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El rugby no es un fin en sí mismo sino un medio. Un medio para disfrutar, para educar y educarse y para relacionarse." Las palabras de Carlos Veco Villegas, de cuya trágica muerte ayer se cumplieron 25 años, no han perdido vigencia. El juego del rugby, más allá de sus constantes transformaciones, sigue siendo tal cual lo definía siempre el Veco, porque lo que no cambió fue la esencia. Me ha tocado estar en varias mesas donde ante distintas circunstancias por las que va pasando el rugby argentino se formula esta pregunta: "¿Qué diría el Veco?" Imposible saberlo, por cierto. En rigor, es algo que solemos repetirnos en otros ámbitos y con otros personajes que ya no están en la tierra sin lograr tampoco respuestas. ¿Acaso importa qué diría? ¿No tiene más valor tratar de llevar adelante ese legado, que no es otro que el del mismo juego del rugby?Villegas, a quien José Javier Tito Fernández definió alguna vez como "un tipo incomparable", decía que el rugby "es una actividad que va más allá que la de jugar en sí", y se refería siempre a los tres tiempos: "El primero es el período que los jugadores le dedican al juego en la semana. El segundo es el partido en sí mismo y el tercero es el más importante de todos; es el del reencuentro con los oponentes y el árbitro luego de la batalla; es el del agradecimiento mutuo por haberse ayudado a disfrutar del juego".El Veco era, entre otras tantas cosas, un cultor del respeto al oponente y al árbitro. La razón sigue siendo muy simple: sin ellos no hay posibilidad de jugar el partido. No es un axioma exclusivo del rugby. Todos los deportes nacieron así. Es el concepto del juego. Sólo que el rugby lo sostuvo mucho más en el tiempo que otros y aún lo lleva como bandera. Más: se inculca todavía a los chicos en cualquier club.Acompañado casi siempre por Maricha, su mujer, que también murió en aquel vuelo que una madrugada del domingo 12 de junio de 1988 iba rumbo a Misiones, adonde estaba invitado a unas actividades de rugby (¿qué otra cosa, si no?), el Veco Villegas era muchísimo más que un genio del scrum, como algunos lo recuerdan; era un hombre que podía quedarse horas y horas explicándole el juego a un ignoto. Tuve la suerte de verlo con un taxista que lo había llevado a un entrenamiento de los Pumas en Hindú, en Don Torcuato. Generoso, como lo es la esencia del rugby.Hoy, el rugby doméstico está poniendo en peligro esa esencia en varios episodios preocupantes que se repiten ya con alarmante frecuencia. Uno de ellos es la violencia; el golpe artero. Volvió a suceder el sábado en un partido de Intermedia entre San Martín y Newman. Un pilar de Pacific recibió una trompada y perdió un ojo. Lo más importante ahora es que se pueda recuperar lo mejor posible, pero también lo es que este episodio no quede sólo en un repudio, y que tanto su club como la URBA actúen en consecuencia.También podemos escribir sobre los gritos, las descalificaciones por sobre el debate de ideas, los negocios, el marronismo, cierta desesperación por ganar y algunas otras actitudes que a veces, y cada vez más, llevan al rugby a parecerse a deportes a los que nunca quiso parecerse. Por eso, siempre vale recordar lo que decía y hacía el Veco Villegas. Se necesitan muchos más que lo sigan.



