Coronavirus. El turf argentino arma protocolos para volver a correr pero necesita un "respirador tecnológico"

En jornadas normales, San Isidro tiene a cientos de caballos en sus pistas entrenando; una buena parte de sus recursos provienen de la Ley del Turf
En jornadas normales, San Isidro tiene a cientos de caballos en sus pistas entrenando; una buena parte de sus recursos provienen de la Ley del Turf Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk
Carlos Delfino
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24 de abril de 2020  • 08:17

Toda una paradoja: al turf argentino, que observa sin que le afecte directamente cómo la maquinaria avanza sobre múltiples industrias, hoy no le alcanza con un protocolo para sobrevivir al coronavirus. Necesita que se aprieten varios botones y reinventarse para cuando pueda reanudar la actividad. En realidad, la pandemia dejó al desnudo el subdesarrollo en un área vital: la tecnología para las apuestas. En la Argentina, a diferencia de varios países de la región y de lo que es moneda corriente hace décadas en el primer mundo, no existe el juego online. Y eso, en pleno aislamiento, obliga a mantener las gateras cerradas porque, sin juego, no hay carreras.

Otra particularidad: los minutos de competencia son el último escalón de una extensa cadena productiva en la industria, pero como es lo más visible o ruidoso aparece primero en escena a los ojos de los que ven sólo el final de la película. "Las reuniones hípicas que se desarrollan en nuestro país son verdaderos acontecimientos, el corazón de la actividad. Miles de personas se reúnen para entretenerse en jornadas de auténtico esparcimiento al aire que, cada vez en mayor medida, incluyen a familias enteras", explicó Oscar Castillo, que fue gobernador de Catamarca entre 1999 y 2003. Desde entonces, es senador nacional por esa provincia, por el Frente Cívico y Social.

La Argentina es el cuarto productor mundial de caballos purasangre y gran parte del trabajo se desarrolla en los campos
La Argentina es el cuarto productor mundial de caballos purasangre y gran parte del trabajo se desarrolla en los campos Crédito: Facebook Haras Juan Antonio

Su exposición llegó a la Cámara de Senadores en forma de proyecto de comunicación que permita instrumentar las plataformas digitales y así, mientras dure la pandemia y cuando se flexibilice la cuarentena, el turf pueda potenciar los ingresos que salvaguarden su existencia. "Este punto es vital. La cadena de producción involucra a miles de personas de manera directa e indirecta, y sin competencia, los puestos de trabajo se ven amenazados ante la paralización", amplió, alarmado por la parálisis que sufre uno de los motores más grandes del país, pero sin pistas oficiales en su tierra. "De buenas a primeras estamos atravesando una mutación radical en nuestra manera de vivir, es cierto, y no sabemos cuáles hasta cuándo ni cómo serán las consecuencias. Pero estamos hablando de más de 370.000 puestos, de los cuales más de 80.000 se desempeñan en establecimientos hípicos", expuso ante el Senado, en tiempos de videoconferencias, guías que comienzan pasándose entre bloques y reuniones de comisión en las que no se vota, porque no está sesionando el Congreso. La lista de oficios que mencionó lleva varios minutos leerla y se podían seguir añadiendo.

"Para tener un panorama más completo de lo que está en riesgo, puede ser útil poner a la industria hípica en relación con el resto de las producciones agrícolas de nuestro país. Observaremos que, en 2017 por ejemplo, representó el 10 % del Producto Bruto Agrícola argentino. En términos fiscales, esto supuso una fuente de ingresos de alrededor de 1200 millones de pesos, sin contar las ganancias que representan las ventas al exterior de los caballos, área en la que también la Argentina tiene un importante margen de desarrollo", contextualizó Castillo, que a los 66 años está en el denominado grupo de riesgo, como tantos otros que trabajan en la actividad y deberán seguir evitando salir de sus casas. Pero, el turf argentino y esos trabajadores, ¿pueden sobrevivir así?

