El adiós del gladiador: David Ferrer cayó y se despidió del Argentina Open

El saludo entre Ferrer y Ramos Viñolas, tras la derrota del valenciano
El saludo entre Ferrer y Ramos Viñolas, tras la derrota del valenciano Crédito: Sergio Llamera
José Luis Domínguez
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14 de febrero de 2019  • 21:29

Después de muchos años de éxitos y afecto mutuo, el tiempo de David Ferrer en el Argentina Open concluyó este jueves. Una derrota frente a su compatriota Albert Ramos Viñolas, por la segunda rueda, significó el manto de despedida para el valenciano, ganador del ATP de Buenos Aires en tres ocasiones (2012, 2013 y 2014), y uno de los últimos capítulos en la vida deportiva de Ferru, que le pondrá fin a su magnífica trayectoria en mayo próximo, en el Masters 1000 de Madrid.

Ferrer comenzó a jugar su último partido en el Buenos Aires a las 16.45, en una tarde nublada, algo de viento y muy poco sol, lejos del calor que suele acompañar al torneo porteño. Tampoco está el pasillo de honor que lo acompañó en su debut del martes por la noche, cuando varias figuras del tenis se acercaron a saludarlo en pleno court central. Apenas unas 500 personas acompañan el cruce contra Ramos Viñolas, el catalán zurdo, con revés de dos manos. Hace cinco años se enfrentaron en este mismo escenario, en los cuartos de final, y Ferrer le ganó cediendo apenas tres games: 6-1 y 6-2. Claro que, por entonces, el valenciano era el número 5 del mundo. Ahora, la situación es distinta: Ramos Viñolas es el que está bastante por delante en el ranking. El catalán es el 96° del mundo; cuesta ver a Ferru en el escalón 149°, 53 posiciones por debajo.

Ferrer se llevó los primeros aplausos con un quiebre en el quinto game que incluyó un drop precioso y un revés paralelo ganador. Se adueñó del primer set, mientras las tribunas comenzaban a poblarse, y se escuchaban los gritos de "Vamos David". Pero pronto empezaron a aflorar algunos problemas. Cerca de los 37 años, con los tendones de Aquiles desgastados, las piernas ya no le respondían a Ferrer con la velocidad de otrora. Empezaron a aparecer algunos errores que no se veían en otros tiempos, y en algunos pasajes la frustración asomaba con más frecuencia que antes. Aunque Ferrer nada tenga que reprocharse, el espíritu competitivo lo impulsaba a buscar más.

Como en los buenos tiempos: Ferrer, con el trofeo de campeón de Buenos Aires
Como en los buenos tiempos: Ferrer, con el trofeo de campeón de Buenos Aires Crédito: Sergio Llamera

El segundo set desembocó en un tie-break de palo y palo. Con muchos errores, pronto quedó 3-6. Contra las cuerdas, metió un passing fabuloso, que despertó la ovación de la tarde. Pasó a tener un match-point, que Ramos Viñolas salvó con una derecha cruzada imparable. Tuvo una segunda oportunidad, pero hubo mérito del catalán, que escapó con mucha seguridad en ese tramo difícil. No hubo más chances: en su quinto set-point, Ramos Viñolas se llevó el parcial y emparejó el partido. O, en realidad, lo desequilibró hacia su lado.

Ese segundo perdido representó un mazazo para Ferrer. Y un envión para su adversario. Era de esperarse, en cierto modo, Ramos Viñolas ganó su saque en cero. Quebró en cero también. Ferrer empezó a jugarse todo a un tiro, pero falló una y otra vez. Así, durante diez puntos seguidos. No parecía haber vuelta atrás. El estadio empezó a despoblarse y un silencio melancólico lo invadió todo. Hasta podía escucharse la respiración de los jugadores.

El tercer set se evaporaba en un abrir y cerrar de ojos. Era casi un paseo para el catalán, que en cuestión de minutos se puso 5-0. Pero, fiel a su modo de vivir, Ferrer no se rindió; empezó a errar menos; acertó un passing, levantó el puño y se ganó más aplausos. Así ganó su primer game. Quebró. Sumó otro, para quedar 3-5. Sin embargo, no alcanzó. Ramos Viñolas no permitió otra proeza y lo cerró con su saque. Una devolución larga fue el último envío del valenciano sobre el polvo de ladrillo porteño.

Se saludaron en la red. Por el gesto contrariado, el que parecía haber perdido era Ramos Viñolas, al que le tocó ese ingrato papel de verdugo de una gran figura; compatriota suyo, encima. "Fue un partido muy complicado Le gané a uno de los mejores jugadores que ha tenido nuestro país, que se está retirando, y todavía está en gran forma. Lo ha demostrado hoy, durante mucha rato ha sido superior a mí", comentó el catalán.

Crédito: Sergio Llamera

En pleno court central, Ferrer contó: "Hice lo que pude. Estoy dolido porque tuve mis opciones. Siento que lo he dado todo, estoy acabando mis últimos encuentros en un muy bien nivel. Pero yo me quedo con el cariño de la gente. Los torneos son los trofeos, pero lo que me llevo es el cariño. He marcado una etapa, he vivido momentos espléndidos en Buenos Aires, y echaré mucho de menos esta pista, y sobre todo, lo bien que me han tratado siempre". Recibió un regalo de la organización y se dio el gusto de levantar una vez más el trofeo de campeón, tal como lo hizo en tres ocasiones.

"El de hoy fue un partido que lo tuve bastante cerca, no me puedo exigir más de lo que di. Estoy muy feliz por la transición que se dio desde que tomé la decisión de dejar el tenis. Con la llegada de mi bebé [Leo], todo cambió y me costaba mucho más cada viaje, estar lejos de mi casa. Los viajes, el cansancio y tampoco estaba dando el nivel que podía y quería, necesitaba pasar de etapa. Después de Hamburgo, el año pasado, lo hablé con mi mujer y todo se fue dando. Ahora tengo ganas de estar con mi familia y la prioridad es otra. El tenis me dio mucho. pero ya no me puede dar más. Nunca pensé que podría hacer todo lo que hice. El otro día vi todo lo que conseguí y me puse muy feliz", señaló después. Vendrán otras caras, otras figuras; el tenis continuará en Buenos Aires. Pero el Argentina Open siempre tendrá un espacio para David Ferrer, el tricampeón que dejó una huella inmensa como persona y como jugador.

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