

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.

Correr siempre es bueno, hace bien, te ayuda a saber más sobre vos mismo y contribuye a que tus pensamientos sean positivos. Pero correr por las calles de Zapala, Neuquén, la ciudad donde nací y donde pronto quiero volver a vivir, y en una prueba que organizó el club cuyos colores tu viejo, Armando Arregui, defendió con alma y vida a nivel nacional en la década del 70´, sinceramente era especial.

La flamante comisión directiva del Tiro Federal Zapala, club pionero en la provincia del Neuquén, organizó una competencia callejera de 10 kilómetros para celebrar su 99 aniversario, cuya última edición había sido en los años 70´y donde mi viejo había ocupado uno de los escalones del podio. Aquella vez terminó segundo.
Sinceramente sobraban los motivos para estar presente sin importar el viaje (a las 6 am), sin tener en cuenta que debía que volver directo a trabajar (a las 16), ni mucho menos que mi estado atlético está lejos de ser óptimo. La idea era estar. Participar para colaborar con una joven y pujante comisión directiva, para correr con amigos, para encontrarme con viejos conocidos y más que nada para intentar correr por las calles de la ciudad donde me crié y donde mi viejo había ganado las más importantes carreras del primer tramo de la década de 1970.
La prueba, si bien no fue la más numerosa, contó con un buen número de participantes y esto es un gran estímulo para soñar con una corrida multitudinaria para los 100 años.
En la previa se podía ver a los organizadores trabajando en cada detalle. Por momentos preocupados por un corte de luz, pero intentando solucionar hasta cuestiones que no dependían de ellos.
Todo se acomodó, la cuenta regresiva se puso en marcha, el público acompañó esa espera con aplausos y cerca del medio día los participantes pusieron sus pies en marcha.
El trazado que diseñó la organización fue encantador. Nos llevó por lugares especiales para los zapalinos: Monumento a caídos en Malvinas, lado viejo del pueblo, Escuela Uno, ferrocarril y hasta pasé corriendo por la puerta de mi jardín de infantes (el número 8). De a poco la avenida San Martín se puso cuesta arriba, el humo de una feria de cocina entró en escena y cuando el cansancio tomaba protagonismo, apareció mi viejo para darme algo fresco y entregarme los mejores consejos de carrera.
Se venía la rotonda, ese icono zapalino donde todos alguna vez nos sacamos una foto. Lo que era subida se hizo bajada y la querida escuela Normal nos miraba cuando encarábamos nuevamente la San Martín.
Los aplausos de la gente empujaban con fuerza, de pronto algún viejo conocido te hacía sentir su apoyo o simplemente te recordaba que "tenes que entrenar para no sufrir tanto".

La corrida era un paseo de domingo. Simple, tranquilo, cálido y en compañía de gente conocida. Sin darte cuenta ya estabas dando la vuelta final. Los lugares eran los mismos, pero los rostros de los que corríamos eran diferentes. Cansancio, dolor y el más lindo sufrimiento estaban grabados a fuego en las caras de los que portaban remeras verde.
La avenida Roca nos avisaba que ya estábamos terminando, la plaza del Pino Azul nos preparaba para entrar a la recta final y un simpático locutor (el querido cordobés Jaime, ahora conocido como Viru) nos recibía con buen humor.
Mi reloj marcó 43 minutos y 45 segundos, pero mi cara marcó la satisfacción por haber completado una carrera hermosa. Una prueba que compartí con mi hermano, en compañía de amigos, con el aliento de los más cercanos (Luciana, Nadia -con Franquito en camino-, Marta y el FeDe) y con los consejos del Pelado (mi viejo), que me entregó esa información vital para correr mejor, para llegar más rápido y para nunca bajar los brazos.
Por esto y por muchas cosas más es que sobraban los motivos para estar presente en la corrida por los 99 años del Tiro Federal Zapala.
Por Sergio Arregui.

