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Los caballos de carrera están en los genes de Vando Villamil, pero llegaron a su vida en la adultez, cuando descubrió que lo apasionaban. Como la actuación, tras haber estudiado arquitectura y piano, pensando que sería músico. Por eso, aunque pertenece a una familia ligada al turf hace décadas, sostiene: "No somos demasiado conscientes de lo que significa este clásico". Se refiere al Jockey Club, la única de las grandes carreras que le falta ganar a los Villamil. Se corre pasado mañana, en San Isidro, donde estará Dinástico Vision, el potrillo que es "un proyecto de amigos". De ahí a que el actor hable en plural cuando describe las expectativas para el segundo paso de la Triple Corona.
"Esta es una semana que se vive con más diversión que nervios. Cada noticia que recibo del caballo implica hacer cuatro llamadas para compartirla con los socios. Además, levantarse a las 5 de la mañana para ir a verlo entrenar es algo que nunca imaginé que podía pasar. A mi mujer ya la tengo loca", dice, sonriendo. Quedan claras las sensaciones al escucharlo, minutos después de haber sido el propio Villamil el encargado de elegir la gatera 7 que ocupará su potrillo.
Vestido de jeans y camisa, Vando, de 55 años, llegó a la ceremonia bastante antes del comienzo y se quedó hasta mucho más allá del final. Como en su profesión, le puso el cuerpo a lo que crea el clima de una carrera única, la más añeja del calendario argentino. Dinástico Vision termina de ser segundo de Blues Traveler, el favorito. Antes, había llegado tercero, cuando perdió el invicto luego de un debut deslumbrante. "Cada vez está más cerca y parece que por la línea materna es para correr más distancia", revela, buscando señales que permitan soñar con la revancha. Ahora serán 2000 metros.
Cada noticia que recibo del caballo implica hacer cuatro llamadas para compartirla con los socios. Además, levantarse a las 5 de la mañana para ir a verlo entrenar es algo que nunca imaginé que podía pasar. A mi mujer ya la tengo loca
Vando relata cómo Dinástico Vision llegó a él y sus amigos: "Fue cuando algunos nos quedamos sin edad para jugar al fútbol y nos pusimos a pensar qué podíamos hacer. Y surgió, entre las opciones que se nos ocurrieron para agregar condimentos a la vida, apuntar a los caballos. Tres habíamos tenido uno hace como 25 años y nos había ido bien: ganó seis carreras". El espíritu de Mío Bambino se potencia hoy con Dinástico Vision y Just for Me, el otro que compraron y ganó la única vez que corrió.

"Los resultados son bárbaros. Vamos a los ensayos, compartimos asados y hasta alguna borrachera; la pasamos bien. Con Juan Udaondo, el entrenador, nos conocíamos de jóvenes", asegura Villamil, para confesar que el destino quiso que el potrillo llegara a sus manos: "Nuestro asesor llegó tarde a un remate para comprar uno que nos gustaba y al final eligió a Dinástico Vision en otra subasta". No bucea en detalles, pero con una larga sonrisa descubre: "Al potrillo que fuimos a buscar no le ha ido bien, así que salimos ganando".
Cuando ganó en San Isidro, a Villamil se lo vio en la foto con Boy Olmi, Carola Reyna y Carlos Santamaría, entre otros. "Algunos colegas se entusiasmaron y quieren involucrarse. Está lindo. Cada vez que corremos venimos en barra. Si ganamos, porque los astros nos acompañan, va a temblar la tribuna", imagina quien protagoniza en teatro Cartas de la ausente, junto a Daniel Fanego. Y sueña, lógicamente: "Ojalá que al terminar la función podamos ir a festejar".
Vando Villamil fue uno de los argentinos que participó de la película Evita, interpretada por Madonna. Su papel fue el más relevante de los actores nacidos en nuestro país. ¿De quién? Le puso el cuerpo al sindicalista Cipriano Reyes.

