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De los diez argentinos que están dentro del top 100, acaso Sergio Roitman sea el menos conocido por la gente. Ahora, a los 27 años, siente que empezó a cosechar lo que sembró durante una década sobre los courts del mundo. Habitante de la gira de challengers durante mucho tiempo, Roitman se mudó a un piso más alto, el de los torneos de ATP, con mucho esfuerzo. Y anteanoche, en el Buenos Aires, venció a José Acasuso, por 7-6 (7-4) y 6-1 y picó en punta en el Grupo 7 del round robin, que también integra Diego Hartfield, su rival de mañana.
"Fue el mejor resultado de mi carrera, lejos. Es un triunfo muy especial, porque le gané a uno de los mejores jugadores del mundo sobre polvo de ladrillo, y porque fue en el Buenos Aires. Desde que empecé a jugar al tenis soñé con jugar en el court central y ganar un partido como éste, por eso estoy muy feliz. Vengo trabajando hace mucho tiempo y siento esto como un premio a todo ese esfuerzo", le dijo Escopeta Roitman, después de una noche emotiva y largamente anhelada, a LA NACION.
Roitman juega al tenis desde los 10 años. No le fue fácil emprender la carrera y explicó porqué: "Nunca fui un privilegiado; no era un Coria o un Nalbandian, que ya desde chicos se les veía que iban a ser monstruos. No es un reproche, sino que se dieron las cosas así".
-Es que ni siquiera me salía la chance de jugar interclubes. Empecé como pude, sin coach, gané un par de futures seguidos, y tuve un sponsor que me duró seis meses. Así conocí a Ale Lombardo, que se convirtió en mi entrenador. Fue un paso a paso duro... Momentos difíciles hubo muchos, pero nunca pensé en dejar de jugar al tenis.
Sobre esta actualidad, en el puesto 78° del ranking, señaló: "Es algo que me lo debía. Estoy disfrutando este momento con mi gente y con mi equipo de trabajo". Roitman e entrena en la Escuela de Alto Rendimiento de la AAT, junto con Gustavo Luza e Ignacio Asenzo, y con el preparador físico Bernardo Carberol, y participa en las prácticas de los juniors de la Asociación.
Al margen del tenis, es amante de la música, toca la batería y le gusta el rock pesado. "Tuve mi grupito a los 20, una típica banda de garage, y nada más. No me da para cantar, pero para tocar sí", dice. De las ciudades que conoció por el tenis, Roitman elige París y Praga, y de sus giras trae una anécdota: "En Banja Luka, en Bosnia, fuimos a jugar en medio de la guerra. A la noche nos pasaban los misiles por encima. Salías a la calle y veías las casas agujereadas por las balas... Eso sí que era heavy en serio".


