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Desde temprano 150 personas esperaron en Ezeiza el regreso de Alberto Sicurella, el hombre al que anteayer un fallo localista le privo de alcanzar en París el título de los livianos de la Asociación Mundial de Boxeo, que conserva inmerecidamente el francés Jean Baptiste Mendy. Un par de bombos, redoblantes, papelitos en el aire y muchísmo cariño y reconocimiento fue la imagen que recibio el boxeador cuando arribó a las 20.43.
Imposibilitado de contener el llanto frente a las muestras de apoyo, Sicurella alcanzó a decir con voz entrecortada: "Esto es lo que me motiva, que la gente se diese cuenta de mi esfuerzo, porque si me quedo con el fallo de la pelea tendría ganas de dejar todo...
"Sentí que me robaron; si me proponían la revancha, me quedaba hasta que hiciese falta y si me llaman ahora me vuelvo caminando, pero hay que pensar en otra cosa", agregó antes de abrazarse con su esposa Marta y sus hijos Celeste y Franco.
"Nunca habían robado así una pelea de un boxeador mío", dijo Alberto Zacarías, hijo del experimentado entrenador de Sicurella.
Por lo pronto, los planes de Sicurella son hacer tres peleas para quedar en buena posición en busca de otra corona, la de la Organización Mundial de Boxeo. Mientras tanto, esperará la resolución de la protesta de este combate, en procura de una revancha obligatoria en suelo neutral.
Pero esa será otra historia, ayer gozó de una bienvenida propia de un campeón y se marchó acompañado por una caravana hacia Marcos Paz, donde la plaza principal estaba preparada para darle la fuerza necesaria para seguir con sus intentos. Conmovido, Sicurella mantuvo en la despedida el concepto de la primera frase: "No esperaba este recibimiento, esta gente me motiva para seguir esforzándome..."

