Federico Gómez perdió ante Cameron Norrie: el final de un viaje de redención anímica y tenística por Roland Garros
El argentino, que en marzo hizo una desgarradora confesión sobre su salud mental, cayó en su primer Grand Slam ante el británico, pero se va de París con mucho por celebrar
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PARÍS (Enviado especial).- A Federico Agustín Gómez, una suerte de King Kong con raqueta y casi cien kilos, le faltó equilibrio y oxígeno para que la abundante explosión de sus impactos llegaran a destino correcto. Cameron Norrie, el zurdo británico que salió del top 85 por dificultades físicas pero supo ser uno de los mejores ocho tenistas del mundo hace tres temporadas, controló la artillería del argentino en el Court 13 de Roland Garros y, tras desanudar empeñosamente el tie-break del primer set, llevó el partido -por la segunda ronda- a rienda corta hasta firmarlo por 7-6 (9-7), 6-2 y 6-1, en dos horas y 14 minutos.
Acabó el viaje de Gómez por París, pero fue productivo. Se trató de una experiencia enriquecedora que, primero, debería ayudarlo para seguir ganando la pulseada más valiosa: la anímica. Y, después, mostró un rendimiento que tendría que impulsarlo para seguir en la saludable búsqueda de evolucionar en el circuito grande. Llegó como 144° del ranking al Bois de Boulogne y con muchos ojos foráneos puestos en él tras la fuerte confesión sobre bloqueos de salud mental y “pensamientos suicidas”. Volvió a encontrarse con Novak Djokovic, la leyenda que lo arropó desde el día uno. Tras caer en la última ronda de la clasificación, entró en el cuadro principal del Grand Slam parisino como perdedor afortunado y, pocas horas después, obtuvo su primer éxito en un torneo de esa categoría (la máxima), ante el estadounidense Aleksandar Kovacevic (76°). Aspiraba a convertirse en el séptimo lucky loser en alcanzar la tercera ronda de Roland Garros en singles masculinos en este siglo, pero se quedó sin combustible.
Los 25 grados y 60% de humedad de este jueves fueron un desafío para los tenistas. El sofocón fue mayor al de toda la semana. A Gómez, nacido en Merlo hace 28 años, le costó hacer pie durante una buena porción del primer set (estuvo 3-0 y 4-1 abajo) y se mostró inseguro con el saque (cometió cinco dobles faltas), pero equiparó el score a base de empuje y dientes apretados, con un constante ida y vuelta con su equipo. Norrie, entrenado por el argentino Facundo Lugones, sacó 5-4 para llevarse el parcial, pero Gómez se lo impidió, quebrándole. Llegaron al tie-break y allí sí el zurdo nacido en Johannesburgo -pero nacionalizado británico- fue más paciente y preciso. Perder el primer set fue un impacto para el sudamericano. “No creo que haya sido desgastante en cuanto a la energía, porque me siento bien; pero sí fue duro en lo mental. Haber estado abajo en el marcador, igualarlo y no cerrarlo fue duro. Cam es un jugador de experiencia y subió su nivel; me hizo sentir cómodo”, analizó Gómez.
En el segundo y tercer parcial, el argentino se quedó con menos recursos. Se lo vio fatigado y tocándose el hombro derecho, como si hubiera tenido alguna molestia. Pero no hubo excusas. Le tocó arriesgar, pero terminó cometiendo muchos errores no forzados (56 contra 22 de Norrie). Además, únicamente pudo aprovechar una de las diez chances de rompimiento generadas (¿Norrie? Seis de catorce). “Estos son partidos largos y se vio en el primer set. Me quebró estando yo 40-0, pero cuando él después sacó para set le rompí el suyo -apuntó-. Yo estaba tranquilo de que iba a ser un partido largo, pero al no haber podido aprovechar mi oportunidad en el tie-break, él subió y yo bajé. Claro que este torneo va a ser un antes y un después; fue muy lindo. Obviamente uno quiere seguir ganando y avanzando, tenía ilusión de hacerlo, pero hay que aprender de lo que pasó, revisar las cosas que no salieron y trabajar en eso”.
“Me voy contento; no hoy”, sonrió Gómez. Y añadió: “Con el correr de los días lo iré analizando y estaré agradecido de haber podido estar acá. Haber tenido la posibilidad de jugar mi primer Grand Slam y ganar un partido, hacer un buen torneo, me hace irme orgulloso. A partir de mi historia, del posteo que hice en marzo, hubo muchos jugadores que se me han acercado, que me han transmitido su apoyo personalmente, otros por mensajes o redes sociales. Mismo, Cameron, cuando terminamos, me felicitó y se puso contento por el nivel que mostré”.
Económicamente, la tarea en el Abierto francés también fue fructífera para el bonaerense y le dará la chance de contar con mayor presupuesto del habitual: de París se llevará 117.000 euros, una cifra que equivale a la mitad obtenida en toda su carrera (US$ 303.500). “Ahora teníamos una idea de un calendario que no sé si lo vamos a respetar -reconoció-. En estos días me voy a sentar con el equipo a hablarlo, a evaluar la mejor opción, pero sí, económicamente es un impulso, un mimo al corazón y decir: ‘Estoy un poco más tranquilo’. Poder viajar y hacer una inversión en esta parte del año que es crucial, porque la gira se hace larga y a veces es muy duro porque aparecen los dolores y se asusta y no sabe cómo tratarlo, el entrenador está ahí pero hace lo que puede. Obviamente trabajo con los fisios en los torneos, pero no es lo mismo que tu grupo de trabajo diario. Así que veremos, me tomaré unos días, volveré a Buenos Aires para entrenar y después volveré a Europa para continuar con la gira”.
En abril pasado, después de jugar Challengers en los Estados Unidos, Gómez viajó al Viejo Continente para la gira sobre polvo de ladrillo. En el Masters 1000 de Roma cayó en la primera ronda de la qualy, pero así y todo, no se amargó, porque se sintió jugando bien. Pocos días después perdió en su debut en el Challenger de Turín, pero tampoco se apesadumbró, ya que sentía un buen feeling en su juego. “Antes de venir a Roland Garros tenía sensaciones de que podía hacer un buen trabajo. Terminar en la segunda ronda duele, pero con el correr de los días voy a estar contento y satisfecho con el trabajo”.
El resumen de Gómez-Norrie
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