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MAR DEL PLATA.- Vino, miró, recorrió, preguntó, fotografió, anotó y se retiró con su agenda cargada de apuntes y planos. Una inspección minuciosa que Justine Albert, administradora de la Copa Davis de la Federación Internacional de Tenis (ITF), desarrolló ayer durante casi tres horas sin ofrecer el mínimo gesto que desnude opinión o especulaciones sobre las posibilidades reales que tiene el polideportivo Malvinas Argentinas para albergar la final entre la Argentina y España.
En la inspección a las sedes propuestas, que completará mañana en el Orfeo, de Córdoba, Albert estuvo acompañada por autoridades de la Asociación Argentina de Tenis (AAT), la gobernación bonaerense y la comuna, que le explicaron los proyectos. Y le garantizaron, con planos en mano, que las ampliaciones previstas en las plateas permitirían llevar la capacidad de público de 7500 a 12.000 personas, la cifra exigida por la ITF.
Albert evitó el contacto con el periodismo. Por eso, hizo el recorrido por el polideportivo a puertas cerradas, aun cuando en esas mismas instalaciones se desarrolla en estos días un encuentro internacional de diseño gráfico. Pero la inspección de la enviada de la ITF tuvo prioridad absoluta. Y no dejó rincón sin revisar. Evaluó vestuarios, cabinas de transmisión, salones y accesos. Sugirió que el piso flotante destinado al campo de juego sea protegido para evitar daños. Le contaron sobre la ampliación de tribunas existentes a nivel del piso y la posible instalación de otras nuevas, a modo de visera, en lo más alto.
Antes de compartir un lunch en el salón VIP con el resto de los participantes de la recorrida interna, entre los que estaban el intendente local, Gustavo Pulti, y el secretario general de la gobernación bonaerense, José Scioli, hermano del gobernador, también hizo consultas sobre equipamiento de aire acondicionado y espacios destinados a la transmisión televisiva. "Hizo muchas preguntas y ninguna objeción", contó Romani.
Albert sólo se dejó ver cuando recorrió la periferia del polideportivo. Tomó fotos exteriores del complejo y luego caminó más de 500 metros hasta el Estadio Mundialista, donde visitó gimnasios que pudieran servir como canchas de entrenamiento. Los descartó porque tienen siete metros de altura y se requiere un mínimo de quince. Entonces, como en cada caso, le acercaron alternativas a mano. Hoy volverá al polideportivo para presenciar una prueba de luces y luego recorrerá la ciudad para examinar vías de acceso al estadio, y canchas de tenis auxiliares que sean techadas y estén -como se exige- a no más de un cuarto de hora de viaje en auto. También evaluará la hotelería de máxima categoría, que ella misma disfruta en la zona de Playa Grande. Y mañana se trasladará a Córdoba, donde realizará la misma rutina con el estadio Orfeo.
Tras su retirada, los arquitectos seguían midiendo butacas y ganaban milímetro por milímetro para alcanzar el límite de 12.000 plazas. "Esa exigencia de capacidad sigue latente", reconoció Romani.
"En la inspección no se destacó ni cuestionó nada", insistió el dirigente, y destacó que esta visita nada cambia por ahora en la definición de la sede. "Ambas están en carrera", aseguró. La elección sólo se conocería el jueves próximo.
