Disminuido como nunca, Nadal es todavía el gran seductor en París

Rafa y una selfie a pedido de un alcanza pelotas
Rafa y una selfie a pedido de un alcanza pelotas Fuente: AP
Llega con dudas al Bois de Boulogne, donde se coronó 9 veces, pero aún conserva la admiración del público francés; Djokovic, al acecho, busca el único Grand Slam que le falta, que arranca hoy
Sebastián Torok
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23 de mayo de 2015  • 23:07

PARÍS.- Un circense grupo de músicos con instrumentos de viento hace maravillas en la Plaza de los Mosqueteros, un rincón de los más pintorescos del predio de Roland Garros , donde lucen las estatuas de Jean Borotra, René Lacoste, Henri Cochet y Jacques Brugnon. Apenas es el mediodía en la ciudad y a pocos metros de la banda, apiñados contra el court número 4, cientos de espectadores están en otra conexión, apuntando sus ojos, teléfonos y cámaras fotográficas hacia un muchacho que castiga la pelotita a puro latigazo de zurda. Es Rafael Nadal , el dueño de casa, claro, que está sudando y entrenándose con su compatriota Tommy Robredo . La leyenda a la que lo avalan todas las estadísticas en Bois de Boulogne, pero que perdió la chispa y la confianza en sus tiros, se muestra dubitativo en la cancha y mesurado al declarar. A una década de su primera conquista en París, Rafa arranca disminuido como nunca, lo que engrandece aun más la ilusión de Novak Djokovic , que pretende ganar el único Grand Slam que le falta.

Nole es un deportista que tiene carisma, pero que muchas veces parece sobreactuar, con el anhelo de agradar en un circuito afectivamente liderado por Roger Federer y Nadal. Ayer, durante el clásico Kids’Day en el estadio principal, el Philippe Chatrier, el número 1 del mundo –debutará, mañana o pasado mañana, ante el finlandés Jarkko Nieminen - desplegó su batería de humoradas, con la música electrónica del dj Bob Sinclar de cortina. Pero, está comprobado, el enamoramiento del público con Nadal está intacto, aunque éste luzca vacilante y luego al final del certamen no falten los franceses que, ya cansados de las hazañas del manacorí en el Chatrier, lo ignoren. El ensayo de casi dos horas con Robredo fue todo un símbolo, un resumen. El court, ya de por sí pequeño pero con tribunas laterales, quedó aun más limitado. Muchos se quedaron con las ganas de poder ingresar a verlo y otros se las ingeniaron escalando hasta lo más alto del court 1, un escenario cilíndrico conocido como la Plaza de Toros, y a solo unos pasos de donde estaba el actual número 7 del ranking de la ATP. Banderas de España y camisetas con la inscripción "Vamos Rafa" se agitaron cada vez que el ganador de nueve trofeos de Roland Garros dejó estupefacto a su rival con tiros saturados de revoluciones. Aplausos y admiración ante cada tiro ganador.

En medio de todas las estrellas, Rafa, el defensor del título, es la que más centellea. Y no precisamente por su actualidad; incluso, perdiendo antes de cuartos de final y dependiendo de algunos resultados, hasta podría salir del top 10, algo que no ocurre desde abril de 2005. Nadal, que se presentaría el mismo día que Djokovic pero ante el invitado francés Quentin Halys, sigue siendo la gran atracción, por la brillantez del pasado, por la extraña incertidumbre de hoy. Es un imán; para el público, los medios de comunicación, los sponsors y las personalidades del mundo del espectáculo. Hasta fue anfitrión en una cena de gala de la Fundación que lleva su nombre, anoche en el hotel Intercontinental, en la que el cubierto valía 1500 euros y a la que asistieron empresarios reconocidos en el mercado mundial como Richard Mille, Tommy Hilfiger y Eric Babolat.

En las entrañas de Roland Garros, en la sala de jugadores, en el comedor, en las ruedas de prensa, son pocos los que se animan afirmar que la fiera morderá el polvo antes de tiempo. La mayoría entiende que aquí se apreciará el renacer de un jugador que ha padecido problemas físicos en los últimos tiempos y que en esta temporada solo ganó el ATP de Buenos Aires. "Rafa viene al torneo sin los resultados de toda su vida, todos estamos un poco sorprendidos por eso, pero es único en polvo de ladrillo. El historial con Djokovic cuenta (el español se impne 23-20) y además hay que ganarle a Rafa tres sets seguidos…, lo que no es nada sencillo. Lo veo con hambre y muchas ganas de ganar el torneo. Esa es su meta, seguro", opinó Carlos Berlocq, admirador del gladiador.

Los mismos argumentos tiene la rusa Maria Sharapova , defensora de la corona parisiense. "Porque haya perdido uno o dos partidos la gente olvida que ha ganado nueve veces y empieza a dudar. Me parece una falta de respeto. Rafa es un campeón extraordinario y no hay ninguna razón para que no haga un gran torneo. Además, siempre encuentra la motivación y las ganas de probar que puede ganar". Probar, demostrar, convencer, desde que hoy comience el torneo, Nadal tendrá más para perder que para ganar. "Tiene una buena oportunidad de demostrarles que están equivocados a los que dan poco por él. Y está en mejores condiciones que en otros años porque no tiene la presión en su espalda", añadió Serena Williams .

Djokovic, Federer y Andy Murray , junto con Nadal, completan el fabuloso y dominante Big Four. Claro, los tres mosqueteros que tienen a Rafa como obstáculo tampoco dudan de su amor propio. "Sigue siendo capaz de jugar su mejor tenis en el polvo de ladrillo de París. Solamente ha perdido un partido aquí (vs. Robin Soderling, en octavos de final de 2009). El historial habla más que su nivel actual", expresó Nole. "La superficie de aquí es más lenta que en otros torneos y eso es mejor para él; sufre menos a los grandes sacadores. Además, se juega más desde el fondo de la cancha y ahí Rafa es increíblemente fuerte. Cuando se convierte en una batalla física, mental, encuentra los ángulos para ganar", opinó el suizo. "Creo que Novak es el favorito, pero en esta cancha, Rafa tiene una supremacía extraordinaria", agregó el británico.

Nadal está herido y no lo oculta; pero ello no le quita protagonismo. Continúa ostentando el magnetismo en un torneo que afrontará con diversos desafíos, tenísticos y mentales. Optimista por naturaleza, una caída temprana podría golpearlo; sin embargo, superar la barrera de Djokovic en los cuartos de final lo impulsaría al décimo título en Bois de Boulogne, que significaría otro capítulo de oro en su carrera. El torneo está abierto, quizás, como nunca en la última década.

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