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Es imposible penetrar en el alma y el corazón de un padre; mucho menos descubrir los desencuentros afectivos de dos de sus hijos; sobre todo cuando ellos escogieron y desarrollaron su mismo trabajo: el boxeo profesional.
Pese a todo, el corazón y las sensaciones del viejo Joe Frazier, el notable ex campeón mundial de los pesados y compositor de tres obras épicas del boxeo universal ante Muhammad Alí, en los años 70, latió mucho más fuerte y con orgullo sanguíneo cuando su hija favorita, Jackie, una destacada abogada, se convirtió en boxeadora sólo para enfrentarse con Laila Alí, hija de Muhammad, su eterno adversario.
Jackie perdió con Laila el 8 de junio de 2001, en Nueva York. Y, para Joe, la derrota fue mucho más dolorosa y sentida que la catastrófica derrota que padeció Marvis Frazier, su primer hijo boxeador, ante el campeón mundial Larry Holmes, en 1983 en Las Vegas.
El boxeo siempre fue todo para la familia Frazier, y la imagen de Smoking Joe, el apodo de batalla, fue el exclusivo y único gran medio de vida del campeón.
El célebre gimnasio de su propiedad, los viejos discos de Joe cantando Orgullosa Mary y los miles de autógrafos firmados por doquier a precios ventajosos no compensaron ni equilibraron la gran pelea final entre los ingresos vs. los egresos.
Jackie se ocupó de los negocios y del marketing de su padre. Y los resultados no fueron los mejores en los últimos diez años. Además, ver a Frazier, con problemas en la cadera y con algún principio alcohólico, en el gimnasio de Philadelphia no ayudó para el repunte económico esperado.
La relación entre el papá ideal y la hija favorita empeoró. Y las versiones de estos días no son muy estimulantes, pues el pleito final tiene ya su escenario: los tribunales del estado de Pensylvania. Y las causas indicarían que Jackie no tuvo un desempeño claro en lo económico sobre los ingresos de su padre, que vive por estos días una gran crisis afectiva.
Frazier fue un monumento deportivo de los años 70. Unico e incomparable. Cuesta comprender que el paso del tiempo, ya con más de 30 años desde sus días de gloria, hoy viva con las necesidades y las exigencias del hombre común; del luchador de todos los días; cuando a su alrededor pasó la fortuna de los tocados por la varita mágica; un mundo en el cual creímos -él también- que el notable Joe Frazier nunca transitaría...


