Roland Garros. Pelotas, clima y tensión de las raquetas: cómo los jugadores debieron adaptarse a otro escenario

Las nuevas pelotas que se utilizan en la inusual versión otoñal de Roland Garros generaron distintas opiniones; algunos, como Nadal, no están cómodos.
Las nuevas pelotas que se utilizan en la inusual versión otoñal de Roland Garros generaron distintas opiniones; algunos, como Nadal, no están cómodos. Fuente: LA NACION - Crédito: Roland Garros
Sebastián Torok
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2 de octubre de 2020  • 07:43

"No se las daría ni a un perro para que las masticara". Daniel Evans, el mejor británico del ranking (34°), no dudó en calificar así las nuevas pelotas que se utilizan en la inusual versión otoñal de Roland Garros. No le importó que las esferas amarillas que se usan este año en París sean de la misma marca que lo patrocina con raquetas (Wilson). El acuerdo de la Federación Francesa de Tenis con la compañía estadounidense, después de que fuera la francesa Babolat la abastecedora de la pelota oficial desde 2011, se convirtió en un asunto lleno de condimentos durante cada conversación. "Son una piedra", se apuró por describir Rafael Nadal, en teoría, uno de los perjudicados porque el objeto amarillo es más pesado y no toma los efectos como el anterior. Sin embargo, es la condición climática (frío y lluvia, cuando generalmente, en el final de la primavera, es con calor y clima seco) un factor aún más determinante.

En febrero pasado, durante el ATP de Buenos Aires, se jugó con las mismas pelotas que se están utilizando en el Bois de Boulogne. Y, a diferencia de lo que ocurre en estos días en Francia, no hubo quejas. Pero el torneo porteño fue en verano. Cuanto más baja es la temperatura en el ambiente, el caucho -material fundamental de las pelotas- se endurece, generando que la esfera rebote mucho menos y sea más pesada. Cuando más calor hace, la pelota se dilata y pica más. Al ponerse más dura la pelota no se deforma en el impacto con el encordado y, por ende, no toma tanto el efecto.

Con el uso, además, la pelota se despelucha, la felpa se abre y absorbe la humedad y el polvo de ladrillo, situación que ocurrió durante estos días en Roland Garros. Si hay sol y la cancha está seca, el polvo no se pega (o sí, pero un golpe lo despide de la superficie). Nadal, que fue uno de los primeros en elevar la voz ni bien llegó a París, venció al estadounidense Mackenzie McDonald el miércoles por la segunda ronda, sin tanto frío y, luego del partido, reconoció: "Es verdad que no hacia tanto frío, es una realidad; no es que esta sea la bola más viva del mundo, pero no se siente una piedra. Cuando la sensación térmica es baja sí se aprecia lo que es la pelota".

Otro tema no menor en el actual Abierto de Francia es la posición del sol, que es distinta a la de fines de mayo y principios de junio. Si ya de por sí ahora hay menos luz natural (en el final de la primavera, en París, suele resistir hasta casi las 22), los días plomizos potenciaron que las canchas tuvieran sombra durante la mayor parte del día. Jugar con sombra y cancha pesada provoca que la pelota no se caliente ni se ablande. Otra situación que no es casual es que los jugadores estén cortando más los encordados: el frío genera que la cuerda sea menos resistente. Y todavía más si se utiliza encordado de tripa natural (se necesita el intestino de dos vacas y media para un solo encordado). Las cuerdas sintéticas son impermeables.

El lunes, en la primera ronda del cuadro femenino de singles, se produjo un hecho inusual que se vincula al contexto parisiense actual: la ucraniana Katarina Zavatska, con raqueta Yonex, rompió tres encordados en menos de diez minutos, y su entrenador le tuvo que prestar la suya (marca Babolat). La 112° entró en crisis, empezó a llorar y perdió 2-6, 6-2 y 6-0 con Kiki Bertens. Con estas condiciones, la mayoría de los jugadores están utilizando menos tensión en sus encordados, con el objetivo de que la raqueta despida más. "Yo le bajé tres kilos", contó el alemán Alexander Zverev. También es, en definitiva, una forma de tratar de evitar lesiones porque el impacto es más amortiguado.

"Menos de medio gramo, o la mitad de lo que pesa el billete de un dólar", es, según el fabricante de la actual pelota oficial de Roland Garros, la diferencia con la que se utilizó entre 2011 y 2019. Jason Collins, director global de productos para deportes de raquetas de Wilson, en una charla con The Associated Press, expresó estar convencido de que el doce veces campeón de la Copa de los Mosqueteros está equivocado: "Por un lado, me pongo a decir: 'Espero que el torneo lo gane Nadal para que no se hable más'. Estoy muy confiado que cuando todo termine en este torneo, la pelota no será el legado de Roland Garros 2020".

