Francisco Cerúndolo, a fondo: la Copa Davis, críticas implacables y una mirada personal
El mejor tenista de nuestro medio se presenta este miércoles en el Argentina Open
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Francisco Cerúndolo se sienta en un rincón del Buenos Aires Lawn Tennis Club, rodeado de asistentes, empleados, gerentes y curiosos: un ejército de voluntades que suelen rodear a las figuras del tenis mundial. Un sorbo de agua fresca y el respiro: la charla con LA NACION parece un oasis mientras vuelan pelotazos en el Argentina Open. “Cuando estoy en casa, lo que me relaja, lo que me saca un poco de la vorágine del tenis, es estar con los amigos de toda la vida, los del colegio, los que no tienen nada que ver con esto. Hablamos de la vida y me siento el Fran que fui toda mi vida. En casa me conecto desde ese lado. En las giras es más difícil, porque estoy siempre con el equipo. Entonces, trato de ver a River, mirar alguna serie, salir a caminar un rato. Escucho mucha música. Escucho de todo, la verdad”, cuenta el talentoso, de 27 años, 19° en el ranking y primer preclasificado en el tradicional certamen doméstico.
“Al viajar tanto y estar en tantas ciudades diferentes, sobre todo, las primeras veces que voy, me gusta recorrerlas un poco. Si tengo que jugar no voy a caminar 1000 kilómetros, pero me gusta salir, ir a comer a la noche. No me interesa quedarme todo el día en el club y en el hotel. Es necesario salir de la rutina, no pensar en tenis todo el día”, descubre su intimidad, como pocas veces. Las críticas despiadadas, su personalidad arrolladora. La Copa Davis, la vida misma: tópicos de una charla que traspasa la actualidad.
Se trata de la mejor raqueta de nuestro medio, que llegó a ser 18° en mayo de 2025, consiguió 3 títulos ATP y fue dos veces finalista en Buenos Aires. El año pasado, cayó con João Fonseca, la joya del tenis brasileño, y en 2021 perdió ante Diego Schwartzman.
-Decís que cuando estas con tus amigos sos “el Fran de siempre”. ¿Quién es ese Francisco, que tal vez el público no conoce tanto?
-El mismo de siempre, en realidad, lo sigo siendo, lo que digo es poder ser como soy. Ellos me conocen antes de que, lo que ves ahora, que hay tanta gente alrededor mío, cámaras, personas, asistentes. Autógrafos, fotos, estadios llenos… Salir de ese lado, tal vez cuando no me siento observado por todo el mundo. Un poco esa tranquilidad, con la gente que me conoce de toda la vida.
-El tenis te dio todo lo que soñaste. Sin embargo, no dejás de ser una persona a la que le pasan cosas, como a todo el mundo.
-Obvio, total. Más allá del tenista profesional, la vida va girando. Tenés problemas, buenas, malas, lo que sea. Y después tenés que jugar un partido y la gente y tu rival no saben si te pasó algo o estás bien, mal. Hay que salir a la cancha, hacer lo mejor y es difícil. Además, me gusta escucharlos a ellos, a mis amigos. Preguntarles yo cómo están, en qué andan, porque a cualquier lugar en donde voy, yo soy el centro de atención, todos me preguntan a mí. A veces, te hincha un poco… Con ellos, soy uno más.

-¿Cómo viviste esta serie de la Davis contra Corea, al estar al margen?
-Fue una decisión que tomamos con mi equipo. El no poder ir ahí… duele haber tomado esa decisión, no es algo que yo quiera o me guste. A veces hay que priorizar otras cosas, en todos estos años jugué casi todas las series de la Copa Davis. En esta no se pudo, por diferentes motivos. No estoy contento de no haber ido, me encanta jugar para la Argentina, desde 2022 juego todos los partidos. Esta vez no se pudo.
-¿Molestan las críticas?
-Duelen las críticas, entiendo todo lo que puedan decir. Pero a veces hay que pensar en otras cosas, se dio así. Los que jugaron son mis pares, son colegas, son mis amigos. Críticas, opiniones, siempre va a haber. Hablar puede hablar cualquiera y es gratis, se entiende y es algo que tuve que ir aprendiendo a lo largo de toda mi carrera. De mi parte, ser el 1 de la Argentina implica que cualquier movimiento que haga, voy a escuchar diferentes cosas. Sé que muchas veces me van a pegar y otras tantas, no… los entiendo, obvio. Es lógico que quieran que los mejores del país estén en el equipo. Pero en los últimos cuatro, cinco años, di la cara en todas las series. En el fondo, sé quiénes tiran buena onda y los que no.
-Todo ese ruido a tu alrededor, ¿cuánto te afecta?
-Sé que es así, que va a ser toda la vida así. Todo el mundo va a opinar. Hay gente que salió a criticarme, a bardearme, yo no tengo ningún problema, pero después que no vayan a pedir por mí, porque después van a querer el mejor equipo y se olvidan de la serie anterior. No escucho mucho, no leo mucho, pero me llega todo.

