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Las promotoras, agrupadas en fila, una al lado de la otra, forman un pasillo en el ingreso en el Buenos Aires Lawn Tennis Club. Pasar por debajo del cartel que anuncia la Copa Argentina y aceptar esa imaginaria invitación de las chicas significa adentrarse en un mundo que combina deporte -en definitiva, el motivo por el que todos están aquí-, paseo, distracción, compras y un ambiente que, según el sitio que se recorra, puede ser popular o súper exclusivo, pero que indistintamente tendrá un sabor familiar.
Con ese espíritu, este certamen de exhibición marca un punto alto en cuanto a oferta de espectáculos y cierra un mes en el que se hicieron diversas reuniones de este tipo.
Casi 30 carpas, en donde diferentes marcas promocionan sus productos, encierran un amplio patio en el que la gente puede sentarse a comer o a tomar algo, o bien aprovechar esa especie de centro comercial al aire libre para aprovechar algunas oportunidades. Aquí es posible hacerse un nuevo corte de pelo, probar suerte en un juego de tenis o conseguir la firma del mejor tenista argentino de la historia, Guillermo Vilas, que se dio una vuelta por el stand de Head, pero no pasó por el court central. O bien se puede llegar en traje y salir vestido de jugador, con raqueta, raquetero y hasta toallones para después de transpirar, algo que bajo el sol de los primeros días fue inevitable. Pero, a falta de una ducha, las jornadas nocturnas le dieron al público un buen respiro.
Lo que no cambia es que, con calor o la brisa fresca de la noche, todos los puestos que están debajo de las tribunas -cinco de hamburguesas, uno de comida china, tres quioscos, dos cafés, dos heladerías y cuatro stands de ventas de gaseosas y agua- siempre están a full.
Los que no sufren el calor son los invitados VIP, quienes cuentan con un ingreso exclusivo que lleva directamente a una carpa con todas las comodidades. Allí, la gente puede disfrutar de una copa de champagne o vino, tomar un café, un té o una gaseosa; comer sándwiches o deliciosos scons. Y también puede elegir entre servirse a gusto o sentarse en mullidos sillones mientras las mozas acercan el catering.
En medio del gran salón, un lujoso auto de la marca que es auspiciante principal del torneo es un silencioso testigo de la hora pico: entre las 20.30 y las 22 se sirve la cena y entonces el lugar explota. Las conversaciones sobre las últimas inversiones o las reformas hechas en la chacra de Punta del Este se mezclan con la música de jazz, mientras se pasean los platos de pastas o las cazuelas de pollo con champignones.
Pero hay más exclusividad aún en este torneo que, sin temor al equívoco, tiene ritmo de torneo de ATP o de Copa Davis. Debajo del palco de honor hay un segundo VIP, más íntimo, para los jugadores e invitados especiales, como Valeria Mazza y su marido, Alejandro Gravier, o Diego Maradona, íntimo amigo de Luis Lobo -junto con Pier Squillari es responsable del Grupo NOS, organizador del torneo-, que tiene su propio espacio dentro del recinto.
Todo se desarrolla en un ambiente ameno, y con el respeto y la buena atención de todos quienes tienen que ver con el orden, desde los hombres de seguridad hasta los acomodadores. Así es la Copa Argentina de tenis, el certamen de exhibición que se realiza por tercer año consecutivo en la Catedral de este deporte en nuestro país, y que apunta a convertirse en una cita ineludible de cada fin de año.
