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El carácter impredecible del fútbol le cabía a todo el mundo, excepto a Barcelona. Ganaba siempre. La MSN (Messi, Suárez, Neymar) trituraba defensas con arte y contundencia. Hace unas semanas, el Barça batió el récord histórico del club al encadenar un invicto de 39 partidos. Iba hecho un cohete. Arrollaba en la Liga de España, en la que hasta dos fechas atrás le llevaba nueve puntos de ventaja al Atlético de Madrid y diez al Real Madrid. Parecía una competencia sentenciada. Hasta sus rivales directos sacaban la bandera de rendición.
Vino el paréntesis de dos semanas por la fecha FIFA y ni Barcelona ni Lionel Messi volvieron a activarse. Los clubes europeos suelen hablar de "virus FIFA" por el desgaste y riesgo de lesiones que soportan los futbolistas que acuden a sus selecciones. Si es cierto ese diagnóstico, a Barcelona acusa el virus del debilitamiento.
Ayer perdió 1-0 en Anoeta ante Real Sociedad. Hubo una gran figura argentina que no fue Messi ni Javier Mascherano. Fue el arquero Gerónimo Rulli, que justificó ampliamente que sea el elegido por Gerardo Martino para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. El arquero del equipo de San Sebastián se levantó como el último escollo insalvable para Barcelona. En el primer tiempo sólo fue exigido por un remate de Arda, pero en el segundo voló de un lado a otro, arriba y abajo, para desviar un puntazo y un cabezazo de Messi, un remate al ángulo de Iniesta y un tiro libre a la escuadra de Neymar. El ex guardavalla de Estudiantes hizo valer el gol de cabeza de Oyarzábal en el primer tiempo. A Rulli sólo le hubiera faltado despejar algún intento de Luis Suárez, cuya ausencia por suspensión no hizo más que agrandar la importancia de su eficacia cuando al equipo se le atraviesan los partidos.
En una semana, a Barcelona se le encendieron las alarmas. Desde la caída en el Camp Nou ante Real Madrid, que con un jugador menos revirtió un 0-1, pasando por un 2-1 al Atlético de Madrid que estuvo muy supeditado a la temprana expulsión de Fernando Torres, hasta esta derrota que reabre una Liga que se intuía cerrada. Quedan seis jornadas y la distancia se redujo a tres puntos sobre Atlético de Madrid y a cuatro sobre Real Madrid. Iniesta admitió: "Teníamos un colchón para permitirnos algún error, y ya los cometimos casi todos".
Algunos observadores venían advirtiendo sobre el decaimiento, como Jorge Sampaoli expresó: "Se convirtió en un equipo muy dependiente de las individualidades. Pero lo más grave es que sufre mucho en defensa. En todos los partidos le hacen goles".
Messi fue figura en las eliminatorias en Chile y ante Bolivia. Se subió al avión de regreso a Europa con el contador personal a un gol de los 500 en su carrera en primera. Pasaron tres partidos, con sólo cuatro remates entre los tres palos. Suma cuatro encuentros sin convertir por la Liga de España, una sequía que no padecía desde 2009. Su 2016 era pletórico hasta el 16 de marzo, cuando con un gol a Arsenal (Liga de Campeones) acumulaba 24 tantos en 19 partidos en este año. También disminuyó en asistencias, rubro con el que completaba una contribución global al funcionamiento del Barça. Los declives de Messi no suelen ser muy extensos; resurge más temprano que tarde con actuaciones descollantes. Siempre hay que esperarlo a que se exprese en la cancha, medida para intuir si la revelación pública de su nombre en la investigación Panamá Papers le afecta el ánimo o le resta concentración. De ser así, Messi siempre encuentra en el fútbol el mejor antídoto.
De pocos lados el rosarino se va más de una vez frustrado como ocurre con el estadio de Anoeta. A principios de 2015, también hubo una victoria 1-0 de Real Sociedad, que empujó a Barcelona a una crisis que fue más corta de lo pensado. Aquella vez, Messi, que había regresado de las Fiestas de fin de año, fue suplente e ingresó en el segundo tiempo. Su malestar con Luis Enrique lo dio a entender con su ausencia a la práctica siguiente. Fue despedido el director deportivo Andoni Zubizarreta y Xavi medió para apagar el incendio entre Messi y el entrenador. A la semana siguiente, Barcelona le ganó 3-1 al Atlético de Madrid, con un gol de cada uno del tridente, y enfiló derecho al triplete. El miércoles, en el desquite de los cuartos de final de la Liga de Campeones, el Barça volverá a encontrarse con el bravo Atlético de Madrid, la clase de rival que permite saber si sigue en problemas o reacciona con una solución.