-Suele decirse que, si hay 100 elogios y una crítica, por alguna razón, nos quedamos con esa última opinión.
-Sí, porque la gente siempre habla de las cosas que salen mal. Las felicitaciones pasan desapercibidas, pero cuando te pegan, te castigan, resalta más. Queda más evidente lo negativo que lo positivo.
-¿Y vos? ¿Sos de castigarte en exceso?
-Me cuesta mucho festejar, premiarme por las cosas buenas. Soy muy autoexigente, siempre me pido más, me exijo más. Festejo, sí, pero no me conformo con eso. Por un lado, está bueno, pero por el otro siempre estoy pidiendo algo más, como que no valoro lo que estoy consiguiendo. Tengo que encontrar un balance: tengo que asumir las cosas buenas y no creer que sea una tragedia cuando las cosas van mal.
-¿Estás con ayuda de profesionales en ese rubro?
-Sí, sí. Nunca me sentí mal, es solo mi manera de ser, cómo soy yo. Se trata de lidiar un poco con eso, nada más.

-En la cancha solías tener instantes de furia; luego de la tormenta, volvía la calma…
-Son cosas de mi personalidad, mi forma de ser. Es la forma de expresarme, soy una persona que manifiesta sus emociones, hay gente que es más tranquila, callada, a mí me resulta de otra manera. A lo largo de toda mi carrera, aprendí a gestionarlo, que no me juegue en contra. Si yo me caliento, tengo que saber que el punto siguiente tengo que estar concentrado.
-Esas “explosiones”, también, te llevaron a construir una muy buena carrera.
-Sí, por eso, cada uno es como es. Obvio que el que manifiesta sus emociones, festeja o se enoja, va a estar en el centro de la escena por sobre el que no te genera nada, el que no dice nada. Nadie lo va a mirar. Si dicen si me caliento o no me caliento, la verdad, no me importa. Yo sé cómo soy, sé de qué manera manejarme. Y busco ser un mejor jugador.
-Apuntemos a ese lado, ¿sentís que cada vez estás más cerca?
-Es el quinto año que estoy en el Top 30, segundo año en el Top 20, me siento, sí, más consistente, un mejor jugador, me siento muy bien. Si me siento más cerca o no… no te lo sabría decir. Es una cuestión de tiempo, de torneos, de resultados, de ver cómo va la mano. Me tengo fe, eh. De seguir ganando y ganándoles a los mejores. Confío y veo que lo puedo hacer. Voy a tratar de seguir rompiendo mis récords y objetivos.

-Se viene el debut en el torneo. ¿Cómo estás?
-Me sentí muy bien jugando en Australia, con un buen tenis, en muchos aspectos me sentí cómodo, sobre todo en lo mental. Arrancar el año en los octavos de final en Melbourne me permitió llegar acá con envión. Me siento muy bien, más allá de que en polvo de ladrillo es otra historia, no juego en esta superficie desde junio. Es un montón de tiempo. Quiero jugar la final, pero el debut no es nada fácil.
-Lorenzo Musetti se bajó por lesión y sos el principal candidato. ¿Es una presión extra?
-El hecho de ser el 1° o 2° no me cambia, es lindo ser el uno del torneo, sobre todo en tu casa y, además, nunca me había pasado. Pero no me genera más presión, estoy enfocado como siempre.
-Es un torneo especial.
-Todos los años quiero ganar acá. Hice dos finales, tengo las ganas de salir campeón, es la única semana que juego en la Argentina, con mi gente. Se disfruta mucho y trato de hacer lo mejor posible. Quiero ir por todo. Estoy bien, físicamente impecable. Ahora pasé de cemento a polvo de ladrillo, tengo que tener cuidado con eso. Estoy con confianza y envión anímico. En Australia gané todos los partidos en sets corridos. Después, con Zverev… él jugó un partido impresionante. Jugar contra los mejores del mundo te llevan al límite. Hay que estar ahí, llegar hasta las instancias finales.

La charla pasa volando, mientras un grupo de jóvenes va, viene: un mundo detrás de escena de los efervescentes partidos sobre polvo de ladrillo. Fran posa para las fotos a metros de la flamante sala de prensa “Guillermo Salatino”, un homenaje del tenis a una figura icónica. Antes de meterse en el túnel de la presentación (este miércoles, contra el atrevido boliviano Hugo Dellien), recuerda un momento mágico. Las risas y las charlas de madrugada con algunos genios de otra era.
“Fue muy lindo haber compartido en la Laver Cup con Agassi, con McEnroe, con Rafter, el hermano de John, leyendas del tenis. Antes de estar ahí no los conocía mucho. Haber compartido horas con ellos, tanto dentro como fuera de las canchas, es un orgullo, un placer. Me dieron ciertos tips que me ayudaron, ellos ven el tenis de una manera que muy pocos la ven”, reflexiona Cerúndolo, el tenista que juega en la elite, el hombre común que no esconde sus sentimientos.
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