La fábula de Darío Núñez: de lustrabotas en un aeropuerto a campeón del mundo

“Tengo muchas expectativas de lograr algo importante para el taekwondo argentino”, sueña Núñez
“Tengo muchas expectativas de lograr algo importante para el taekwondo argentino”, sueña Núñez Fuente: LA NACION - Crédito: María Amasanti
Andrés Vázquez
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2 de febrero de 2018  

Tiene la picardía enquistada en su sonrisa y los orígenes humildes barnizados en la piel. Tiene la nobleza del hombre manso en sus palabras y las heridas del guerrero marcadas en su rostro. A los 33 años, Darío Núñez tiene mucha hambre de gloria. Con una historia de vida que lo acerca al drama y la felicidad, este misionero, excampeón mundial de taekwondo , se aferra al sacrificio para derribar adversidades y recuperar el título que alguna vez ostentó, en el próximo mundial de la Federación Internacional de Taekwondo (ITF) en la especialidad de formas, que se desarrollará en Buenos Aires, entre el 31 de julio y el 5 de agosto. “Estoy enfocado en volver a ser campeón mundial; quiero demostrar que el sacrificio y la voluntad están por encima de cualquier apoyo mediático”, lanza Darío, apenas arranca a desmenuzar su desconocida historia con la nacion.

Lejos de la trascendencia que suelen tener otros deportistas de elite, la fábula de Darío Núñez es una narración de superación, de perseverancia, de pibe lustrabotas, de padres laburantes con cinco hijos a su cargo, de un accidente que casi acaba con los sueños, de un talento increíble que no sabe de bajezas. Pero –sobre todo– de una esperanza enorme que dio sus frutos con un título mundial ITF en 2007. “Si Néstor (Galarraga) no se hubiese cruzado en mi vida, mi destino hubiese sido otro. Lo que hoy tengo se lo debo al taekwondo”, afirma. Es que fue ese encuentro fortuito con el presidente de la Federación Argentina de Taekwondo, a quien le lustraba los zapatos en el aeropuerto de Puerto Iguazú, lo que llevó a descubrir la pasión por un deporte que hoy es su sostén y el de su familia, formada por Cecilia, su esposa, y sus dos hijos, Camilo y Fidel.

Núñez se crio en las bravas calles del barrio Hermoso, en las afueras de Puerto Iguazú, en un lugar donde el futuro de los pibes está signado por la tragedia. La aristocracia de la chapa y el cartón le estigmatizó la existencia. Sin embargo, sin soñarlo ni proponérselo, el destino le hizo un guiño y le cambió el cajón de lustrabotas por el tobok de taekwondista. “Mi infancia estuvo limitada a estudiar y trabajar. No tenía mucho tiempo de pensar en hacer deportes porque debía ayudar a mis viejos para que mis hermanitos pudieran comer”, admite Darío, con un dejo de tristeza y satisfacción.

El periplo deportivo de Núñez arrancó a los 14 años, gracias a una beca que le cedió Galarraga, quien actualmente es su maestro. En 2002, cuando apenas tenía 17 años y todas las ilusiones por competir en su primer mundial, sufrió la pérdida de la vista del ojo izquierdo. “Fue una desgracia con suerte: jugando con amigos recibí un disparo de aire comprimido”, recuerda. El proyectil quedó alojado en su cráneo para siempre aunque no fue impedimento para su carrera. “Costó mucho acostumbrarme a ver con un solo ojo. Recuerdo que, al principio, cuando quería servirme algo para tomar, tiraba todo el contenido afuera”, admite Darío, quien después de muchas operaciones y seis meses de internación en el Hospital Santa Lucía de Buenos Aires regresó a combatir.

Fueron tiempo duros, en los que se planteó la posibilidad de abandonar. No solo por el balazo, sino por los consejos de los médicos que le indicaban no exponer el ojo sano. “Después de accidente pensé en abandonar, pero la filosofía del deporte me mantuvo firme. Me costó muchísimo manejar la distancia y adaptarme a combatir con un ojo solo. Sin embargo, con perseverancia, fui logrando adaptar mi discapacidad a las condiciones de combate y vencer los miedos. Trato de pegar rápido y evitar los roces para no ofrecerle ventajas a mis rivales”, cuenta Núñez, quien remarca que “más allá de las advertencias médicas y los riesgo que corro, yo soy feliz practicando taekwondo”.

No obstante, con trabajo y entrenamiento, logró el campeonato del mundo en la especialidad formas como primer dan en el Mundial de Birmingham 2007 y el subcampeonato como tercer dan en Canadá 2012. La competencia de formas no implica lucha, sino que consiste en una exhibición técnica de golpes en secuencia.

También se convirtió en tricampeón argentino y obtuvo el Open de Italia, en 2014. En la actualidad Darío tiene el cuerpo y el alma enfocado en el mundial que se disputará en Tecnópolis. “Tengo muchas expectativas de lograr algo importante para el taekwondo argentino. Quiero sacarme la espina del mundial de 2002, donde no pude competir ante mi gente por el accidente”, confiesa Núñez, que se dará el lujo de participar en la cita mundialista con tres de sus alumnos: Agustina Poglio, en especialidad lucha, Agustín Barrios y Cristian Bruno, en formas.

Para el misionero Núñez el taekwondo no solo fue una forma de vida, sino que también fue la única posibilidad que tuvo de escaparse de los peligros de barrio, del hambre y del aeropuerto, ese lugar transitorio donde todos los días acudía para ganarse unos pesos. “Nosotros éramos una familia muy humilde. En la casa vivíamos con mis viejos y mis cinco hermanos. Vivía rodeado de carencias pero con mucha dignidad. Más allá de las necesidades, del trabajo de lustrabotas, del oficio de albañil de mi viejo, nunca dejé de estudiar. Llegué a campeón del mundo vendiendo rifas”, cuenta orgulloso Darío, que actualmente es IV dan internacional e instructor de la ITF.

Hoy, más allá de esa vida de emergencia y de los sueños de grandeza deportiva, Núñez tiene en mente armar una escuelita de taekwondo para que los chicos del Barrio Hermoso puedan aprender gratis el deporte que a él le cambio la vida. “Quiero colaborar con los pibes que están en la misma circunstancia que alguna vez estuve yo. El taekwondo es una excelente oportunidad para cambiar el destino de muchos de mis vecinos que viven rodeados de miseria y drogas “, cuenta Darío, con la voz encendida de ilusiones y la mente apuntando a su gran anhelo: ser campeón mundial.

Un deporte creado en Corea en 1945

La diferencia entre el Sur y el Norte generó una grieta institucional: ITF vs. WTF

El taekwondo de la International Taekwondo Federation (ITF) fue creado por el general surcoreano Choi Hong Hi en 1945. Sin embargo, las diferencias políticas e ideológicas de Corea del Sur con Corea del Norte provocaron la fundación de la Federación Mundial de Taekwondo (WTF).

Los estilos de ambas entidades evolucionaron de maneras diferentes. Mientras que la ITF priorizó sus principios marciales (en el combate permite el puño a la cara, por ejemplo), la WTF apostó al crecimiento deportivo.

Y el apoyo económico de Estados Unidos fue vital para que el taekwondo WTF fuera reconocido como deporte olímpico e incluido en Seúl ’88. En la Argentina hay más actividad de la ITF, pero la WTF predomina en el mundo.

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