Beatriz Haddad Maia venció a Garbiñe Muguruza y fue protagonista de una de las sorpresas de Wimbledon: la historia de la sonámbula brasileña con acento argentino

Haddad Maia venció a Garbine Muguruza en Wimbledon
Haddad Maia venció a Garbine Muguruza en Wimbledon Fuente: AFP
Sebastián Torok
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2 de julio de 2019  • 16:00

LONDRES.- Beatriz Haddad Maia tiene 23 años y es paulista, "torcedora do São Paulo", pero se refiere a sus rivales tenistas como "las minas" y no tiene timidez para decir, sonriendo, que tal o cual contrincante la "cagó a palos". La brasileña, que superó la clasificación de Wimbledon, se encumbró como la única mujer sudamericana del main draw del tercer Grand Slam de la temporada, lo que le generó sensaciones disímiles: orgullo por su avance, tristeza por la soledad. No se quedó en ese logro: entrenada por Germán Gaich, un cordobés de Villa María que llegó al puesto 740° de ATP en 2009, Haddad Maia derrumbó a la venezolana nacionalizada española Garbiñe Muguruza (campeona en el All England en 2017 y finalista en 2015) por 6-4 y 6-4. "Representa un triunfo personal muy bueno, que me toca la parte emocional. Es contra una mina muy grande, que ganó el torneo, que es muy intensa. La otra vez habíamos jugado en Cincinnati 2017 y me cagó a palos (6-2 y 6-0). Realmente me cagó a palos (sonríe). Pero yo estaba con ganas de revancha", le dice a LA NACION.

Haddad Maia conoció a Gaich hace tres años, mientras se entrenaba en una academia de Río de Janeiro. Ella estaba sin coach, charlaron, decidieron probar algunas semanas y hubo química. Claro que debieron empezar dos meses después de lo previsto, ya que la brasileña es sonámbula y una noche se cayó de la cama, sufrió un fuerte golpe y se fracturó tres vértebras de la espalda. "Me lastimé bastante. Por suerte esa fue la única vez que me pasó algo así", cuenta, sin perder la chispa. Explica que junto con Gaich hacen base en la academia de Nick Bollettieri, en Bradenton, en la Florida estadounidense. Durante algunos años, Gaich fue sparring de David Nalbandian y, un año y medio mayor que Juan Martín del Potro, hasta se dio el gusto de ganarle en algunas oportunidades al tandilense en los torneos de categoría Sub 12 y 14.

La brasileña es la mejor sudamericana del ranking de la WTA (121ª; la siguen la paraguaya Verónica Cepede Royg, 154ª, y la argentina Paula Ormaechea, 183ª). Explica que pasa poco tiempo en San Pablo, pero que cada vez que lo hace adora visitar a sus abuelos, comer "salmón, feijoada y rodilla de puerco". Tiene origen sirio libanés y, por ende, en su menú hay influencias de ese tipo. Su madre da clases de tenis en un colegio paulista, para chicos de 4 a 12 años. Y aprecia muchísimo a Larri Pasos, el histórico entrenador de Guga Kuerten, quien fue su coach durante cuatro años. "Ahora estoy feliz por él, porque luchó a full contra un cáncer de próstata, nadie lo sabía, está bien, es una persona increíble, tiene un corazón gigante, hizo cosas maravillosas con Guga, me ayudó a crecer mucho, a confiar en mí. Le encanta el tenis", revela la tenista.

Se pone seria cuando retoma la estadística que la muestra como la única sudamericana del cuadro principal. Amiga de la rosarina Nadia Podoroska (inclusive ganaron, juntas, el dobles de Bogotá en 2017), aporta: "Yo en verdad pienso mucho en poder cambiar eso. Desde chica nunca tuve una jugadora sudamericana como referencia, que fuera mi espejo. La jugadora top que tuvimos en Brasil fue María Esther Bueno, que jugó en los 50 y los 60. No vi a Sabatini, a Gisela Dulko casi nada; conozco más a su hermano, Alejandro, que es entrenador y amigo de Germán (Gaich)", comenta Haddad Maia. Y añade, levantando la voz: "Estar sola en Wimbledon es feo, me gustaría tener una amiga como Nadia, por ejemplo, con mi cultura y mi tradición. Es muy duro estar en el circuito sola, sin sudamericanas, porque me encanta estar con la gente calurosa, con la que podés hablar. Tampoco tenemos muchos torneos en la región y puede ser una razón por la cual no salen jugadoras. Vi que en la Argentina las chicas pidieron tener torneos ITF porque no había ninguno y me parece muy bien. Yo también hice un movimiento en Río, pidiendo recuperar un torneo. También existe la falta de sponsors, porque, con todo respeto, la plata no vale nada en la Argentina en comparación con Europa y Estados Unidos. Lo mismo pasa en muchos sitios de Sudamérica y para una chica es imposible viajar sola. Una jugadora que tiene 14-15 años y tiene que jugar en el exterior, no puede ir sola. Hay que hacer algo fuerte en la región para cambiar esto".

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