La dura confesión de Coco Gauff, la heredera de las hermanas Williams: "Estuve un año perdida y deprimida"

Coco Gauff, con 16 años, es uno de los grandes proyectos del tenis mundial
Coco Gauff, con 16 años, es uno de los grandes proyectos del tenis mundial Fuente: AFP
Alejandro Ciriza
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18 de abril de 2020  • 09:28

MADRID.- En medio de este escenario de incertidumbre, en el que el tenis se devana los sesos y sigue al milímetro la actualidad para encontrar una solución y salir del laberinto, emerge la voz de Coco Gauff.

La estadounidense, esa niña que el año pasado despertó como un torbellino en Wimbledon y después siguió asombrando por cada torneo por donde pasó con apenas 15 años, se ha sincerado en una carta escrita a corazón abierto en la que reconoce haber sufrido mucho en la transición hacia la élite. Detrás de la eclosión, los flashes y la fama, un oscuro derrotero que ella, ya con 16, ha logrado superar, mientras muchos otros se quedaron atrás. Se confiesa la norteamericana en "Behind The Racquet", el proyecto ideado por el tenista Noah Rubin para que los profesionales se expresen sin condicionantes.

Gauff, que va devorando marcas de precocidad y ya alcanzado dos veces los octavos de final de un Grand Slam, relata qué significa ser una joven que trasciende el camino habitual. "Siempre me he preguntado cómo de buena o mala sería mi vida sin el tenis", introduce en un texto que apunta al concepto de la normalidad, en comparación con otras niñas y niños que han seguido el curso tradicional durante el crecimiento. "En mi vida, siempre fui la más joven haciendo las cosas, lo que añadió una exageración que no quería y una presión para hacerlo bien rápido", precisa de entrada, antes de adentrarse en el espinoso terreno de las dudas y los temores. Adolescencia, comparaciones y una destreza fuera de lo normal con la raqueta.

Los fantasmas aparecieron, dice, hace tres años, entre 2017-2018. "Luchaba para tratar de averiguar si eso [dedicarse al tenis de forma profesional] era lo que realmente quería. Siempre tuve los resultados, así que ese no era el tema, sino que no disfrutaba haciendo lo que amaba. Me di cuenta de que necesitaba jugar para mí y no para otra gente. Durante un año estuve realmente deprimida. Ese fue el año más duro para mí hasta ahora. Sentí que no había muchos amigos", reconoce. "Y cuando tienes esa mentalidad oscura no miras el lado bueno de las cosas con mucha frecuencia, y esa es la parte más dura. Sabía que quería jugar al tenis, pero no sabía cómo hacerlo", prosigue.

Ser un modelo por seguir

Entre tinieblas, Gauff tuvo la tentación de parar, lo que tal vez la hubiera desviado definitivamente de la ruta por la que va transitando hacia un lugar privilegiado del deporte. "Esto llegó tan lejos que pensé en la posibilidad de dejar el tenis durante un año para centrarme en la vida. Obviamente, elegirlo no hubiera sido la opción adecuada, pero estuve cerca de ir en esa dirección. Estaba perdida. Estaba confundida y pensando demasiado en si esto [el tenis] era lo que quería, o bien lo que hacían los demás. Estuve mucho tiempo sentada, pensando y llorando. Salí de ello más fuerte y conociéndome mejor que nunca. Todos me preguntan cómo estoy tranquila en la cancha, y creo que es porque acepté quién soy después de superar esos baches. Ahora, cuando estoy en la cancha, sólo me siento agradecida de estar ahí", cuenta.

Fuente: AFP

Superado ese punto de inflexión, Gauff, que ya cuenta con el aporte millonario de patrocinadores y se ha convertido en un símbolo deportivo en Estados Unidos, irrumpió definitivamente en el circuito el año pasado, en Londres.

En sólo medio año en el circuito de la WTA logró ganar su primer título como profesional, en Linz, y ascendió hasta el 52º puesto del ranking mundial. La joven reforzó la presunción de que se trata de una elegida en el ámbito de tenis. Por eso, enseguida nacieron los paralelismos con las hermanas Venus y Serena Williams. Gauff, sin embargo, prefiere marcar distancias. Habla de prudencia, de dos dimensiones absolutamente diferentes, y se enorgullece de inspirar a otras chicas que ven en su evolución un triunfo sobre lo imposible.

"Algunas chicas, de todas las razas pero muchas de ellas afroamericanas, me dicen que han tomado por primera vez una raqueta por mí. Esto me impresiona y así es como quiero figurar en el deporte. Para mí, una de las cosas más importantes es seguir rompiendo barreras", transmite; "estoy acostumbrándome a que la gente me vea como un modelo por seguir. Agrega un poco de presión, ya que sé que observan cada uno de mis movimientos, pero me resulta fácil llevarlo porque siempre trato de ser yo misma. Al principio pensé que tenía que ser perfecta, pero ya no. Me he mirado por dentro y lo he superado".

Amistades e intereses

"Al mismo tiempo", continúa, "no me gusta que me comparen con Serena o Venus [Williams]. Primero, porque todavía no estoy a su nivel. Creo que no es justo para ellas que las comparen con alguien que tan sólo está empezando. Aún son mis ídolas. Pese a todos sus elogios, no deberían ponernos en el mismo grupo. Por supuesto que espero llegar donde están ellas, pero las Williams marcaron el camino, así que por eso no puedo ser como ellas".

En la recta final del escrito, la estadounidense, representada por la agencia Team 8 (liderada por Roger Federer y su agente, Tony Godsick), relata que hace dos años se despertó sin el deseo de ir a entrenar y que no ha sido una niña que cuente con un amplio círculo de amigos. No obstante, eso le ha permitido saber diferenciar.

"Saber quién importa realmente o quién está a mi lado por otras razones. Soy muy cuidadosa con quienes tengo a mi alrededor. Esas son las personas que me ayudaron en estos tiempos locos. Me costó sentirme cómoda al expresarles mis verdaderas emociones, pero una vez que lo aprendí, todo fue más fácil", concluyó.

Fuente: Diario El País

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