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Día a día, el número de personas que eligen el running como actividad deportiva para mantenerse en forma, aumenta exponencialmente. Sin embargo, en los últimos años el power walking fue ganando adeptos. Pero, ¿en qué consiste esta práctica?
El power walking es una disciplina un tanto menos exigente que el running y apta para más gente. Esta actividad consiste en caminar pero a un paso ligero. No se trata de un paseo relajado mientras se disfruta del paisaje sino que es una caminata de alta intensidad que equivaldría más a un entrenamiento que a un recorrido recreativo sin objetivos deportivos.
Para los profesionales, el power walking tiene una gran cantidad de beneficios ya que ayuda a aumentar la masa muscular, la flexibilidad y la capacidad cardiorrespiratoria y permite, así, optimizar el funcionamiento general del organismo. Entre otros puntos a favor, este ejercicio ayuda a controlar la tensión arterial, a disminuir el peligro de sufrir enfermedades coronarias, y evita la aparición de nuevos episodios a personas con cardiopatías.

Esta caminata intensa previene riesgos de enfermedades respiratorios, retrasa la osteoporosis, contribuye a la pérdida de peso, de la grasa corporal y mejora la respuesta inmunológica ante infecciones o agresiones de distinto tipo. En sí, el Power walking propone caminar teniendo en cuenta cambios de ritmos, la pisada, los movimientos, la respiración y hasta postura, entre otros. Un entrenamiento de este tipo, que consiste en diferentes intervalos de trabajos (con distintas velocidades y ritmos) en los que no dejas de caminar, dura entre 45 y 60 minutos
En general, en cada sesión se recorren más de 5 kilómetros a un ritmo de 9.15 minutos por kilómetro. Esto permite quemar alrededor de 400 calorías por encuentro. Al caminar es muy fácil mantenernos en nuestra zona de quema de grasa, que se encontraría entre el 65 y el 75% de nuestra frecuencia cardíaca máxima: cuando corremos, las pulsaciones se nos suelen ir bastante de las manos, trabajando más en la zona anaeróbica.