El marketing, en estos casos, también juegan su papel. En Roland Garros 2011, cuando se inició la "era Babolat" en París, las pelotas eran "balines". Tanto que, en la primera ronda, Nadal estuvo cerca de perder con John Isner, el gigante de 2,08 metro al que le cuesta competir en polvo de ladrillo. El estadounidense llevó hasta un quinto set al por entonces número 1, algo impensado sobre superficie lenta. Un protagonista de aquel torneo le contó a LA NACION que, de inmediato, la federación francesa le pidió a Babolat que para el año siguiente cambiara la pelota y la hiciera similar a las que se habían utilizado en las últimas dos décadas, de marca Tecnifibre (de origen francés) y Dunlop (Gran Bretaña). Nadal terminó ganando aquel torneo, pese a que la pelota no era de su agrado, pero no lanzó críticas. Algunos creyeron que no lo hizo porque se trataba de su mismo sponsor de raquetas. Con los años, efectivamente, la pelota de Roland Garros fue cambiando. En ese torneo de 2011, Juan Mónaco perdió en primera ronda con el español Fernando Verdasco y criticó el cambio de las pelotas.

"Son una piedra", fue la primera queja de Nadal sobre las pelotas, antes de debutar en Roland Garros; luego reconoció que, con menos frío, son más jugables.
"Son una piedra", fue la primera queja de Nadal sobre las pelotas, antes de debutar en Roland Garros; luego reconoció que, con menos frío, son más jugables. Fuente: AP

El argentino Francisco Yunis es uno de los entrenadores más felices en Roland Garros. Su pupilo, el alemán Daniel Altmaier (186°), nunca había jugado un main draw de Grand Slam, pero en París superó la qualy y ya escaló hasta la tercera ronda. Ex coach de Carlos Berlocq, entre otros, Yunis tiene una teoría con respecto a la polémica sobre las pelotas. "La de ahora es una pelota muy buena, que se siente mucho. Puede ser que sea un poquito más pesada. Pero los campeones, los que siempre están arriba, especialmente en los Grand Slam, tienen la habilidad para adaptarse a la pelota cambiando un poco la tensión, haciendo algunos ajustes en los golpes. Puede ser que la otra pelota picara más que la actual, pero esta es una pelota que se siente mucho en la mano. Hace varios años yo estaba en Montecarlo con Berlocq y se jugaba con la Dunlop Fort, que era más pesada que esta de París, los buenos se adaptaron y llegaron a la final los de siempre. No hace falta decir quién ganó el torneo (sonríe). Pasa un poco por la confianza con la que estén los jugadores, si se quejan o no".

Yunis pone a Altmaier como ejemplo: "Hace tres semanas jugamos un challenger en Cordenons, a él le fue bastante bien, hizo semifinal, se jugaba con esta misma pelota de Roland Garros y puso menos tensión. Llegamos al torneo siguiente, en Aix en Provence, se jugó con pelotas Tecnifibre, tuvimos que subir dos kilos de tensión porque la pelota era más viva, se acomodó y también le fue bien: tuvo que abandonar en la semifinal por un tirón en el aductor. Nos quedamos haciendo fisioterapia, llegamos acá a París, otra vez a jugar con la pelota de Cordenons y volvimos a hacer el ajuste. Él, a su nivel, hizo los cambios y se adaptó, ganó. Si tenés ganas de adaptarte y predisposición, lo lográs".

Tecnifibre, Dunlop, Wilson y Babolat, los tubos de los últimos cuatro modelos de pelotas de tenis utilizados en el Abierto de Francia.
Tecnifibre, Dunlop, Wilson y Babolat, los tubos de los últimos cuatro modelos de pelotas de tenis utilizados en el Abierto de Francia. Crédito: Gentileza Luis Pianelli

En la gira de polvo de ladrillo, Córdoba, Santiago, Montecarlo, Barcelona, Hamburgo, Madrid y Roma se juegan con pelotas Dunlop. Río, con Head. Gstaad, con Tecnifibre. Buenos Aires y Roland Garros, con Wilson. El feeling con las pelotas es muy personal de cada jugador. Leonardo Mayer, por ejemplo, ganó dos veces Hamburgo, cuando se jugaba con Tretorn, pelotas de origen sueco que son más duras que las que se usan en los otros torneos, pican más y se convierten en verdaderos escopetazos cuando salen despedidas. Con el cambio de pelota en el certamen alemán, al Yacaré ya no le fue tan bien.

Diego Schwartzman, el mejor sudamericano del ranking individual de la ATP, amplió, ante LA NACION: "No soy un jugador que analice mucho las pelotas, para ser sincero, ni que me vuelva loco por ese tema. Pero creo que lo que más hace sentir que la pelota sea de esa manera como dijo Rafa [Nadal] y mismo uno que también nota que hay que pegarle muy fuerte, que se vuelve muy grande y pica poco, son las condiciones del clima. No es típico jugar al aire libre con lluvia todos los días y con frío para el deporte. Eso hace que la pelota y las circunstancias se noten más. Esperaría a que salga el sol y se pueda analizar la pelota en dos situaciones distintas, en un día feo y en otro que las condiciones sean más rápidas".

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"Hace más de 30 años que estoy en el tenis. La pelota de Wimbledon, la Slazenger, ahora es pesada y por eso los partidos se juegan de fondo, algo que antes era impensado en pasto, cuando se hacía saque y volea. Hoy hacés saque y volea y te pasan por todos lados. El jugador siempre tiene dolores y las lesiones pueden aparecer todo el tiempo", añade Yunis. Un detalle: el equipo argentino de Copa Davis, en los últimos diez años, actuó de local sobre polvo con pelotas Wilson Australian Open, casi el mismo modelo que la actual en París, y no se oyeron quejas. En Roland Garros, la organización añora que desaparezcan las nubes, se luzca el sol y las pelotas se vuelvan más amigables.

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