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LONDRES.- Pasaron unos 15 minutos de las dos de la tarde, en una de las jornadas más nubosas desde que comenzó el Barclays ATP World Tour Finals. El Fan Zone, un sitio creado únicamente para la distracción en el que uno puede beber cerveza como si se estuviera en un bar del caribe o tomarse una fotografía con el trofeo de campeón, luce despoblado; Andy Murray y Novak Djokovic, probablemente los dos mejores tenistas del año, se sacan chispas en el court central del O2 y esa es la gran atracción. En ese momento, Juan Martín del Potro surge desde una esquina; paso cansino, mirada al frente, dos raquetas en la mano. Ingresa en una de las canchas de entrenamiento, se quita el buzo y comienza a calentar los músculos para luego ensayar golpes, como es habitual, con Franco Davin. Todavía masculla un poco de bronca por no lograr saltar el muro, por haber perdido con David Ferrer por 6-3, 3-6 y 6-4, en su regreso a un Masters luego de tres años. La caída, la cuarta ante el español desde la final de la Copa Davis del año pasado en Sevilla, dejó al tandilense en una posición expectante y con sensaciones disímiles con miras a las semifinales. Hoy, por el Grupo B, no antes de las 16.45 de la Argentina (19.45 en Londres), se medirá con el serbio Janko Tipsarevic, el número 9, a quien domina 3-0 en el historial.
El abanico de posibilidades para superar la etapa de round robin es amplio. Incluso, el argentino puede tener chances de ser semifinalista hasta perdiendo, claro que dependería de que antes, desde las 10.45, Ferrer derrotara a Roger Federer y luego especular con un triunfo, el sábado, ante el suizo. En caso de igualdad entre dos jugadores, se definirá por el resultado entre ambos; si es entre tres hombres, por porcentaje de sets ganados, luego por games y por último por la posición en el ranking. Pero, si bien en 2009, Delpo se clasificó en el último suspiro por un game de diferencia y tiene presente esa situación en su memoria, no parece desvivirse por ello sino, más bien, por cumplir con los ajustes estratégicos y atléticos que incorporó en su disco rígido desde que arrancó la temporada, una temporada récord en la que jugó la mayor cantidad de partidos desde que es profesional (79 hasta hoy), incluso superando la cantidad de 2009, el año del US Open conquistado (71). Es evidente que si bien logró un salto de calidad batiendo a Federer en la final de Basilea, a Del Potro le sigue costando dar un paso más hacia el top 5. Pero está en una búsqueda valiosa.
El grupo de trabajo del argentino, integrado por Davin y el preparador físico Martiniano Orazi, fraccionó el año en tres bloques de mini pretemporada y pondera la cantidad de desafíos disputados. Incluso, tomando como parámetro los últimos 20 años y teniendo en cuenta el desgaste y las desventajas geográficas que poseen los tenistas sudamericanos con los europeos, cotejan el año con lo hecho por Guga Kuerten y Marcelo Ríos, dos ex número 1. El brasileño, en 2000, cuando alcanzó el liderazgo en diciembre, jugó 86 partidos; el chileno llegó al 1 en mayo de 1998 y disputó 87 encuentros. Guillermo Coria, que llegó al número 3 en mayo de 2004, sumó 78 en 2003; y Gastón Gaudio jugó 77 partidos en 2005, cuando más títulos ganó: 5.
Más allá de las lesiones que sembraron espinas en el camino (rodilla izquierda y tendón de muñeca izquierda), Del Potro y su equipo consideran que fue un año en el que creció como atleta. Que el cuerpo se adaptó a la competencia y que el tandilense aprendió a economizar energías. Al tener un físico tan espigado (1,98 metro), para Del Potro todo es más complejo, sin embargo se lo vio más ágil en los desplazamientos. Y Orazi, sobre todo, puso atención en la estimulación de la zona media, lumbar, que es el centro de estabilidad.
Además, puso la mirada en la iniciativa y en el saque, piedra basal de su estrategia. Si en febrero servía, mayormente, al centro, el final del año lo halla variando muchísimo las direcciones para no ser previsible. Es el décimo jugador con más aces en 2012 (569), está quinto en el rubro games de saque ganados (88%), octavo en puntos de quiebre salvados (69%) y tiene un 65% de primeros saques. Además de lanzar la pelota más adelante para buscar envión, el argentino intentó perfeccionar la reacción inmediata al golpe, porque el problema de todo gran saque es cuando la devolución es incómoda. Han estudiado las acciones en video y hasta con la ayuda de Marcelo Albamonte, hombre que busca resolver problemas en la matemática deportiva.
El argentino mejoró los porcentajes de efectividad en sus devoluciones, aunque ese sigue siendo un rubro por perfeccionar, tanto como el revés paralelo (lo ejecuta en cuentagotas) y el cierre de los puntos en la red. Al no avanzar tanto hacia adelante (está claro que como mejor se siente es pegando latigazos desde el fondo), en algunos tramos, el planteo de Delpo puede tornarse previsible. Algo de ello le ocurrió anteanoche con Ferrer. Da la sensación que con su gran porte físico y alcance de brazos, podría hacer mucho daño en la red. Es que para los top 5 cualquier detalle suma y no perdonan en ese sentido, mucho menos en una cita como la que se disfruta en el O2, donde todos quieren ser maestros.
LONDRES (De un enviado especial).– Hay historias que quitan la modorra a lo previsible. Jonathan Marray, nacido hace 31 años en Liverpool, desde siempre se ganó la vida en el tenis aunque en un segundo plano, jugando Challengers. Lejos de los hoteles 5 estrellas, vivió en casas de familia y pasó momentos complicados. Pero sus días dieron un giro completo cuando en el último torneo de Wimbledon se consagró en dobles, junto con el dinamarqués Frederik Nielsen. La similar fonética de su apellido con el de Andy Murray le sumó más condimentos a la novela. Y ayer, en el Masters londinense, Marray y Nielsen se convirtieron en la primera pareja clasificada para las semifinales tras derrotar 7-6 (3), 4-6 y 12-10 a Daniel Nestor (Canadá) y Max Mirnyi (Belarús), segundos favoritos. Marray, ya de veterano, se ganó la ovación del público y la idolatría. Por los singles del Grupo A, Novak Djokovic derrotó a Murray 4-6, 6-3 y 7-5, y Tomas Berdych venció a Jo-Wilfred Tsonga 7-5, 3-6 y 6-1.


