

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.

La primera pregunta que surge siempre es por qué. ¿Por qué someter al cuerpo a una tortura consistente en nadar 10km y luego rodar 145 km el día 1, pedalear 275 km el día 2 y, como frutilla del postre, correr una doble maratón, ¡sí 84km!, el día 3? La respuesta es fácil: ¡Porque quiero y puedo!
Pero la verdadera razón va más allá.
Los organizadores tratan y logran mantener el espíritu que existía durante los primeros años del Ironman y que se perdió al masificarse. Este espíritu familiar y de camaradería se basa en tres principios que sostenían los antiguos hawaianos: Aloha, Ohana y Kokua.
Aloha significa amor, pero no el amor de pareja sino el amor en sentido amplio, el amor por el prójimo.
Ohana significa familia. Tanto atletas como tripulaciones, formamos una gran familia y siempre se le da la bienvenida a los nuevos integrantes independientemente de la posición en la que hayan terminado. Todos valen lo mismo.
Kokua, significa ayuda en toda su extensión. Cada atleta, cada miembro de la tripulación está para ayudar al otro. Si un atleta está en problemas, no es sólo su tripulación quien va a ayudarlo sino que lo hacemos todos. Se deja de lado la competencia en función de eso.
Y por esto es que vuelvo una y otra vez. Es donde más cómodo me siento, además de ser mi distancia favorita.
Era la edición inaugural en Australia y no me que lo quería perder, aunque por asuntos personales casi ocurre.
Pude viajar unos días antes pero no los suficientes para sacarme de encima el jet-lag. En todas las carreras que hice en Australia, mis tiempos se fueron una hora sobre lo usual debido a esto. Este Ultraman no iba a ser la excepción y se le agregó otro condimento que fueron las trepadas, que resultan difíciles de encontrar en Buenos Aires como para poder entrenarlas.
Noosa es un lugar increíble, tan lindo que por momentos hacía olvidar lo que estábamos sufriendo.
La playa cuenta con una red para dejar afuera a los tiburones. El mar estaba calmo y no fue difícil cubrir la distancia excepto por mi Garmin que marcó los 10k antes de tiempo y eso influyó en mi cabeza. Pensé que ya estaba pero faltaba un km. Paciencia, ¡y a entrenar más!
Los 145 km de bici estuvieron bastante picantitos, especialmente entre el km 40 y el 110, pero terminé con margen. En total fueron alrededor de 1700 metros acumulados de trepada.
Voy mentalizado a terminarlo cueste lo que cueste. Hay que pasar el mal trago y eso requiere mucha cabeza. Me lo tomé con soda. Fui muy tranquilo; creo que fui en último lugar gran parte del día hasta que empecé a hacer cálculos y vi que si no levantaba el ritmo, corría el riesgo de no terminar dentro de las 12 horas reglamentarias. Es notable como andaban de fuerte los australianos, se notaba claramente la diferencia que existe al entrenar en ese escenario. Además, por supuesto de su mejor estado atlético y su no jet-lag residual.
La trepada acumulada del día estuvo cerca de los 2800 metros.
Sabía que las cuestas de los días anteriores y las que íbamos a encontrar corriendo no me iban a permitir hacer un sub 8 horas para los 84 km. Me fijé entonces una meta más cómoda y fue hacer sub 9. Estaba cansado, no había entrenado tanto y con solo terminar me alcanzaba.
Largué cómodo y fui a ritmo sostenido. Llegué a la marca de la maratón unos minutos antes de las 4 horas, ya empezaba la cuenta regresiva. "Solo" quedaban dos media maratones…
Y así descontando kilómetros de a uno, me fui acercando a la meta. Lo picante estuvo entre el km 70 y el 80 donde las mismas cuestas que tuvimos a la ida ¡Ahora parecían más empinadas! Las tuve que caminar y a partir de ahí levanté un poco la velocidad para terminar cruzando el arco en 8 horas 48 con la celeste y blanca bien arriba.
¡Súper contento! Ultraman número 10 que finalizo con gran satisfacción como todos los otros. Es casi imposible describir esa sensación única al llegar a meta. Hay que estar ahí para entenderlo.
Faltaba al día siguiente la entrega de premios en donde como es tradición, pasamos todos, desde los que no terminaron hasta el que llegó primero (en ese orden) y hablamos unos minutos cada uno comentando nuestra experiencia en esos días. También agradeciendo a nuestras tripulaciones por su apoyo, sin el cual no lograríamos llegar a la meta. Es muy emotivo y contribuye al sentido de Ohana.
En Argentina no le damos mucha importancia a las estadísticas. Los anglosajones sí, y siempre comentan que mientras al año más de 60 mil personas corren un Ironman, desde 1983 sólo han terminado un Ultraman 634 individuos (518 hombres y 116 mujeres). Si tomamos en cuenta a los que han hecho más de uno, el total sube a sólo 1106 (910 hombres y 196 mujeres).
Al ser un atleta promedio que llega en el montón, estas estadísticas sólo sirven para que compense eso y tenga algo para contar como haber sido el primero en terminar tres Ultraman en un año (Canada, UK y Hawaii en 2011). Además, al haber finalizado UM Australia, soy el único que ha hecho los 5 (Hawaii, Florida, Australia y dos que no son más oficiales: Canadá y UK); situación que seguro cambiará el año próximo.


