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¿Cómo no sorprenderse con las historias de São Caetano? Está a punto de convertirse en el primer campeón de la Libertadores que nunca ganó un título en su país, cuenta con apenas 350 asociados y sus jugadores pidieron a los simpatizantes de otros equipos de San Pablo que se acerquen en la final para alentar como brasileños, aunque no sigan habitualmente al Azulão , como se conoce a este increíble finalista del torneo continental.
Apenas un empate ante Olimpia en el partido de mañana le alcanzará al conjunto brasileño para ser campeón. Este panorama, con cualquier equipo "grande" de San Pablo, generaría una locura y elevaría a precio de oro el valor de las 80.000 localidades del histórico Morumbí. Pero ésta es la final de Libertadores con menos clima de todas las jugadas en Brasil. São Caetano eligió el Pacaembú, que tiene capacidad para 40.000 personas. Y no estuvo mal la elección, porque pese a la campaña para sumar seguidores improvisados, aún no se agotaron las entradas, que cuestan entre 6 y 25 reales (2 y 8 dólares).
La historia de este joven club no es menos asombrosa. Fue fundado el 4 de diciembre de 1989 por Jaime Tortorello, alcalde de São Caetano do Sul -localidad ubicada a 30 kilómetros de San Pablo-, con la única intención de incursionar en el fútbol profesional. La Asociación Deportiva São Caetano no tiene sede social, ni cancha, ni campo de entrenamiento, ni nada de lo que se puede esperar de un club.
Pero, ¿dónde se entrena?, ¿dónde juega? En el estadio municipal Anacleto Campanella, que duplicó su número de butacas cuando el equipo ascendió a primera en 1999 (ahora tiene 30.000 y la Conmebol exige 40.000 en una final), pero que no se llenó ni siquiera en la final del torneo brasileño, en diciembre último, cuando perdió con Paranaense y asistieron 24.000 espectadores. Además, cuando el césped de la cancha requiere descanso, las prácticas se hacen en los campos de deportes de una empresa local.
El primer gran impacto del Azulão fue la final del campeonato Brasileño de 2000 (perdió con Vasco da Gama). Por eso muchos de sus futbolistas fueron transferidos (el caso más notable es el de César, que pasó a Lazio por US$ 6.000.000). Sin embargo, la formación volvió a consolidarse, con incorporaciones medidas, sin estrellas, para estar al día, pero siempre dirigidos por Jair Picerni, desde hace ya tres años. Como el equipo no tiene muchos hinchas ni rivales declarados , tampoco siente presiones y eso explica la continuidad del técnico, según cuentan los periodistas brasileños. Además, les cayó simpático a los simpatizantes de otros clubes, porque practica un fútbol ofensivo y despreocupado.
De todos modos, ahora es el DT el que se pone a prueba tras perder dos finales locales seguidas. "Aquellas derrotas fueron dolorosas y el trabajo psicológico será decisivo", se defendió Picerni. Una objetivo que completaría un año perfecto para Brasil, aunque con el equipo menos pensado.
ASUNCION, Paraguay (AP).- La derrota del miércoles último dejó secuelas. Y en medio de las críticas, Osvaldo Domínguez Dibb, presidente de Olimpia, renunció a su cargo, a 48 horas de la final ante São Caetano. Pero el dirigente no asumió las culpas y disparó contra los futbolistas: "Me voy cansado de este plantel, podrido de estos jugadores sin autoestima, que poseen muchísimo dinero, pero no intenciones de ganar más y que prefieren amanecer con prostitutas en los bailes de música tropical", dijo Domínguez.
El directivo no difundió los nombres de quienes estuvieron en una discoteca, pero otro dirigente mencionó al capitán Julio César Enciso, Richard Báez y Carlos Estigarribia. Lo que no quedó claro es cuándo se produjo la salida, que habría durado hasta las 5 de la mañana.
Domínguez sí dio nombres para buscar responsables por la caída en el primer partido (0-1) el miércoles último: "Sergio Orteman, Richard Báez y Néstor Isasi desaparecieron. Olimpia jamás perdió de local una final de Libertadores. No tengo lágrimas de cocodrilo para soportar la irresponsabilidad de estos sinvergüenzas".


