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RIO DE JANEIRO.- Hay un argentino que se llama Achten, pero antes fue alemán y se apellidaba Weber. Hay otro argentino, que no para de llorar pensando en su hijo de tres meses, en las lesiones, en los años sin medallas. Y hay otro argentino con cara de nene y talento para ilusionarse. Son tres, pero son más que individualidades. Son un grupo, el de sable por equipos de la Argentina. Y se juntan en ese corralito, que contiene las emociones de un deporte otrora tradicional en nuestro país. Ahora son etapas de retraimiento de la actividad, y por eso se celebra tanto esa medalla de bronce que consiguieron Alexander Achten, Diego Drajer y Ricardo Bustamante, pero que todos en la esgrima sienten como propia.
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El equipo, claro, encierra muchas historias. Acaso la más interesante sea la de Achten, que vio la luz de este mundo por primera vez en Alemania, pero cuya biografía empieza a escribirse en La Plata. Sus padres, Rodolfo y María Mercedes, son argentinos. Pero como tantos otros, a mediados de 1977, eligieron partir hacia nuevos rumbos, con menos violencia, con más futuro. Se fueron con dos hijos y Alexander en la panza de Mercedes. Llegaron a Friburgo, donde Rodolfo (de apellido Weber) tenía parientes. Y allí forjaron su nueva vida.
Pero si siguieron la sangre de los Weber para elegir la residencia, Mercedes se impuso en la pasión deportiva. Tiradora, les inculcó a sus hijos la afición por la esgrima. El más chico le salió talentoso. Y se metió de lleno en la actividad, hasta incorporarse al centro de entrenamiento olímpico de Alemania. Y en Sydney 2000, Alexander Weber ganó la medalla de bronce en sable por equipos. Fue un logro histórico para ese país, sin tradición en esa arma. "El equipo se fue desarmando. Uno empezó a tirar para Tailandia, y ya nada fue lo mismo", explica Alexander, en buen español. Lo cierto es que hace dos años se tentó por la tarea que hacía su compañero tailandés en aquel país asiático para difundir el deporte. "Y me dije que podría hacer lo mismo con el país de mis padres." Así fue como entró en contacto con dirigentes de la federación de nuestro país y ahora compite por la Argentina.
Lo que no se entiende es por qué el cambio de apellido. "Me casé el año pasado, y en Alemania hay una ley que dice que yo puedo elegir si me quedo con mi apellido, con los dos o con el de mi mujer. Y decidí usar el de mi mujer. Lo que pasa es que en Alemania es muy común el apellido Weber. Fue por razones de identidad", es la extraña explicación de Alexander, de 29 años. "En el comienzo es duro. Ahora voy a torneos, ven el apellido Achten y LA NACIONalidad argentina y no me conocen más." Lo cierto es que ahora tiene una nueva identidad. Y la defiende con éxitos, como alguna vez lo hizo por Alemania. Con la satisfacción de que está trabajando por el país de sus padres.
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Diego Drajer llora con una intensidad que asombra. Se abraza con todos, se sienta en el piso, se restrega los ojos para secarse, pero enseguida se larga a llorar otra vez. Llora por todo lo que le dio este 2007. Hace tres meses, fue padre por primera vez. Cuenta que Lorenzo no lo deja dormir mucho, pero lo dice con la alegría que esconde todo padre en esa queja. Llora por lo que consiguió aquí y no se le daba desde que participó por primera vez en unos Panamericanos, en Mar del Plata 95. Y llora por esa lesión crónica que tiene en la mano izquierda, que no lo deja tirar con comodidad desde hace dos años. "Son muchos años, muchos torneos, muchas frustraciones". Las frustraciones, empero, no son sólo suyas. Son las de este deporte en general en los últimos años. Que para encontrar la última medalla en un Panamericano debe retroceder a Winnipeg 99, donde sólo consiguió una (Elida Agüero, en espada individual). Y porque la última vez que se había ganado una medalla en sable fue hace 28 años, en San Juan de Puerto Rico 79, también bronce por equipos. Pero la esgrima masculina venía más golpeada. En los últimos Juegos Odesur, por ejemplo, no sumó medallas. Y por eso el desahogo de todos ahora. Por esa medalla construida por mucho más que tres individualidades.
46 son las medallas de esgrima que ganó la Argentina en los Panamericanos, por lo que figura 3° en el ranking por países. Pero 37 las ganó en las primeras ocho realizaciones (1951 a 1979).

