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Belén Casetta y Florencia Borelli son dos de las representantes argentinas destinadas a continuar con el legado que dejaron Sandra Torres, Griselda González, Elisa Cobanea y tantas otras atletas argentinas. Un legado que, diferencias al margen, se inició en 1948 con la medalla de plata de una jovencita de 24 años llamada Noemí Simonetto en la prueba de salto en largo. Un legado que próximamente María de los Ángeles Peralta asume que les cederá. "Tanto Flor como Belén son presente y futuro. Están destinadas a ser dos de las mejores fondistas argentinas. Tienen todo: talento y dedicación. El futuro, su futuro, están en sus manos y depende de ellas. A ambas, cada una a su manera, les corre entre sus venas lo mismo: pasión por el atletismo", dice Marita. "No descubro nada en mencionarlas a ellas. Pero en los últimos tiempos hicieron todo muy bien. Son jóvenes, inteligentes y están bien dirigidas", continúa la maratonista que estuvo en Londres 2012 y en Río 2016.
"Lo emocional juega un rol muy grande. Más grande de lo que uno se pueda imaginar. Y ellas tienen todo para ganar", analiza Daniel Díaz, entrenador junto con Leonardo Malgor de ambas atletas. "Ellas saben lo que tienen que hacer. Ya son grandes y deben tomar decisiones. Uno intenta generarles desde chicas el compromiso para que tengan opciones para elegir. El atletismo como medio de vida no es sencillo en este país. Puede correr cada vez más gente, pero ser atleta de elite es algo distinto. Ni mejor ni peor. Distinto", enfatiza Malgor.
Florencia y Belén son presente y futuro. Están destinadas a ser dos de las mejores fondistas argentinas. Tienen todo: talento y dedicación. El futuro, su futuro, está en sus manos y depende de ellas
Juntas, Florencia y Belén suben la famosa loma de Santa Cecilia, en Mar del Plata. Lo hacen varias veces para más tarde trasladarse a Parque Camet. "¿Así está bien? ¿Salimos bien?", le pregunta Belén al fotógrafo de LNCorre, quien les muestra las fotografías a través del display de su cámara. No se ven en su plenitud pero se logra percibir el espíritu de cada una de las imágenes. "Es parte de nuestro oficio. Atender a todos los medios también es adaptarse a los tiempos actuales", sentencia Florencia. "Antes mucho no me gustaba, pero es importante saber que el impulso que le dan los medios de comunicación a nuestras carreras nos aportan gran visibilidad y debemos ser generosos", se suma Belén.
Juegan, se ríen, se divierten. Aceptan el desafío de volver a subir una vez más la loma. Y de nuevo, avanzan raudas hacia abajo. En todo momento muestran gran disposición. Por un buen rato se visten de atletas sin otra obligación que correr.

Cuando Florencia Borelli ganó la media maratón de San Francisco, en octubre de 2013, la atleta tenía apenas 20 años. Ese golpe deportivo la puso en la consideración de propios y extraños. Si bien ya era una atleta conocida, ganar en Estados Unidos le dio un impulso a su carrera deportiva. Las notas y entrevistas se multiplicaron. Florencia hasta pasó con holgura una divertida charla en el programa Pura Química (en Espn). Tras su triunfo se animó a decirle a LA NACION: "Mi sueño es representar al país en la maratón de Río. Me siento fuerte para lograr la marca. Vamos a ver si Leo me deja".
Sin embargo, ese deseo quedó trunco. O, mejor dicho, postergado. En junio de 2014, empezó a notar cambios en su cuerpo, incluso en su estado de ánimo. "Sentía que me pesaba el cuerpo. Me hice una ecografía y ahí estaba el porotito de Milo", recuerda. "Fue un cambio notable porque estaba con la cabeza en un objetivo. Me sentía muy bien, estaba corriendo muy bien y el embarazo no hizo otra cosa que alejarme momentáneamente del atletismo activo".
Milo llegó el 15 de marzo de 2015 y en febrero de este año dio un paso más: se casó con Facundo, su novio y papá de Milo. "Uno va construyendo la vida, su vida, a medida que pasa el tiempo. Soy así, de adaptarme a los cambios", dice. "Creo que la fortaleza física y mental y la entereza para afrontar los cambios son los valores principales que destacan a Flor", advierte Mariana, su hermana melliza y especialista en pruebas de medio fondo.

