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Pablo avanza y no duda. Corre. Corre rápido, corre fuerte. Entrena todos los días y cada tres semanas tiene una ultra. Entre abril y diciembre de 2015, sumó más de 1400 km solamente en competencias. Siempre está entre los favoritos, su nombre resuena y una vez más sus resultados dan que hablar en el mundo. Ya hace varios años, vive en Italia, exactamente en Carbona: un pueblo en la montaña, de no más de 200 personas. Pero, incluso pudiendo elegir, sigue representando a la Argentina. El 30 de septiembre completó por segunda vez el mítico Espartatlón: la ultra de 246km que une Atenas y Esparta. Finalizando en 27h4m5s, se quedó con el 12° puesto en la general.
“La experiencia del año pasado me sirvió para conocer el terreno y saber lo que vendría”, comenta. “Esa edición arrastraba un esguince del UTMB y fue terrible. Este año prioricé el Espartatlón. Estoy feliz con el resultado”, agrega. Pablo bajó 2h30m su marca anterior y hoy es el argentino con mejor tiempo en esta prueba.

La carrera es un circuito mayormente de calle, con algunas pendientes y ondulaciones en el terreno. Su exigencia física es altísima. Como entrenamiento específico, un mes antes el atleta sumó fondos de 30 y 40 km al mediodía, en el horario de sol y calor más fuerte. Además, para curtir la piel y evitar la fiebre, corría en cuero.
Para poder inscribirse en el Espartatlón hay algunos requisitos: como haber corrido 100km en menos de 10h30m, y haber completado alguna prueba de 200km. Aunque esto no fue para un problema para Barnes, está claro que el Espartatlón no es para cualquiera. Sin embargo, él nos cuenta que es carrera especial, que mezcla las emociones de un desafío al límite con un halo de historia y misticismo. “Es una carrera con muchos rituales”, dice Pablo y suma detalles: “Cuando terminas te recibe el Rey Leónidas y le besas los pies a la estatua. También se acercan las griegas, y te dan de beber agua del mismo río donde tomo Filípides”.

El circuito de la carrera recrea, precisamente, los pasos de Filípides: un mensajero ateniense que fue de Atenas a Esparta pidiendo ayuda para la Batalla de Maratón. En 1892, cuatro soldados británicos viajaron para saber si era posible completar el recorrido en un día y medio, como se decía había hecho el soldado. Desde ese año, generalmente el último viernes de septiembre, se realiza el Espartatlón. El circuito parte de la Acrópolis de Atenas, y avanza por la costa hasta Corinto, pasa por Nemea (donde está el templo de Apolo), Lyrkia y, como pequeño trayecto de montaña, alcanza la cima del monte Partenio.

En cuanto a la alimentación para el Espartatlón, indica que alternó geles, barritas y sales en polvo, con algunos grisines, sándwich de queso y focaccia. Hacía mucho calor, y puso especial atención en mantenerse hidratado. “Después del km 100. Estaba con escalofríos y se me cerró el estómago, solo pudo seguir ingiriendo agua y algunos sorbos de gaseosa”, detalla. Además del entrenamiento, como estilo de vida Pablo mantiene hábitos muy naturales: es vegetariano, evita remedios y antiflamatorios, y solo se suplementa según las necesidades que tanto exigencia requiere (fundamentalmente aminoácidos).
El Espartatlón representa para cualquier atleta un esfuerzo orgánico enorme. “Estoy haciendo lo posible para recuperar los músculos. Este fue un buen año y el Mundial ya está encima”, cuenta el atleta, que sin perder tiempo, volverá a representar a nuestro país en Portugal.
Por Yasmín Jalil.




