Eduardo Massó, referencia argentina en Bélgica

La historia del ex tenista cordobés que vive hace 30 años en el país que recibirá al equipo nacional en la Davis
Massó hoy, en suelo belga
Massó hoy, en suelo belga Crédito: Gentileza Eduardo Massó
La historia del ex tenista cordobés que vive hace 30 años en el país que recibirá al equipo nacional en la Davis
Sebastián Torok
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30 de julio de 2015  • 07:32

La tonada cordobesa se oye intacta del otro lado de la línea pese a las tres décadas de residencia en Bélgica. Eduardo Massó, el Panza Massó, aquel tenista que nació hace 51 años en Bell Ville, que aprendió a jugar en el Club Atlético y Biblioteca Bell, que llegó a vivir durante varias pretemporadas estivales en los dormis debajo de las tribunas del court central del Buenos Aires Lawn Tennis Club, y que perteneció a la generación de Martín Jaite, Javier Frana y Christian Miniussi, entre otros, es muy distinto de aquel que llegó a Bruselas en 1982, junto con Gustavo Luza, para ganarse la vida con la raqueta, y prácticamente nunca regresó. Con la clasificación del equipo argentino de Copa Davis para las semifinales frente a Bélgica, del 18 al 20 de septiembre, Massó se convirtió, inmediatamente, en una referencia. "Tengo cuatro hijos belgas: Luca, de 21 años; Alexia, de 17; Diego, de 11; y Andrea, que nació el 30 de junio. Todos tienen doble nacionalidad. Y el mayor, lo primero que me preguntó fue a quién apoyaría. Y no lo sé, cualquiera que gane me pondrá contento", le cuenta Massó a la nacion.

En Bélgica construyó su carrera profesional. Ya nacionalizado, le ofrecieron jugar la Copa Davis para ese país y no lo dudó. "Cuando me dieron esa posibilidad, mi vida estaba hecha acá. Tenía la idea de volver a la Argentina, pero solo de vacaciones. Ni entendía el idioma y aquí me dieron trabajo. Es más, la madre adoptiva que me recibió en su casa hace 30 años, hoy cuida a mis hijos", justifica. Estuvo mucho tiempo casado con Sabrina Merckx, la hija de Eddy, una figura del ciclismo; incluso trabajó con su, ahora ex suegro, en la fábrica de bicicletas que tenía. Como jugador, debutó en la Copa Davis en 1990 y jugó por última vez en 1992, ante Alemania (logró un récord de 6-4 en singles y 0-4 en dobles). En el circuito ATP alcanzó el puesto 56 en singles: "¿Qué clase de tenista fui? Jugaba mucho con la cabeza, tenía buenas piernas, tiraba para arriba y un buen golpe con slice. Logré victorias muy buenas, como contra Michael Stich (Hong Kong 1991) o Sergi Bruguera (Hilversum 1990). Hice una final de ATP (Hilversum 1990), jugué bien en pasto, como en Wimbledon 1992, que perdí en cuatro sets con (Andre) Agassi, luego el campeón", añade.

En octubre de 1992 tuvo que dejar el profesionalismo por una hernia cervical. "Me querían operar, pero me advirtieron que iba a perder el 20% de movilidad en el cuello. Entonces dije que no. Hice un poco de acupuntura, que me ayudó, pero no pude más, me paralizaba parte del cuerpo. Y esa lesión me ayudó para tomar la decisión del retiro, que igual ya venía pensando", comenta Massó. A los pocos meses del retiro lo nombraron capitán del equipo belga de Copa Davis, cargo que ocupó hasta fines de 1997. A la par de su función como conductor, encabezó la creación de un centro nacional de tenis en Mons, a 60 kilómetros de Bruselas, donde se desarrollaron, entre otros, Justine Henin y los hermanos Olivier y Christophe Rochus. "No fui el único argentino trabajando allí en ese momento. Estuvieron Gabriel González y Tití Rodríguez, a quien le presenté a Henin y luego hicieron su camino juntos", acota Massó, que en la actualidad trabaja como entrenador en el Royal Léopold Club, en Bruselas, un sitio de primer nivel que cuenta con 25 canchas de tenis de distintas superficies. Y dice de Henin, la ex número 1 del mundo: "Desde chica demostró unas cualidades espectaculares que las otras no tenían. En cualquier torneo junior que jugaba no le podían sacar más de tres games por partido. A los 14 años ya te explicaba dónde ganaba los puntos y por qué; era muy inteligente. Hizo todo para llegar. Hoy tiene un centro cerca de Bruselas, trabaja bien, recibe a muchas jugadoras de países del este. Tiene familia, se la ve muy bien".

¿Qué análisis hacés de las semifinales entre Bélgica y la Argentina?

Pienso que la Argentina vendrá a Bruselas con una ventaja, que es la experiencia. Está acostumbrada a esa etapa y, aunque estos sean otros jugadores, la experiencia se pasa de generación en generación. Ojo, acá hay uno que juega muchísimo, como David Goffin. Además, están Kimmer Coppejans, un chico de 21 años que no le tiene miedo a nada, y Steve Darcis, que le ganó a Rafa Nadal en Wimbledon. Dependerá mucho de cómo lleguen de físico los jugadores. Bélgica tuvo suerte, porque eliminó a Suiza y a Canadá sin sus figuras, pero están ahí, van a la guerra. Igual, creo que Leo Mayer es muy peligroso y que Daniel Orsanic creó un buen grupo. La final está ahí cerca y nadie regalará nada. Sobre cualquier superficie, la serie está 50 y 50.

Goffin hoy tiene el mejor ranking de su carrera, 14°. ¿Qué se espera de él?

Algunos lo comparan con Coria, pero el Mago era superior, era increíble. Goffin es muy ordenado, sus golpes son limpios, agarra la pelota ni bien pica, tiene una buena visión del juego. En su corta carrera ha tenido muchas lesiones. Ahora tiene una presión suplementaria que jamás pensó que tendría. Porque pocos creían que Bélgica jugaría una semifinal. Será el mejor posicionado de la serie. Tendrá que absorber una presión inmensa a la que no está acostumbrado, esa puede ser la diferencia. Cuando vaya llegando la fecha le van a poner presión de todos lados. Pero tiene una buena cabeza.

¿Qué clase de tenista es el belga?

El belga es técnico. Tiene coraje, pero su base es técnica. Antes de ponerse el overol tiene que estar seguro de que sus golpes son buenos. Tienen orden en todo, desde no tirar un papel en la calle porque te multan con 50 euros hasta cualquier ámbito de la vida. Acá, si te ven hablando por celular mientras manejás, te paran, te quitan la llave del auto y te multan.

El Forest National, el estadio elegido, tiene capacidad para 8000 espectadores. ¿Cómo puede pesar el público?

El estadio es lindo, chiquito, donde se suelen hacer shows de música. Jugué hace años ahí los torneos indoor. Ahora los belgas son más fanáticos del deporte que hace unos años. Ayudaron los Diablos Rojos, la selección de fútbol. Ellos fanatizaron el deporte. En el Mundial de Brasil todos veían los partidos, usaban las camisetas. Creo que en el tenis será así, porque se fueron contagiando. Será un evento para que la gente se vuelva fanática del tenis. Marcará un antes y un después.

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