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Dos personalidades. Por un lado, Ayrton Senna y su trascendencia. Del otro, Christopher Hilton, con seguridad uno de los escritores de corte deportivo más certeros de la última década. El producido es un fantástico libro (As time goes: según pasa el tiempo) que le permite a uno volver a introducirse en un momento encantado de la Fórmula 1, cuando entre el brasileño y el francés Alain Prost, una dura batalla ponía en un cono de sombra a la misma F.1. Tan grande era lo que ambos tejían para derrotarse mutuamente;tan duras eran las exigencias que se generaban a sí mismos, teniendo por enemigo al otro, con exclusión absoluta de todo lo demás. Paradójicamente, el libro encontrará su más alto nivel entrando en el presente cuando el autor, después de investigar a fondo episodios claves, recurre a un hombre fundamental. Ron Dennis.
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Hilton sabe interrogar y escuchar mejor, todavía. A favor de semejante autopista para la palabra, Dennis descubre la mejor carrera que Senna hizo para McLaren: "Brasil 91. Honda había nombrado un nuevo director técnico, obviamente inexperto en F.1 y eso repercutía en la prestación de su motor. Corrimos esa carrera con menos caballos que cuando concluía la temporada anterior. Afortunadamente nuestro chasis era el mejor, todavía, y pudimos ser competitivos. Ayrton dominaba casi hasta el final la carrera, pero de pronto la caja de cambios se bloquea y le queda una sola marcha. La sexta. Empezó a llover y Riccardo Patrese (Williams), a punto de atraparlo, aminoró la velocidad. No se había dado cuenta del problema que sufría Senna. Y podíamos ganar".
En lo personal, a uno le queda de aquella carrera, muchas veces recordada por Senna, el ruego que el brasileño formulaba para que lloviera. Porque no había otra forma de ganar. Senna miraba hacia lo alto, cuando recordaba el episodio descripto por Dennis, que descorre el velo cuando se ocupa de la contratación de Senna por Williams.
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No es difícil de entender. El había ganado cinco carreras en 1993. Era responsable, en parte, de la falta de prestaciones del coche para 1994. Lo más importante -y esto no lo dije antes, nunca- es que Senna había tenido notables exigencias económicas. Para satisfacerlas, debíamos escatimar inversiones en diversas áreas de la máquina, así que él, involuntariamente, consumía los recursos que se tenían, con sus elevadísimos honorarios. De hecho, en 1993 le pagábamos casi al contado;tanto que el último pago de su contrato lo hicimos empezando 1994.
"Decidimos modificar nuestra política: contratar pilotos jóvenes y hacer como Williams, que construía coches tan superiores que diferentes pilotos podían ganar con ellos. Senna estaba muy afectado. Pienso que se fue a Williams de prestado. Así es como yo lo veía; así es como él lo sentía, seguramente. No había un acuerdo formal, pero él habría vuelto después de cargar las pilas. No se habría retirado. Creo que habría corrido F.1 muchos años más y que cuando se retirara, lo haría en un McLaren..." Hilton remata:"Esta conversación tuvo lugar entre la inmaculada fábrica de Woking y su auto. Dennis no es un hombre emotivo, pero su voz tembló. Lo que en otra persona hubiera significado un mar de lágrimas".

