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El talento y la pasión, en muchas oportunidades, se heredan. Hace poco más de tres décadas, Jorge Burruchaga se consagró campeón del mundo tras marcar el gol decisivo en la final de México 1986 frente a Alemania. Sus hijos incorporaron la efervescencia por el deporte. Y, como si fuera un guiño del destino, Román, el más de chico de sus cuatro herederos (están Diana, Alexia y Mauro, en ese orden), también se convirtió en campeón mundial. No lo hizo con una pelota número 5, sino empuñando una raqueta de tenis, en el Mundial Sub 14 de Prostejov, en la República Checa, certamen que la Argentina había obtenido por última vez en 1996, en Nagoya, con Guillermo Coria , David Nalbandian y Antonio Pastorino.
Admirador de Roger Federer y Novak Djokovic , Román se destacó en el equipo nacional que compartió con Santiago De la Fuente y Gabriel Mamani, y capitaneó Jorge Etchar. No cedió ni un set en toda la competencia (en la final, 2-0 ante China, se impuso por 6-0 y 6-1 ante Bohua Dong). Jorge Burruchaga y su esposa, Fabiola (hija del recordado futbolista de River Pipo Rossi), se dieron el gran gusto de acompañar a Román en la República Checa.
Todo el equipo está muy feliz de haber ganado el Mundial Sub 14; nos sentimos muy bien con todo el grupo. No fue fácil el torneo, pero terminé muy contento
“Tengo un sentimiento de alegría espectacular. Es una satisfacción enorme por Román, por su sueño de llegar algún día a ser profesional o, como dijo en aquella nota con la nacion (http://www.lanacion.com.ar/1755654-el-burruchaga-que-fantasea-con-el-us-open), de jugar y ganar un Grand Slam. Este es un primer gran paso que da en su carrera, lo hizo en equipo y sin dudas lo alimenta de energía y ganas para ir transitando este camino difícil”, le dice a la nacion, desde Prostejov, el ex futbolista de Arsenal, Independiente, Nantes y Valenciennes. “Fue una satisfacción enorme poder estar acá, con mi señora, estar al lado de él, con lo que significa para un padre estar junto a su hijo, para que sintiera el afecto –añade Burruchaga–. Además, con la connotación que tenía el torneo, de 20 años sin que se lograra. Por ahí ellos no se dan cuenta ahora de lo que hicieron, son chiquitos, pero fue enorme. Están felices, les sirve para medirse y saber cómo están, porque es, prácticamente, la primera vez que salieron de gira por Europa. Tengo una inmensa felicidad por haber vivido este momento con un hijo que me salió tenista y campeón del mundo”.
Tengo una inmensa felicidad por haber vivido este momento con un hijo, que me salió tenista y campeón del mundo
Román no había nacido cuando su papá ganó la Copa del Mundo junto con Diego Maradona. De niño, como su hermano Mauro, empezó a jugar al fútbol en la escuelita de River, pero poco a poco se fue acercando al tenis. Tuvo facilidad con la raqueta en la mano derecha. Se entrenó en el Tiro Federal, frente al Monumental, y también en Parque Sarmiento, con Tito Vázquez. Jorge es fanático de los deportes; aficionado al boxeo y al Tour de France. Pero, hasta que Román se lo empezó a tomar con mayor seriedad, poco contacto había tenido en su vida con el tenis. Apenas unos partidos jugados durante el proceso de recuperación de una rodilla, la presencia en una exhibición de Yannick Noah en Nantes y un encuentro casual con Ivan Lendl en Mónaco. Con Román compitiendo en los courts, Burru descubrió un mundo nuevo, exigente. “El fútbol y el tenis se parecen en las presiones y en que se esperan resultados en edades cortas. Lo que más me sorprende del tenis es lo jóvenes que muchos se retiran. Es demasiado exigente desde edades prematuras y se les quema la cabeza”, dijo el DT, alarmado. Por ello, desde el inicio, siempre habló con su hijo para explicarle cómo debe comportarse y asumir las frustraciones.
“¿Cómo viví la final? Tranquilo, confiado, porque noté muy bien a Román y a todos los chicos, al capitán. Les había tocado una zona dura, contra los checos, que eran los locales y grandes candidatos. Se sabía que los chicos nuestros eran importantes, pero la experiencia de competir con los mejores del mundo y en Europa era nueva”, comenta el hombre que se nombra para sumarse al cuerpo técnico del seleccionado de fútbol que lidera Edgardo Bauza. “Fue emocionante ver el día a día de los chicos. El torneo me sorprendió; es espectacular. Verlo a Román disfrutar, convivir con sus compañeros y con gente de otros lados, pese al impedimento del idioma, fue grandioso. Además, todo tuvo un final feliz, así que estoy recontra contento. Seguramente este Mundial habrá sido un torneo significativo para muchos tenistas y ojalá que lo sea para ellos también”, explica Burruchaga. Y tiene razón: el certamen lo jugaron, entre otros, Rafael Nadal, Richard Gasquet y Jo-Wilfried Tsonga.
De México 86 a Prostejov 2016, del fútbol al tenis, Jorge y Román Burruchaga. La misma sangre. Campeones del mundo.
st/cl