Palermo, un hipódromo con salas de tragamonedas propias, generó su propio protocolo este jueves
Palermo, un hipódromo con salas de tragamonedas propias, generó su propio protocolo este jueves Fuente: Archivo

"No sabemos las dimensiones de esta enfermedad y hasta cuándo será. Evitar toda aglomeración constituye a la vez un acto de responsabilidad sanitaria como una obligación ética. Este remedio, sin embargo, impacta de lleno en el turf, porque las reuniones hípicas son el principal sustento económico. Sin las apuestas, la supervivencia y los puestos de trabajo no serán posibles. Pero la industria hípica, insólitamente, aún no ha podido poner en funcionamiento las apuestas digitales, que permiten su realización de modo remoto y evita la necesidad de concurrir en situaciones como la actual", subrayó Castillo. De hecho, hace tiempo parte de la actividad se esperanza en ello y zigzaguea entre leyes nacionales y provinciales incompatibles. "Las autoridades provinciales deberían autorizar e instrumentar esas plataformas para la lucha por la supervivencia que tiene que dar la actividad hípica nacional", propuso el senador, como variante. Lo suyo es un instructivo para sus pares, muchos de los cuales desconocen la mecánica.

Oscar Castillo, de Catamarca, y Lucrecia Egger, de Azul, involucrados en la problemática del turf
Oscar Castillo, de Catamarca, y Lucrecia Egger, de Azul, involucrados en la problemática del turf

Casi en paralelo, otra senadora, Lucrecia Egger, presentó su propuesta en el ámbito de la provincia de Buenos Aires. Su foco también está puesto en las fuentes de trabajo y focaliza en la idea de "sostener la estructura funcional" y uno de los caballitos de batalla de la actividad: "Representa un resorte esencial de la economía rural y la característica más destacada es su necesidad de mano de obra intensiva, que afortunadamente no puede ser reemplazada por medios tecnológicos".

Egger es de Azul, donde funciona uno de los hipódromos que más activo se mostró por sobrellevar el momento. Allí, enseguida se instaló un protocolo rígido para los movimientos internos, se generó una colecta –con un fuerte apoyo de la Unión de Trabajadores del Turf y Afines (UTTA)– para los que viven de la industria al día y se decidió que "hasta tanto no se reactive la actividad no se cobrará el pago de los boxes y el derecho de pista". La última carrera allí fue el 15 de marzo, ya sin espectadores ni apuestas ni transmisión. Junto con Tandil, Dolores, La Plata (con administración estatal) y San Isidro, cuyas tesorerías están cerradas al menos hace más de un mes y tampoco realizan transferencias de pagos, conforman el grupo de escenarios que reciben una subvención mensual que la Lotería toma de las ganancias de los bingos, por una Ley de 2004 que la ex gobernadora María Eugenia Vidal congeló en 2018 y cuya deuda ya supera los cuatro meses. Es decir, hay desde peones y jockeys hasta propietarios que no ven un centavo desde diciembre.

Palermo pertenece a otra jurisdicción y se abriga a las ganancias de las tragamonedas de sus subsuelos, también hoy cerrados. Difundió en la tarde del jueves su protocolo. "Resulta de vital importancia declarar en emergencia económica a la industria, que concentra su mayor porcentaje de producción en Buenos Aires", amplía Egger, que elaboró el pedido junto con el Jockey Club local y la Municipalidad de la ciudad. Aquella última jornada se hizo de manera atípica para cumplir con la fecha mensual obligatoria por ley. En esa provincia, por ejemplo, nacieron el 70% de los 6238 purasangres en 2019, según consigna el Stud Book Argentino. Es uno de los graneros del mundo, ya que nuestro país es el cuarto productor.

