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Del Fuerte Apache a La Boca. Carlos Alberto Tévez, uno de los máximos goleadores de las divisiones inferiores de Boca, el mismo que Mauricio Macri define como "el sucesor de Martín Palermo, nació y vivió toda su vida en el barrio Ejército de Los Andes, en medio de la violencia y la marginalidad social. La oscura fama del lugar no le pesa. "Yo sigo y seguiré enamorado de lo que fue y es el Fuerte Apache, porque parte ya no queda por la demolición de algunos nudos -así llaman a los monoblocks-. Mi infancia fue inolvidable. Me gustaría volver en el tiempo y vivirla de nuevo. No me importa lo que digan de ese lugar", afirma.
Junto a su padre, Segundo; su madre, Adriana, y sus hermanos, Diego, Miguel, Ariel y Débora, aprendió a amar el nudo 1, donde quedaba su departamento -ahora vive en una casa que le alquiló Boca, en Villa Real-; a las paredes despintadas y corroidas por la humedad, y a su querido potrero, el mismo que le permitió desarrollar sus cualidades para estar en Boca y en el seleccionado Sub 17 que disputará el Sudamericano en Perú. "Yo ni aparecía en mi casa. Con mi equipo, la Estrella del Uno, jugábamos contra los demás nudos y nos matábamos para ganar una Coca-Cola y un sandwich. La patada más chica te llegaba al cuello. Pero bueno... Todo por el morfi", cuenta.
Así es la historia de este Nº 9 que, al igual que Carlos Bianchi, comenzó a forjar sus dotes de goleador en el Club Villa Real, ubicado en la calle Tinogasta. Hoy, a los 16 años, es uno de los máximos artilleros de las divisiones inferiores de Boca. "Espero ser un goleador nato como Bianchi, aunque a mí me comparan un poco más con el físico y cosas del Beto Márcico. Me ven como una promesa, pero trato de no quemar etapas."
Hace algunos meses que la familia Tévez abandonó el Fuerte Apache, pero la rutina no cambió: su padre continúa con el trabajo de albañil y su madre criando a sus hermanitos. "A mí no me costó irme, porque hace tres años que me la paso más en Boca o en el seleccionado juvenil, pero a mi familia sí". Y agrega: "Mis amigos del Fuerte Apache no me extrañan tanto, porque como mi novia, Micaela, vive allá, además de mis tíos y mis abuelos, paso siempre y me dicen: cuando estés arriba no te olvides de los pobres. Y yo les contesto: jamás me voy a olvidar del Fuerte y de mis raíces".
El joven crack pisa la misma cancha de baby fútbol en la que Bianchi, allá por los años 50, solía hacer de las suyas, y se rasca la gran cicatriz que tiene en su cuello, mientras posa para las fotografías. "¿Viste cómo quedé por travieso? Cuando tenía diez meses, gateando, me tiré encima una pava con agua hirviendo y me quemé vivo."
Pero eso no es todo. "Tengo un diente partido -se señala la paleta-, gracias a la hermana de mi novia, Luciana. Y en la mano, jugando para Villa Real, en Chascomús, quedé trabado en los ganchos del arco y me la corté toda. Je, je", recuerda con una sonrisa.
El delantero, que se define poco veloz, pero con un pique corto letal y una definición casi perfecta, muestra con orgullo las fotografías que tiene con Palermo, Guillermo Barros Schelotto y Juan Riquelme. "Román es el mejor, más que Aimar y Saviola juntos", asegura.
Aunque siempre llevó la camiseta de Boca en la sangre, por una cuestión de familia, comenzó a identificarse con los colores xeneizes en 1991, con el equipo de Batistuta y Latorre. "Mi viejo me llevaba en andas a la tribuna donde se ubica La 12, pero íbamos a un costado", aclara.
Rubén Madoni fue el descubridor, el que lo llevó de All Boys al Club Parque. "Les costó llevarme, pero es imposible decirle que no a Boca."
El cartel del Fuerte Apache no le pesa. "Si alguna vez me descriminan mal, les diré que viví en el lugar más lindo del mundo. Mis compañeros me preguntan: ¿che, no es peligroso? Hay que vivir ahí para opinar. Lo veo y siento amor, palpo la pobreza que hay. Sólo hay que levantarse a las seis de la mañana y ver todas las personas que van a conseguir laburo, changas. Van con el sándwich bajo el brazo, como mi viejo, y se rompen la espalda para traer un poco de pan a la casa", cuenta, pero enseguida aclara: "Reconozco que en Fuerte Apache la violencia arrasaba con todo, pero ahora pasa en todos lados. Ahí roban muchos, porque los domina la desesperación por el morfi u otra cosa -evita la palabra droga- y se zarpan. Vi muchas cosas de ésas".
Hace pocas semanas que en el Fuerte comenzaron a quedar algunos esqueletos, producto de la demolición de algunos edificios. "Me partió el alma ver cómo lo destruían. Ahora sólo quedan once nudos. ¿Sabés lo que es que te saquen de tu hogar? Es como si te arrancaran la vida. Y te quieren conformar con 22.000 pesos, que no te alcanza para nada", dice, con lágrimas.
Hoy, Tévez, sin olvidar el pasado, acumula más de 70 trofeos logrados en su corta carrera. Todos esperan que sea ídolo de Boca, aunque a él sólo le gustaría volver en el tiempo y jugar al fútbol con Zapata (Capocha), el Chueco (Diego, su hermano), Eduardo, Pajarito, Mauricio (el primo), Cabañas y Pichela en el potrero del Fuerte Apache.



