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Los cordobeses tienen todo el derecho de expresar su orgullosa condición de pioneros. Por ejemplo, los dirigentes del rugby mediterráneo fueron los que aportaron e impulsaron la idea de armar el Torneo del Interior, que hoy se lanzará oficialmente, respaldado por la UAR, con el partido entre La Tablada y Jockey (Rosario).
De los seleccionados de Córdoba surgió, también, la moda por entonces clandestina de hacer cambios de jugadores durante un partido. Lo hacían mucho antes de que la International Board (IRB) aceptase las variantes (hasta mediados de 1996 sólo se permitían modificaciones en el caso de lesiones comprobadas).
Las supuestas picardías de los cordobeses, cuyos primeras líneas se lesionaban siempre (¡oh casualidad!) en el segundo tiempo para que ingresaran compañeros frescos, tuvieron imitadores de lujo (y de mayor peso político) en Sudáfrica. Y fue un episodio protagonizado por el mejor pilar del mundo, Pieter Oz du Randt, lo que obligó a la IRB a blanquear el reglamento respecto de los cambios. En un partido Springboks v. All Blacks, Du Randt fingió un golpe en la cabeza, asustó a todos con su salida en camilla y desmayado y, al rato, se comprobó que estaba más lúcido que Einstein en el día que elaboró la teoría de la relatividad.
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Esta reseña sobre el tema de los cambios tuvo otro hecho significativo. También en 1996, en Ferro, en el test los Pumas v. Sudáfrica, el técnico José Luis Imhoff lo sacó a José Cilley (ingresó Quesada) y generó un run-run que, traducido al argot rugbístico, significó la incineración del Nº 10 del SIC (esa tarde, en realidad, a Cilley no le salía ninguna).
A partir de entonces, Imhoff no tuvo empacho en realizar las modificaciones que él creyese necesarias, llegando al extremo de mandar al banco, antes de que finalice el primer tiempo, a Reggiardo y Phelan, por respectivas inconductas ante Francia y Rumania. El DT de los Pumas defiende su posición: "¿Por qué no aprovechar al máximo lo que permite el reglamento? Un tercera línea sufre un desgaste enorme y no puede rendir al máximo durante los 80 minutos", dice. "Tampoco nos sirve tener en la cancha a un jugador amonestado; corremos el riesgo de quedarnos con un hombre menos", completa.
Desde lo racional, su punto de vista es incuestionable; desde lo emocional, es más difícil de asimilar, porque aún perdura aquella imagen de heroicidad de nuestros jugadores, reflejada en una frase arquetípica: "ni muerto me sacan de la cancha".
Estamos de acuerdo de que no hay que llegar al extremo tan luctuoso, pero hablando específicamente de los Pumas, esta situación no parece estar totalmente asumida si se repara en la inseguridad que demostraron los alas Martin y Phelan, cuando se alternaron durante 40 minutos en los tests con Francia.
Se cree que el jugador argentino debe sentirse titular para rendir al máximo. Pero también se estima que dentro de poco los cambios se harán sin tanto drama y con los pertinentes beneficios. De hecho, el propio Phelan reemplazó a Travaglini ante Canadá cuando promediaba la segunda etapa y sus intervenciones en ese rato fueron muy positivas. Lo mismo puede decirse del pilar Scelzo (entró ante los canadienses por Hasan), que reforzó un scrum dominante y hasta se dio el gusto de anotar un try fantástico.
En ese sentido, vuelve a aparecer el ejemplo sudafricano.. Ellos hablan de un pack estable de once hombres: los ocho titulares, además de los alas Aitken y Skinstad, y el mismísimo Du Randt, que juntan ganas en el banco y entran después para marcar diferencias. Aitken los mata a tackles, Du Randt los duerme en el scrum y Skinstad es el hombre-try de los Sprinboks, y eso que apenas juega los últimos 20 minutos...