Tanto Castillo como Egger no tienen cuna en el turf. Oscar creció en una provincia de cuadreras, asegura que nadie le hizo ninguna propuesta hípica en los cuatro años que fue gobernador y se interesó en la actividad después de las mil historias que le contaron hace tiempo el fallecido ex gobernador de Río Negro, Pablo Verani, criador y propietario de caballos, y el ex senador misionero Mario Losada. "Teníamos mucha empatía. Verani me hizo conocer algunos haras", recordó telefónicamente a LA NACION. A Lucrecia, admite, la atrapó "el costado social, la mano de obra, la inclusión", le dijo al programa radial El Derby.

A la sombra de todo el entramado legal, tecnológico y político, los caballos siguen galopando y son asistidos a diario por el personal que quedó autorizado en cada caballeriza de cada hipódromo. Los patrones, ante la obligación de continuar afrontando costos sin ganancias posibles ni cobros pendientes a la vista, se espantan. En Uruguay, el Gobierno ya informó que "el turf será el primer deporte que volverá a la actividad". Ya hubo tres reuniones entre los gremios y el Ministerio, pero resta pulir detalles organizativos antes de poner fecha al regreso. Un ejemplo cruzando el Río de la Plata, con la tecnología sumada hace años. En Brasil, en Cidade Jardim, San Pablo, siguió corriéndose sin público; en Cristal, Porto Alegre, vuelven las carreras este viernes, sin espectadores, y Gávea, en Río de Janeiro, las anuncia para el primer fin de semana de mayo.

En la Argentina, cada cual ensaya su protocolo, para volver a hacer carreras en horarios diurnos con el ingreso permitido a los empleados claves, los protagonistas y un estricto distanciamiento. En varios hipódromos de Estados Unidos y Asia, por ejemplo, la actividad continuó, con similares reservas. Desde San Isidro, donde los entrenadores reclaman por la apertura de las mejores canchas de entrenamiento, ya se hizo público, con detalles minuciosos, como por ejemplo la separación que habrá entre cada armario en el vestuario que comparten las decenas de jockeys y que no aceptará hacer la tradicional foto de los ganadores. Además, trascendió que están trabajando en una plataforma y que habilitarán más líneas telefónicas. Mientras tanto algunas entidades, como Propietarios, hacen foco en la docencia para instruir a los gobernantes, casi como trabajo de hormiga, y otros actores buscan unirse para conseguir reducciones de impuestos, como propone el plan de reactivación de la Cámara de la Industria Nacional Equina (CAMINE).

En casos, "condicionan preocupantemente la reactivación a la sola ayuda estatal y a la precarización de los trabajadores del sector", según alerta en un comunicado la UTTA, con potestad en los hipódromos del interior, los más golpeados y con menos recursos, pero con la pasión y solidaridad como vacuna ante todos los males. Tucumán, por el apoyo de la Caja Popular, tiene un comedor abierto de lunes a viernes para los que trabajan en esa villa hípica y se ha sumado el cobro de un beneficio mensual. Muy cerquita, en San Juan, todo es alarma por la falta de recursos y desesperación. "Tenemos miedo de que el hipódromo termine siendo loteado como pasó en otras provincias", revelaron algunos entrenadores, que se ven frecuentemente obligados a llevar sus caballos a correr a San Luis o Córdoba, donde la desidia ya se cargó algunas hectáreas hípicas y centenares de empleos.

Ajeno a todos, un grupo experimentado que incluye veterinarios, criadores y propietarios apeló a la unión y se organizó por Zoom para que el protocolo vaya más allá de la formalidad del aislamiento, sino en lo operativo. "Como los premios van a ser más bajos, propusimos una reducción de honorarios en la cadena para alcanzar costos razonables. En forma gradual, con transmisiones por YouTube, Facebook y otras plataformas, apelar a un canal más accesible, con categorías más atípicas e, incluso, por sumas ganadas. Y que de manera temporaria, se divida por partes iguales el 26% que le queda al hipódromo, en lugar del sistema actual, donde un 9% va para premios y el 17% le queda al organizador. Al Estado no le pedimos plata, sino que nos deje funcionar", resumió Mario López Oliva. Se presentó hace 10 días, pero no tuvieron ninguna respuesta. Es otra pandemia dentro del coronavirus.

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