Proveniente de una familia en la que el deporte es el hilo conductor, Florencia llegó al atletismo a los 9 años. "Desde chica fui incorporando las cosas que me inculcó Leo [Malgor], el único entrenador que tuve. Valores, maneras de actuar, dar todo y no quedarte con nada en cada entrenamiento y en cada carrera fueron la base sobre la que Leo me formó", cuenta Borelli. Y agrega: "En esa época, sin darnos cuenta, jugábamos a ser atletas. Hoy es distinto. Cambia el foco pero se mantiene la esencia de lo que nos piden en cada entrenamiento".
Si en 2013 soñaba con el maratón olímpico de Río, hoy su foco se modificó, un poco. "Hasta hace poco la idea era buscar la marca para Tokio en maratón porque es una distancia en la que me siento cómoda, pero con Leo resolvimos buscar antes una oportunidad en los 10.000 metros. Es complicado pero no imposible. Por eso, en 2017 voy a correr mucho más en la pista", revela la mamá de Milo que se visualiza en 2020 con su hijo en brazos (que para ese entonces tendrá poco más de 5 años) pisando el tartán del estadio olímpico de Tokio. "Con trabajo y dedicación se puede. Ser madre no es ningún impedimento para no hacer algo. Al contrario, Milo me da un propósito muy importante para continuar, para luchar. Es muy largo el proceso. No tiene que ver con el nivel del año solamente. Tiene que ver con todo, con lo deportivo y lo extra deportivo. La vida, en todos sus órdenes, se trata de dar batallas y tener actitud. Mi hijo me hizo más fuerte. Sufrí mucho en el trabajo de parto. Y si eso fue tan duro y doloroso no hay nada que pueda equipararse a ese dolor. Nada".

La vida se trata de dar batallas. Mi hijo Milo me hizo más fuerte. Sufrí mucho en el trabajo de parto y no hay nada que pueda equipararse a ese dolor
Para Belén el estudio es tan esencial como realizar sus entrenamientos en doble turno. Cada mañana, a las 6 puntual, sale a realizar la primera sesión. "Ya me acostumbré. Es parte de mi rutina diaria. Antes, a eso de las 4, me levanto para estudiar y adelantar lo que más puedo las cosas de la Facultad. Lo más difícil de correr es la exigencia. Es mantener el ritmo de cada entrenamiento y hacer las cosas bien para mantenerme siempre activa", refiere Belén.
Mientras cursa 3er año de Medicina en la Universidad Fasta, Casetta rescata y valora el apoyo que la casa de altos estudios le otorga. "Me dan muchas oportunidades, me ayudan porque saben lo que significa esta carrera para mí. No me lo tomo a la ligera. Estudiar es una elección de vida. Las concentraciones y los viajes hacen que deba hacer la carrera de manera más pausada", describe la atleta de 22 años. Mientras muchos chicos de su edad salen y se divierten, Belén elige la rigurosidad horaria y decide como si fuera una adulta. "Belén no parece de la edad que tiene. Es muy madura. Desde chica se notó eso en su actitud y temple para correr. Tiene muy en claro cuáles son sus prioridades", dice su amigo y ultramaratonista Manuel Méndez. Manuel la ayudó mucho en 2015 cuando falleció Edgardo, el papá de Belén. Muchas veces la pasaba a buscar para ir juntos a correr. La excusa de correr tenía como meta sacarla un poco a pasear para que se despejara. "Estar en los Juegos [Olímpicos] de Río fue un premio para mi papá. Corro porque él me incentivó", confirma.
Belén siempre supo que el deporte era una válvula de escape. Sus padres no sabían cómo mantenerla quieta, entonces la llevaron a practicar básquetbol, gimnasia artística, tenis y cuanta actividad le demandara una descarga física. "El tenis era el deporte que más me gustaba pero llegó un momento en el que no lo podíamos pagar. Ahora que lo pienso, me da pena. Era insoportable de chica. Necesitaba hacer siempre algo, no paraba. Hasta esperaba que a la tarde se durmieran mis papás para escaparme por la ventana a jugar con los chicos del barrio". Su actitud "hiperquinética" no conocía de respiros ni descansos. Trepar árboles, andar en bicicleta en la plaza José Hernández eran actividades comunes para esa chiquita que nada sabía sobre de atletismo.
Una mañana Edgardo vio un cartel que promocionaba una mini maratón para chicos. Era la Mini Maratón Apand, una prueba de 1200 metros. Belén se entusiasmó tanto que su papá la entrenó a su modo. "Me hacía trepar en el pasamanos, me daba distintos tipos de abdominales. Yo era una nena de 12 años, pero si mi papá me decía que me tenía que tirar al mar, lo hacía", rememora. El día de la carrera, en pleno estadio Justo Román, Belén hizo lo que más quería: sacarse las ganas de correr, correr fuerte y sin parar. Corrió tan bien que ganó la carrera de punta a punta.

