamentarios implementados. Casualmente, los dos heredados directamente del rugby league. En el sexto minuto del segundo tiempo, Michale Hooper apoyó dentro de su propio in-goal. En lugar de producirse un scrum-5 a favor del rival, su equipo debió salir con un drop desde abajo de los palos. El objetivo: reducir la cantidad de scrums por partido. Lo mismo hubiera ocurrido si un atacante era detenido dentro del in-goal con la pelota arriba. El scrum es una formación que en el rugby league se realiza sin disputa y uno de los aspectos más conflictivos en la búsqueda de dinamizar el juego por los tiempos muertos que se producen en torno a él, pero a su vez es esencial y constitutivo del espíritu del rugby.

A los 12, el medio-scrum de Reds Tate McDermott ejecutó una patada dentro de su propio campo que picó en el terreno de juego y salió más allá de la línea de 22 metros rival. Resultado: line-out a favor del equipo que atacaba. Lo mismo ocurrió cuando su compañero Bryce Hegarty pateó desde adentro de sus 22 y salió pasando la mitad de cancha, previo pique en el campo. Con esta medida lo que se busca es que las defensas tengan que retroceder y haya más espacios para atacar.

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Otros cambios reglamentarios incluyen alargue de 10 minutos con punto de oro en caso de empate (también copiado del rugby league), posibilidad de sustituir luego de 20 minutos a un jugador expulsado para reducir la incidencia de los árbitros en el desenlace del partido (dos medidas que también adoptó el Super Rugby neocelandés), y la imposibilidad de cantar mark si el atacante ejecutó la patada dentro de los 22 metros del rival, excepto que el defensor la tome dentro de su in-goal.

Tiempo de adaptación a las modificaciones

"Fue difícil acostumbrarse a las nuevas reglas y esta forma de referear el breakdown. Te obligan a estar en movimiento todo el tiempo", dijo Liam Wright, capitán de Reds, tras la victoria. Su opuesto Rob Simmons agregó: "Es bueno para todos. Es bueno para el que defiende si llega rápido a la pelota y es bueno para el que ataca si la saca rápido."

En 1895, un grupo de clubes del norte de Inglaterra se escindieron de la unión local (Rugby Football Union) para crear un nuevo deporte, que denominaron Rugby League, que con el tiempo pasó a jugarse con 13 hombres por equipo. La diferenciación entre los reglamentos se fue acentuando y ambos fueron evolucionando por distintos caminos. Aunque siempre primó la tradición del rugby union, el rugby league supo ganar adeptos al desarrollar un juego mucho más dinámico. No obstante, el punto de mayor discordia ocurría fuera de la cancha: la división se produjo por la necesidad del norte industrial de hacerse profesional, algo que le llevó otros 100 años al rugby de 15. En ese lapso, como bien describe David Hinchcliffe en su libro Rugby's Class War: Bans, Boot Money and Parliamentary Battles, el elitista rugby union discriminó al rugby league, por ejemplo prohibiéndole jugar a cualquiera que hubiese osado hacerlo con los otros códigos.

Desde 1995, en cambio, parecen haber hecho las paces, primero con algunos históricos partidos que enfrentaron a ambos deportes. Se recuerda especialmente el famoso triunfo de Wigan en el Middlesex Sevens de 1996 tras vencer en la final a Wasps en Twickenham. Jason Robinson, que integraba aquel famosos equipo de rugby league, luego sería campeón mundial con el seleccionado de la Rosa. También Andy Farrell, padre de Owen y actual head coach del seleccionado irlandés de 15. Otros jugadores que pasaron del league al union fueron Sonny Bill Williams, Israel Folau (ambos hoy de regreso a sus orígenes), Chris Ashton o el fijiano Semi Radradra.

Ahora, con el público alejándose de las canchas, con las uniones agonizando, con la televisión recortando sus aportes (como ocurre en la Argentina, factor decisivo en el desmembramiento que atraviesa Jaguares), el rugby imita al rugby league también dentro del terreno de juego. Sin alterar su esencia, al menos por ahora.

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