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LA PLATA.- Fue una verdadera fiesta del rugby. Las dos hinchadas colmaron de color una tarde casi veraniega. Desde muy temprano, cientos de personas se acercaron hasta La Plata Rugby para vivir una jornada a puro deporte, que tuvo su plato fuerte con la finalísima entre el SIC y Alumni.
Bombos, redoblantes, murgas, globos y papelitos sirvieron para que las 10.000 personas presentes alentaran a los suyos. El comportamiento también fue para destacar. En tiempos en que las barras bravas del fútbol son noticia por cuestiones ajenas al deporte, ver a las dos hinchadas compartir una tribuna sin incidentes es destacable.
La Plata fue el destino final de las procesiones de los hinchas. En Tortuguitas, la cita fue a las 12. Tanto los juveniles como los del plantel superior se juntaron en el club, hicieron hamburguesas y pizzas para todos, y empezaron desde temprano motivándose con cantos, cotillón y pintura. En paralelo, una cadena de mails entre todos los hinchas ajustaba los últimos detalles de vestimenta. A las 16 salieron cuatro colectivos, con mujeres y familiares de los jugadores incluidos, quienes comentaron que se gastó "muchísima plata entre la hinchada y la fiesta". Eran las 17.15 y se escuchaban los cantos de Alumni desde el Camino Centenario. Los ómnibus venían en caravana, y se veían brazos apuntando al cielo desde las ventanas. Una murga amiga de los hinchas, "Los elegantes de Manuel Alberti", hizo sonar trompetas y tambores.
En San Isidro, la consigna fue encontrarse a las 14.30 en el club, desde donde saldrían tres colectivos con los fanáticos que aportaron 10 pesos. La barra del SIC fue la responsable de la organización y colgó tirantes en las gradas, repartió banderas y tocó sus instrumentos durante todo el partido. Llegaron a La Plata a las 17.30 para hacer una entrada triunfal a la cancha, con bombos y redoblantes. Así, separadas por escasos dos metros y sin violencia, las dos parcialidades tiñeron la final con sus colores.