Un triunfo, es verdad, suele funcionar como disparador. Algunos pueden tomarlo como el inicio de algo nuevo. Otros, como una simple anécdota. Belén define esa victoria como el inicio de todo para arrimarse definitivamente al mundo del atletismo.
Un paso más fue llegar al equipo de Leonardo Malgor. "Leo me marcó definitivamente". Si bien esa carrera fue un cimiento, empezar a correr, saltar y lanzar como excusa le cambió el foco de la vida. "Nadie en mi familia había hecho antes atletismo y yo me convertí en una atleta. Pasé de jugar a correr a competir en un Juego Olímpico", lanza Casetta. Su caso deja en evidencia que no siempre la gestación, en este caso deportiva, debe venir inexorablemente desde el ADN familiar. "A esa edad no tenía idea de lo que era este deporte. Hoy me devoro cuanto video encuentre de 3000 metros con obstáculos", afirma.
Salidas, juntadas (tal como le dicen los chicos ahora), cumpleaños y fiestas. Para ser deportista de elite, en este caso atleta, resignar es una palabra que aparece a diario en su vocabulario. "Aprender a decir no es vital para quien intente asumir en su vida convertirse en un atleta de elite", resume Díaz, el coequiper de Malgor.

"En mi caso no me gusta mucho salir. Menos ahora que soy mamá de un bebe ya que eso se hace más complicado. Me gusta salir a tomar algo, pero prefiero quedarme en casa", indica Florencia.
En cambio, a Belén le gusta salir con sus amigas, aunque ellas saben que sus horarios no son iguales y la acompañan en el camino que eligió. "Dejé de lado las salidas, las juntadas con amigas que van a bailar o a cenar. Eso, en mi caso, es un sacrificio. Sobre todo, las juntadas porque los sábados y domingos entrenamos igual. Y los domingos se hacen fondos largos. Me pasó alguna vez de seguir de largo y los entrenadores siempre se dan cuenta. La clave es estar activos. Igual, ellos se dan cuenta”, se expone Belén con absoluta naturalidad.
Su vida no es igual pero tienen mucho en común. Belén y Florencia prefieren correr y entrenarse en doble turno antes que salir a cenar o a bailar con amigas. Resignan convencidas de que el premio siempre está al caer. Como ellas mismas resumen, "la vida se trata de elecciones y renunciamientos". Ellas eligieron su destino y, día a día, marcan con la fuerza de sus zancadas el camino que las más felices las hace: el del atletismo de elite.


