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Dentro del circuito de interclubes europeos, la Bundesliga alemana es considerada la Meca, seguida por las ligas de Francia e Italia y, en menor medida, Suiza, Austria y Holanda. En la primera división del certamen germano participan clubes históricos como el Rochus –sede de la extinta Copa del Mundo por Equipos–, de Düsseldorf; se juega durante nueve fines de semana, entre julio y agosto, y cada club se enfrenta con otro en una serie de cuatro singles y dos dobles; suele jugarse sobre polvo de ladrillo, pero si el clima no ayuda, la serie continúa en carpeta bajo techo, ya que la mayoría de los clubes cuentan con ese tipo de canchas. Pero, además, hay varias divisiones y ligas regionales, y esa variedad permite la conjunción de consagrados con buscavidas. Una muestra está en la nómina de Grün-Weiss, de Mannheim, el campeón actual de la Bundesliga, que incluyó al argentino Juan Pablo Brzezicki, pero también al austríaco Jürgen Melzer, N° 11 del mundo, y al ignoto Lars Poerschke, 808°. En Rochus, por caso, estuvo el serbio Janko Tipsarevic, reciente campeón de la Copa Davis, y también un retirado, como Fabrice Santoro, que en 2010 jugó dobles allí con Juan Ignacio Chela.
"En Alemania encontrás de todo, es muy amplio el rango para jugar; hay desde pibes surgidos del club hasta algún top 20. Y se fijan mucho en que puedas jugar singles y dobles. Los vínculos son muy flexibles y por la parte fiscal está todo estipulado por contrato. Jugar interclubes es fundamental en lo económico. La primera vez que lo hice fue a cambio de un pasaje de avión. Es el primer paso para ir a Europa", explicó Martín Vassallo Argüello.
"Creo que el 80 por ciento de los jugadores han pasado por ahí en algún momento, como una forma de financiarse en los comienzos. Ahora no se pagan los mismos premios que hace unos años, por la crisis, y otro factor que restringió el ingreso es el cupo de extranjeros y la obligación de tener un pasaporte comunitario", contó Alejandro Lombardo, entrenador del zurdo Horacio Zeballos.
Sin embargo, Lombardo advierte sobre una situación que puede ser controvertida: "A veces el interclubes es un arma de doble filo para los chicos que van, lo juegan y se quedan ahí un mes y medio, dos meses... Sólo juegan los fines de semana y pierden entrenamiento y nivel. Cuando se llega a un cierto ranking no tiene sentido; se justifica jugarlo para el que está entre el puesto 80° y el 250°, porque se juega los fines de semana y podés hacer una minipretemporada. Pero hay una diferencia muy grande con el que va sólo a facturar. Si el jugador no tiene nivel, va, trabaja y hace su dinero, pero si tiene potencial para algo más, le puede jugar en contra". Esto ocurre cuando un jugador alcanza un ranking estable –dentro del top 100–, embolsa buenos premios en los interclubes y no asume los riesgos de buscar mayores objetivos en el ATP Tour.
En nuestro país, el torneo Interclubes es organizado por la AAT junto con la empresa Havas Sports y reparte un total de 50.000 pesos en premios; participan 140 clubes en todas las categorías (de juveniles a más de 70 años), y sólo en Capital y Gran Buenos Aires se calcula un total de 15.000 jugadores en todos los niveles. El campeonato más importante es el del primera división, que se juega a fin de año; recientemente se consagró el Buenos Aires Lawn Tennis Club, que le ganó por 2-1 la final a Arquitectura, en varones, y a Urquiza Tenis Club, por el mismo resultado, entre las mujeres.
A diferencia de los clubes europeos, la relación entre los jugadores y las entidades locales es mucho más cercana: "En el nivel nacional casi no se cobra. Yo lo juego para retribuir el lugar de entrenamiento y el trato con la gente", acepta Martín Vassallo Argüello, surgido en Lanús.


