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Como un chico, no deja de asombrarse en todo momento por lo que está viviendo. Se esfuerza al máximo en cada práctica, festeja cada punto como si fuera el último y hasta se permite disfrutar cada momento libre junto con sus compañeros, muchos de ellos ya convertidos en amigos, tras varios años de coincidir en los planteles juveniles. Con 19 años, Sebastián Solé es quizás una de las mayores promesas del voleibol argentino y en el Mundial de Italia, donde se convirtió en uno de los puntos altos del equipo de Javier Weber, está refrendando esas expectativas.
"Nos hizo muy bien haberle ganado a Francia, que es uno de los mejores; quizás es algo que no habríamos esperado antes del Mundial, pero nos sigue sorprendiendo el nivel que conseguimos como equipo", reconoce Solé desde Milán, donde hoy la Argentina se jugará ante Japón la clasificación para la tercera etapa.
Con una madurez que asombra para su corta edad, este juvenil, que podría haber jugado el Sudamericano de su categoría si no estuviera con la selección mayor, representa como nadie la apuesta de Weber de formar un nuevo grupo que se sustente en la buena tarea de los menores y los juveniles. Integrante de los dos planteles que consiguieron sendos terceros puestos en los mundiales de menores y juveniles del año pasado, Solé ya integraba la lista de Weber desde el año pasado, aunque su participación en la selección mayor había sido escasa. Este año, con la renovación en marcha, todo fue distinto.
"Del 2009 a este año tuve un cambio enorme, porque el año pasado estaba convocado pero no jugué mucho. En cambio, este año estuve dedicado de lleno a la mayor y se nota la diferencia. Siempre uno se tiene que exigir mucho en los entrenamientos, pero en la mayor esa exigencia se nota aún más", destacó Solé, quien también señaló las ventajas y desventajas de jugar junto a jugadores de mayor edad. "Pasé de jugar con chicos de mi edad a hacerlo con personas más grandes; eso te ayuda y te da confianza por lo que te pueden aportar para crecer, pero también se nota el cambio de categoría en el nivel de los rivales; estamos jugando contra los mejores del mundo y es muy diferente: tienen otra contextura física y otra experiencia", detalló.
La buena temporada pasada le valió el reconocimiento general, no sólo por su actuación en el seleccionado juvenil sino también por lo que demostró en Sonder, su club de la Liga Nacional, y al que dejará en la próxima temporada, tras pasar a Drean Bolívar.
Pero este crecimiento acelerado parece no alejarlo de sus objetivos. Con los pies sobre la tierra, Solé continúa disfrutando de cada momento que le toca vivir. Ayer, por ejemplo, hubo tiempo para entrenarse y analizar a Japón, pero también para pasear por Milán, aprovechando el día libre. "No habíamos tenido tiempo libre desde que llegamos, así que aprovechamos con algunos de los chicos, después del entrenamiento del mediodía, para conocer el Duomo y el centro de la ciudad".
Esa misma frescura que transmite al hablar es la que contagia desde el juego, dentro de la cancha. Es una de las apuestas de este renovado equipo que le cambió la cara al año de la selección. Hoy, ante Japón, irá junto a sus amigos por un paso más. Otra escala en su historia de crecimiento.
